La pasión turca

https://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2016/07/29/pasion-turca/0003_201607G29P13994.htm

La Voz de Galicia. Habitación propia. Opinión

María Xosé Porteiro

29/06/2016

La pena de muerte volverá a Turquía, pese a los gestos reprobadores de los amigos europeos y de los aliados de la OTAN, porque «lo pide el pueblo». No duda de que tiene toda la legitimidad, al fin y al cabo, desde el pasado 20 de marzo, Erdogan es el paradójico zorro encargado por Bruselas de guardar el gallinero de la frontera europea con Oriente Próximo. Pero «los gobernantes europeos no son sinceros», se queja, porque de los tres mil millones de euros que le prometieron «para la atención de los refugiados», solo le han llegado algo menos de dos millones. Debe de temer que se reviva la historia de Escipión y Viriato, cuando el cónsul romano se negó a pagar la recompensa prometida a los asesinos del guerrero lusitano porque Roma no paga traidores. Tal vez sospeche que la autoría intelectual del crimen no importa cuando la norma pasa de inmoral a ilegal.

Eso debieron pensar los jefes de la UE respecto al oscuro acuerdo que pasó a la historia como viernes de la vergüenza, porque hoy apenas pestañean ante el explosivo escenario abierto en los confines orientales del imperio. Como mucho, avisan a Erdogan de que si sigue promoviendo la pena de muerte nos vamos a pensar si continuamos negociando la entrada de su país en nuestro club. A buenas horas… Turquía continúa su deriva totalitaria y fundamentalista, donde los derechos humanos son acorralados y sometidos a tortura por un poder con las manos ensangrentadas.

Pero no solo la UE está resultando inútil a la hora de gestionar las relaciones con Ankara. En el 2007 la ONU asumió el proyecto denominado Alianza de Civilizaciones «para la cooperación antiterrorista, la corrección de desigualdades económicas y el diálogo cultural». Antes de ser asumida por la ONU, esta propuesta, realizada en el 2004 por el presidente español Rodríguez Zapatero, fue firmada por Recep Tayyip Erdogan. A su paso por la ONU fue ratificada por otros veinte países de Europa, América Latina, Asia y África, por la Liga Árabe e incluso obtuvo el apoyo explícito de EE.UU. No ha pasado ni una década cuando esta idea está más lejana que nunca.

Estamos en manos de una pandilla de inútiles, incapaces de prever, y ahora de contener, la desestabilización y la inseguridad que provocó, entre otras cosas, la invasión de Irak a principios de este siglo. Seguimos recogiendo la cosecha que entonces se sembró y los pueblos, más que nunca, vagamos, abandonados a nuestra suerte.

El viernes de la vergüenza

https://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2016/03/20/viernes-verguenza/0003_201603G20P16994.htm

La Voz de Galicia. Habitación propia. Opinión

María Xosé Porteiro

20/03/2016

Podríamos no mirar hacia allí, pero ello no haría que el problema desapareciese, ensimismados en nuestras propias miserias políticas, sin tiempo ni ganas de enfangarnos en el barro. No sacamos del trastero los megáfonos, pancartas y las reivindicaciones en la calle ante el crimen institucional que consiente la tragedia de los sin refugio. La miseria moral de los mandatarios europeos es aún mayor que la miseria física y material que padecen los condenados a muerte en los nuevos campos de exterminio de nuestras fronteras.

El asco y la decepción por la falta de humanidad se alternan con las ganas de no saber y la ocupación en los asuntos internos. Mientras tanto, el acuerdo entre la Unión Europea y Turquía hace sangre y abre venas, pero se justifica como el único remedio contra la xenofobia galopante de los países del norte y el centro de Europa, recién llegados a la Unión, y de otros veteranos, como Francia y Alemania.

Es un horror lo que estamos permitiendo, cobijados en una burbuja de comodidad impasible que reventará y supurará en nuestra conciencia cuando ya nos hayamos olvidado de mujeres pariendo en el barro, cuchillas rapando cabezas infantiles, piernas amputadas por gangrenas y miles de desaparecidos de todas las edades que no computan en las estadísticas oficiales. Nos conviene olvidar las armas occidentales vendidas por quienes quieren evitar mirar a los ojos a seres humanos que huyen de quienes las compraron para matarlos… El mundo que creíamos haber construido desde el rechazo a la guerra, los cantos por la paz, la utopía de una sociedad ejemplar donde cada persona tendría un lugar, se nos cae a trozos.

Terremotos, tsunamis, erupciones volcánicas, inundaciones, producen reacciones inmediatas y se movilizan ejércitos con tiendas de campaña, medicinas, mantas; se construyen alojamientos temporales, y hospitales provisionales, se pide colaboración a las poblaciones… y nadie pregunta en qué lugar ocurre. Simplemente, se responde. Pero ahora, no. No, por motivos políticos. No, como consecuencia de una guerra que hemos alimentado en nuestras propias entrañas.

Han caído todas las máscaras y el rostro más feroz, el alma más negra, campa a sus anchas por los Parlamentos, los Gobiernos, los voceros oficiales y las cajas fuertes donde se atesoran los grandes capitales. Europa se ha raptado a sí misma y todos somos cómplices, por acción u omisión. Unos más que otros, pero da igual. Los muertos, los expulsados, los desahuciados, los desamparados sin refugio no entienden de matices. En nuestra historia deberemos recordar el 18 de marzo del 2016 como el viernes de la vergüenza. Es la versión contemporánea de la noche de los cristales rotos. Hay caminos sin vuelta atrás, y este es uno de ellos.