A diáspora que nos virá

Comezo unha nova columna, en Luzes de Galiza. Quinto Elemento.

A diáspora que nos virá

Xa non se leva denunciar a situación das persoas refuxiadas que seguen sufrindo igual que hai un ano, e case que dous, porque alguén decidiu que xa non son noticia. Porén, o terrible inverno setentrional resulta devastador para milleiros de seres humanos atrapados en novos campos de concentración ás portas da Unión Europea, protagonistas dunha nova diáspora que responde ao concepto da transmigración, definida nos dicionarios como a emigración a outro país, especialmente de todo un pobo ou de gran parte del.  En setembro cumpriuse o prazo de dous anos que a UE preveu para que os Estados membros se fixesen cargo de 160.000 refuxiados, pero só foron reubicados e reasentados algo menos de 28.000. Destes, tan só once son os que Galicia foi quen de recibir. E non por falla de fondos pois segundo o Consello Europeo de Relacións Exteriores (ECFR), dos 6.000 euros que a UE dá por persoa e ano, o custe real de acollida dunha persoa refuxiada entre nós é de 3.300. Pero nin así…

Tampouco se leva falar doutro andazo, o dos lumes que cabalgan apocalípticos, pero só hai que viaxar polos territorios queimados en outubro pasado para que nos saian ao paso fantasmagóricas arbóreas calcinadas, coma zombis en pé, reclamando non ser esquecidas en quilómetros de fragas carbonizadas… E como esquecer as consecuencias dos lumes de hai un mes, en California, que asolaron unha superficie equivalente ao estado de Nova York. Ou ignorar a advertencia recibida nun recente informe da Universidade de Oxford de que para 2050 haberá millóns de transmigrantes por mor do cambio climático. Pero xa non é noticia.

Non está de moda reparar nos dereitos humanos. Nin nos de sempre, nin nos novos, como os medioambientais. E porén, se de algo podemos estar certos é de que entre as futuras vagas de transmigrantes climáticos que se aveciñan estarán os nosos descendentes e Galicia será, máis unha vez, terra de Diásporas. Podemos elixir entre que nos sigan baleirando a cabeza e nos reprogramen a vergonza, ou esforzarnos en manter os ollos abertos e a mente clara. Mesmo sabendo que o que máis gusta por aquí é identificarse coa consigna daquel supermercado que asegura saber en que consiste vivir como galegos.

La pasión turca

https://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2016/07/29/pasion-turca/0003_201607G29P13994.htm

La Voz de Galicia. Habitación propia. Opinión

María Xosé Porteiro

29/06/2016

La pena de muerte volverá a Turquía, pese a los gestos reprobadores de los amigos europeos y de los aliados de la OTAN, porque «lo pide el pueblo». No duda de que tiene toda la legitimidad, al fin y al cabo, desde el pasado 20 de marzo, Erdogan es el paradójico zorro encargado por Bruselas de guardar el gallinero de la frontera europea con Oriente Próximo. Pero «los gobernantes europeos no son sinceros», se queja, porque de los tres mil millones de euros que le prometieron «para la atención de los refugiados», solo le han llegado algo menos de dos millones. Debe de temer que se reviva la historia de Escipión y Viriato, cuando el cónsul romano se negó a pagar la recompensa prometida a los asesinos del guerrero lusitano porque Roma no paga traidores. Tal vez sospeche que la autoría intelectual del crimen no importa cuando la norma pasa de inmoral a ilegal.

Eso debieron pensar los jefes de la UE respecto al oscuro acuerdo que pasó a la historia como viernes de la vergüenza, porque hoy apenas pestañean ante el explosivo escenario abierto en los confines orientales del imperio. Como mucho, avisan a Erdogan de que si sigue promoviendo la pena de muerte nos vamos a pensar si continuamos negociando la entrada de su país en nuestro club. A buenas horas… Turquía continúa su deriva totalitaria y fundamentalista, donde los derechos humanos son acorralados y sometidos a tortura por un poder con las manos ensangrentadas.

Pero no solo la UE está resultando inútil a la hora de gestionar las relaciones con Ankara. En el 2007 la ONU asumió el proyecto denominado Alianza de Civilizaciones «para la cooperación antiterrorista, la corrección de desigualdades económicas y el diálogo cultural». Antes de ser asumida por la ONU, esta propuesta, realizada en el 2004 por el presidente español Rodríguez Zapatero, fue firmada por Recep Tayyip Erdogan. A su paso por la ONU fue ratificada por otros veinte países de Europa, América Latina, Asia y África, por la Liga Árabe e incluso obtuvo el apoyo explícito de EE.UU. No ha pasado ni una década cuando esta idea está más lejana que nunca.

Estamos en manos de una pandilla de inútiles, incapaces de prever, y ahora de contener, la desestabilización y la inseguridad que provocó, entre otras cosas, la invasión de Irak a principios de este siglo. Seguimos recogiendo la cosecha que entonces se sembró y los pueblos, más que nunca, vagamos, abandonados a nuestra suerte.

Gracias por nada

https://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2016/04/22/gracias/0003_201604G22P18992.htm

La Voz de Galicia. Habitación propia. Opinión

María Xosé Porteiro

22/04/2016

¿Dónde está el límite de nuestra resistencia ante el horror? En esta fría primavera de un siglo XXI adolescente, somos espectadores en tiempo real del Gran Hermano instalado en un campo de concentrados en huida hacia la nada. Empaquetaditos. Amputados los miembros y los torsos en porciones. Solo así saldrán de Idomeni los desposeídos hacinados en barrizales de miedo y muerte. Así los dejaremos por fin partir, con el pasaporte burocráticamente sellado, hacia un peor infierno. Con pólizas que acreditan que consiguieron pisar tierra europea donde ciegos desalmados les hemos abierto las puertas hacia el cielo en el que se almacenan los mártires.

Pero no era Europa. Es Saturno devorando a sus bastardos hijos orientales. O tal vez sea Jack, «el civilizado destripador», quien campa a sus anchas por los alambres y las telas desgarradas de las tiendas. Jirones de infancia tapizan los caminos. Escatología política. Pornografía de la tortura legalizada en los despachos de Bruselas. Sadismo en la indiferencia de la ciudadanía.

Mientras tanto, aquí y ahora, en el extremo occidental de Europa, nos sabemos parte de los pueblos blancos, cristianos, laboriosos, racionales, y comulgamos frente al televisor como quien ve una mala serie de sobremesa. El rojo da algo de color a una historia que solo puede ser contada en blanco y negro. 11.000 vidas congeladas, sin retorno, en Idomeni. Este nombre se sumará al de Dachau, Auschwitz o Guantánamo y los escolares de mañana se perderán al intentar ubicarlos en los mapas del tiempo y el espacio. Pero podemos respirar tranquilos.

Dicen que la policía de la frontera más próxima se ha mostrado generosa y ha inundado el aire putrefacto que respiran con gas lacrimógeno. Al menos han conseguido algo. Se han vertido algunas lágrimas en ese horror de nuestro presente que será tatuado en la memoria futura de esta humanidad deshumanizada. Hoy, Idomeni no duele lo suficiente, excepto para los 11.000 muertos en vida atrapados en un ascensor invertido.

Pero por esta vez no tenemos que buscar culpables. Estamos a la vista. En España consentimos que un Gobierno en rebeldía contra el ordenamiento que regula las instituciones democráticas, promueva el no-control parlamentario a su gestión «en funciones» y se permita hacernos cómplices de esta masacre. Eso sí, con la inestimable colaboración de la «nueva política», inútil e incapaz de formar otro Gobierno que se movilice para detener tamaño crimen de lesa humanidad. Este es uno más -aunque quizás sea el más tremendo- de los juguetes rotos por el fracaso de la izquierda española. Gracias por nada a quienes tampoco -o tan mal- nos representan.

La nueva política española fracasa en Idomeni

Empaquetaditos. Amputados los miembros y los torsos en porciones. Sólo así saldrán de Idomeni los desposeídos hacinados en barrizales de miedo y muerte. Así los dejaremos por fin partir, con el pasaporte burocráticamente sellado, hacia un peor infierno. Con pólizas que acreditan que consiguieron pisar tierra Europea donde ciegos desalmados les hemos abierto las puertas hacia el cielo en el que se almacenan los mártires. Pero no era Europa. Es Saturno devorando a sus bastardos hijos orientales. O tal vez sea Jack, “el civilizado destripador”, quien campa a sus anchas por los alambres y las telas desgarradas de las tiendas. Jirones de infancia tapizan los caminos. Escatología política. Pornografía de la tortura legalizada en los despachos de Bruselas. Sadismo en la indiferencia de la ciudadanía. ¿Dónde está el límite de nuestra resistencia ante el horror? En esta fría tarde de primavera de un siglo XXI adolescente, somos espectadores en tiempo real del Gran Hermano instalado en un campo de concentrados en huida hacia la nada. Es espectacular -y muy recomendable visitar- el trabajo que realiza sobre esta catástrofe humanitaria el fotógrafo gallego, Delmi Alvarez, en su proyectoTransmigrantes donde aborda, para denunciar y documentar, esta nueva modalidad de migrantes.

Mientras tanto, aquí y ahora, en el extremo occidental de Europa, nos sabemos parte de los pueblos blancos, cristianos, laboriosos, racionales, y comulgamos frente al televisor como quien ve una mala serie de sobremesa. El rojo da algo de color a una historia que sólo puede ser contada en blanco y negro. 11.000 vidas congeladas, sin retorno, en Idomeni. Este nombre se sumará al de Dachau, Austwitz o Guantánamo y los escolares de mañana se perderán al intentar ubicarlos en los mapas del tiempo y el espacio. Pero podemos respirar tranquilos. Dicen que la policía de la frontera más próxima se ha mostrado generosa y han empapado de gas lacrimógeno a 400 huidos. Al menos han conseguido algo. Se han vertido algunas lágrimas en ese horror de nuestro presente que será tatuado en la memoria futura de esta humanidad deshumanizada. Hoy, Idomeni no duele lo suficiente, excepto para los 11.000 muertos en vida atrapados en un descensor.

Pero por esta vez no tenemos que buscar culpables. Estamos a la vista. En España consentimos que un gobierno en rebeldía contra el ordenamiento que regula las instituciones democráticas, promueva el no-control parlamentario a su gestión “en funciones” y se permita hacernos cómplices de esta masacre. Eso sí, con la inestimable colaboración de la “nueva política”, inútil e incapaz de formar otro gobierno que se movilice para detener tamaño crimen de lesa Humanidad. Este es uno más -aunque quizás sea el más tremendo- de los juguetes rotos por el fracaso de la izquierda española. Gracias por Nada a quienes tampoco -o tan mal- nos representan.

Dupont et Dupond. Hernández y Fernández

http://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2016/03/27/hernandez-fernandez/0003_201603G27P20993.htm

La Voz de Galicia. Habitación Propia. 27 de Marzo de 2016

Hernández y Fernández, perdón, Jambon y Geens, ministros de Interior y Justicia del Gobierno belga, serán recordados por la pésima gestión de la lucha antiterrorista con fallos de seguridad inexplicables y filtraciones sobre las investigaciones en curso que han tenido como resultado más de una treintena de muertos, dos centenares de heridos y la constatación de que Bruselas es, a día de hoy, una ciudad caótica e insegura.

Pero se necesitan tontos útiles para justificar el desastre en que se han convertido los Gobiernos europeos, uno por uno y en su conjunto en el seno de la Unión. Parece que el miedo es la argamasa necesaria para mantener apaciguada a una ciudadanía que asiste atónita, pero inmóvil, a la incapacidad para garantizar la seguridad de los países miembros, al tiempo que se demuestra inútil para afrontar la crisis humanitaria de los peticionarios de asilo en nuestras fronteras.

Los mandatarios actuales de la UE han renunciado a ser los guardianes de la paz y garantes de derechos ciudadanos, heredados del Estado de bienestar. La construcción europea en su formato actual se diseñó a partir de la integración de países que estuvieron en el bando de los aliados con los del Telón de Acero y otros que estuvieron en la orilla fascista. Veintiocho, hasta ahora, pendientes de que quizás se incorpore Turquía. Casi treinta países que se dieron la mano y derribaron muros de piedra y de historia a finales de los ochenta, imaginando que pueblos de muy distinta procedencia, costumbres, lenguas, e incluso etnias, podrían convivir en paz y ceder notables porciones de su soberanía a cambio de vivir en una confortable casa común. Lo malo de los sueños es que después de dormir, viene el despertar y a veces creemos caer por un precipicio infinito con el vértigo anudado en la garganta.

La Europa de los 28 se ha amurallado dentro de sí misma, nos ha perdido el respeto y se ha pasado por el forro el civismo y las políticas de buena vecindad con su entorno africano y oriental.

Por el contrario, crea crisis a partir de volutas de humo para apretar las clavijas a Gobiernos manirrotos, alimenta a la gran banca -con  las agencias de rating como coartada- para que sigan atornillando a pueblos que creían que la dignidad era ya un derecho sobrevenido y así aumentan la brecha entre el 1 % de ricos y el resto, que se conformará con las sobras del banquete.

La errática frialdad de los servicios de inteligencia consume a fuego lento al proyecto europeo. Sálvese quien pueda. Madrid, Londres, París, Bruselas? se han convertido en ciudades inseguras. El enemigo exterior de turno cabalga cuando puede, que a veces coincide con cuando le dejan.

El viernes de la vergüenza.

http://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2016/03/20/viernes-verguenza/0003_201603G20P16994.htm

Habitación propia. La Voz de Galicia. 20 de marz0 de 2016

Podríamos no mirar hacia allí, pero ello no haría que el problema desapareciese, ensimismados en nuestras propias miserias políticas, sin tiempo ni ganas de enfangarnos en el barro. No sacamos del trastero los megáfonos, pancartas y las reivindicaciones en la calle ante el crimen institucional que consiente la tragedia de los sin refugio. La miseria moral de los mandatarios europeos es aún mayor que la miseria física y material que padecen los condenados a muerte en los nuevos campos de exterminio de nuestras fronteras.

El asco y la decepción por la falta de humanidad se alternan con las ganas de no saber y la ocupación en los asuntos internos. Mientras tanto, el acuerdo entre la Unión Europea y Turquía hace sangre y abre venas, pero se justifica como el único remedio contra la xenofobia galopante de los países del norte y el centro de Europa, recién llegados a la Unión, y de otros veteranos, como Francia y Alemania.

Es un horror lo que estamos permitiendo, cobijados en una burbuja de comodidad impasible que reventará y supurará en nuestra conciencia cuando ya nos hayamos olvidado de mujeres pariendo en el barro, cuchillas rapando cabezas infantiles, piernas amputadas por gangrenas y miles de desaparecidos de todas las edades que no computan en las estadísticas oficiales. Nos conviene olvidar las armas occidentales vendidas por quienes quieren evitar mirar a los ojos a seres humanos que huyen de quienes las compraron para matarlos… El mundo que creíamos haber construido desde el rechazo a la guerra, los cantos por la paz, la utopía de una sociedad ejemplar donde cada persona tendría un lugar, se nos cae a trozos.

Terremotos, tsunamis, erupciones volcánicas, inundaciones, producen reacciones inmediatas y se movilizan ejércitos con tiendas de campaña, medicinas, mantas; se construyen alojamientos temporales, y hospitales provisionales, se pide colaboración a las poblaciones… y nadie pregunta en qué lugar ocurre. Simplemente, se responde. Pero ahora, no. No, por motivos políticos. No, como consecuencia de una guerra que hemos alimentado en nuestras propias entrañas.

Han caído todas las máscaras y el rostro más feroz, el alma más negra, campa a sus anchas por los Parlamentos, los Gobiernos, los voceros oficiales y las cajas fuertes donde se atesoran los grandes capitales. Europa se ha raptado a sí misma y todos somos cómplices, por acción u omisión. Unos más que otros, pero da igual. Los muertos, los expulsados, los desahuciados, los desamparados sin refugio no entienden de matices. En nuestra historia deberemos recordar el 18 de marzo del 2016 como el viernes de la vergüenza. Es la versión contemporánea de la noche de los cristales rotos. Hay caminos sin vuelta atrás, y este es uno de ellos.

http://delmialvarez.photoshelter.com/#!/portfolio/C0000dddC0uTGvgI/G0000AutulobDVoQ/I0000xmgsdysChvw

 

El viernes de la vergüenza

https://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2016/03/20/viernes-verguenza/0003_201603G20P16994.htm

La Voz de Galicia. Habitación propia. Opinión

María Xosé Porteiro

20/03/2016

Podríamos no mirar hacia allí, pero ello no haría que el problema desapareciese, ensimismados en nuestras propias miserias políticas, sin tiempo ni ganas de enfangarnos en el barro. No sacamos del trastero los megáfonos, pancartas y las reivindicaciones en la calle ante el crimen institucional que consiente la tragedia de los sin refugio. La miseria moral de los mandatarios europeos es aún mayor que la miseria física y material que padecen los condenados a muerte en los nuevos campos de exterminio de nuestras fronteras.

El asco y la decepción por la falta de humanidad se alternan con las ganas de no saber y la ocupación en los asuntos internos. Mientras tanto, el acuerdo entre la Unión Europea y Turquía hace sangre y abre venas, pero se justifica como el único remedio contra la xenofobia galopante de los países del norte y el centro de Europa, recién llegados a la Unión, y de otros veteranos, como Francia y Alemania.

Es un horror lo que estamos permitiendo, cobijados en una burbuja de comodidad impasible que reventará y supurará en nuestra conciencia cuando ya nos hayamos olvidado de mujeres pariendo en el barro, cuchillas rapando cabezas infantiles, piernas amputadas por gangrenas y miles de desaparecidos de todas las edades que no computan en las estadísticas oficiales. Nos conviene olvidar las armas occidentales vendidas por quienes quieren evitar mirar a los ojos a seres humanos que huyen de quienes las compraron para matarlos… El mundo que creíamos haber construido desde el rechazo a la guerra, los cantos por la paz, la utopía de una sociedad ejemplar donde cada persona tendría un lugar, se nos cae a trozos.

Terremotos, tsunamis, erupciones volcánicas, inundaciones, producen reacciones inmediatas y se movilizan ejércitos con tiendas de campaña, medicinas, mantas; se construyen alojamientos temporales, y hospitales provisionales, se pide colaboración a las poblaciones… y nadie pregunta en qué lugar ocurre. Simplemente, se responde. Pero ahora, no. No, por motivos políticos. No, como consecuencia de una guerra que hemos alimentado en nuestras propias entrañas.

Han caído todas las máscaras y el rostro más feroz, el alma más negra, campa a sus anchas por los Parlamentos, los Gobiernos, los voceros oficiales y las cajas fuertes donde se atesoran los grandes capitales. Europa se ha raptado a sí misma y todos somos cómplices, por acción u omisión. Unos más que otros, pero da igual. Los muertos, los expulsados, los desahuciados, los desamparados sin refugio no entienden de matices. En nuestra historia deberemos recordar el 18 de marzo del 2016 como el viernes de la vergüenza. Es la versión contemporánea de la noche de los cristales rotos. Hay caminos sin vuelta atrás, y este es uno de ellos.