O que se xoga en Europa

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https://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2019/07/01/xoga-europa/0003_201907G1P13993.htm#

La Voz de Galicia. Opinión. Habitación propia

MARÍA XOSÉ PORTEIRO 

A estratexia de Steve Bannon cando creou o Movemento para reunir a todos os grupos da dereita populista europea, con sé en Bruxelas, representando os grupos e lobbies contrarios ás vindicacións feministas, os dereitos de asilo e refuxio, e a loita contra o quecemento global, non acadou o seu obxectivo na eleccións ao Parlamento Europeo. Querían coar un cabalo de Troia no corazón da Unión para dinamitala desde dentro, mais a ofensiva segue aberta. Tres sucesos recentes van na mesma dirección.

No último encontro do G20 confirmouse o corte de mangas de Trump para sumar os EUA á loita contra a crise climática, absurda e incomprensible actitude negacionista que só pode responder a grandes intereses económicos e -por que non- ideolóxicos. Case ao mesmo tempo, as alianzas postelectorais que transixen cos postulados de Vox, os seus representantes en España, fixeron Madrid -antes, Andalucía-, os escenarios onde probar a súa fórmula integrista e reaccionaria en todo o que ten que ver coa violencia machista. Seguindo coa secuencia temporal, en Italia o capo da ultradereita, Salvini, vén de aldraxar o dereito internacional coa súa negativa a acoller o Sea Watch, detendo á súa capitá, Carola Rackete, por querer salvar a corenta e dous náufragos en transo de morte, e acusala de encabezar unha operación criminal.

Velaí o trípode a combater: feminismo, ecoloxía, refuxio. O mellor da nosa civilización foi o que se avanzou en dereitos humanos, respecto ás persoas, demandas para salvar a natureza, avance da loita contra a desigualdade e a discriminación sexual… Precisamente, o que nos identifica como esencia dunha Europa que ás veces semella caduca pero que segue en permanente construción. Máis ca nunca precisamos da súa rexeneración e o momento é idóneo. O liderado de Alemaña e Francia, ancorado na beira dereita do taboleiro, está esgotado e semella chegado o tempo de que outras opcións máis afíns á socialdemocracia como España ou Portugal tomen o relevo. Estamos nos días cruciais para ver como se resolve o reparto de responsabilidades nos órganos políticos e de xestión da Unión Europea, con decisións relevantes como a dirección do Banco Central ou o cambio nos comisariados, onde podería haber lugar destacado para nomes de mulleres con perfil feminista.

A opción de Borrell de seguir á fronte do Ministerio de Asuntos Exteriores non é unha decisión menor, pois desde esa tribuna ten acceso diferente á interlocución con todos os actores principais da política internacional.

Unha vez se disipe a posibilidade dunhas novas eleccións en España, será o momento de definir estratexias tendentes a frear o pelotón de reminiscencias fascistas que quere tomar as rendas das sociedades máis desenvolvidas do mundo. Convén que vaiamos tomando conciencia de que é o que nos estamos a xogar.

Angry white men: el choque de géneros (Tribuna Feminista-El Plural)

https://tribunafeminista.elplural.com/2019/03/angry-white-men-el-choque-de-generos/

Tribuna feminista. Opinión.

María Xosé Porteiro
Política, escritora y periodista.

27/03(2019

Cuando una referente internacional de los estudios feministas como la antropóloga Rita Segato advierte de que está en marcha una guerra contra las mujeres, la primera reacción es pensar que utiliza un eufemismo para enfatizar la importancia y urgencia de reaccionar contra el alarmante brote de misoginia constatado en los últimos tiempos. Pero no. Si donde ella habla de guerra decimos conspiración podría ser más fácil de asimilar. También Manuel Castells, sociólogo, abunda en una idea semejante cuando afirma que el ascenso de la ultraderecha en Europa y el continente americano responde a un objetivo predeterminado de restaurar el patriarcado tradicional, eliminando los derechos de las mujeres, en un proyecto coordinado y financiado por una red oculta de millonarios xenófobos y racistas que ven en él su última esperanza de supremacía. Castells afirma que se está forjando una conspiración contra la Europa del bienestar, para tener un grupo propio en el próximo Parlamento con representantes de partidos de ultraderecha. Se trataría de convertir la UE en un grupo de Estados que comparten determinados acuerdos, supeditados a los intereses nacionales, singularmente contra la inmigración, el Islam y el feminismo. Sobre este último objetivo, pretenden «la restauración del patriarcado tradicional, eliminando la protección a los derechos homosexuales y a las mujeres».

Steve Bannon, ex-estratega de Trump, sería el tejedor de este proyecto después de abandonar al presidente de los EUA por peleas internas, pero convencido de que puede trasladar a la UE, un «Movimiento» (así se llama su fundación) a favor del supremacismo blanco, cristiano y viril. El caldo de cultivo le es propicio y tiene un pie en Bruselas, desde donde comanda la construcción de una base operativa común con la adhesión de líderes de la extrema derecha en Italia, Turquía, España, el Reino Unido, Holanda, Alemania y Francia. También mantiene relaciones fluidas con formaciones de extrema derecha de Polonia, Finlandia, Suecia, Noruega, Austria o la República Checa. Su objetivo es llegar a tener un grupo antieuropeo en el mismísimo Parlamento Europeo luego de las elecciones de mayo próximo. La otra pata de su proyecto estaría en Roma, donde Bannon estableleció una alianza con los cardenales que lideran la rebelión contra lo papa Francisco.

El movimiento feminista sabe que está en la diana de fuerzas poderosas y con pocos escrúpulos. El sociólogo norteamericano Michael Kimmel explica que la nueva explosión del feminismo generó un grupo que el combate: los AWM (angry white men, hombres blancos enfadados) porque se les cuestiona «todo lo que habían aprendido sobre cómo ser hombres y se sienten víctimas, vulnerables, amenazados, y asustados». El politólogo español Andrés Ortega anuncia que «hay un cambio cultural y el choque ahora no es de civilizaciones, sino de género».

Las citas de autoridad no dejan lugar al escepticismo. Con menos mimbres se han construido absurdas teorías conspiranoicas pero, en esta ocasión, podemos estar ante un hecho a considerar: la pandemia del feminicidio no hace sino avanzar y la violencia machista se acentúa hasta límites -insospechados solo quince o veinte años atrás-, en todas sus formas en las relaciones personales, sentencias judiciales, violencia sexual extrema desde la más tierna infancia o el tráfico y esclavitud de mujeres para la industria sexual. Para corroborarlo, he ahí el auge del negacionismo de la discriminación y de la injusticia de género, prevalente en las sociedades de cualquier lugar del mundo. Un auténtico ejército ataca por tierra, mar y aire las mujeres que luchan por acelerar un cambio social imprescindible y civilizatorio que cuestiona, también, los pilares del neoliberalismo, rampante y deshumanizado. El objetivo sería desarmar y derrotar al feminismo, para lo cual cuentan con muchos recursos, una total falta de escrúpulos, y prisa. Mucha prisa.

El sociólogo Michael Kimmel señaló otro fenómeno interesante: la reacción contra las reivindicaciones feministas de los hombres blancos enfadados: los Angry White Men, en USA, vulnerables y asustados ante un nuevo escenario en el que pierden terreno frente a mujeres que reclaman cuotas equitativas de poder y exigen nuevas reglas de juego, porque “todo lo que aprendieron sobre cómo ser un hombre, está en cuestión (…) a la aristocracia le gusta la meritocracia y eso es lo que acontece con los hombres que siempre estuvieron en la supremacía sin que nadie se lo disputara”. Habían votado en masa a Trump, a Bolsonaro, a la ultraderecha en Hungría, o se sientan representados por Le Pen en Francia y Vox en España.

Kimmel se pregunta si hay motivo para sentirse amenazados y el politólogo Andrés Ortega ofrece una respuesta: “La frustración de los hombres se convirtió en un fenómeno común en las sociedades occidentales. Ven como se expande la educación mixta. Ellas obtienen mejores notas y mejores resultados en las oposiciones, arrasan en Medicina o en las carreras judiciales (…) Se produjo un gran cambio cultural y el choque ahora no es de civilizaciones, sino de géneros. La mujer quiere un lugar similar y hay una parte de los hombres que se sienten amenazados”. No por casualidad, Vox pide la derogación de la legislación contra la violencia de género, avalada por el Tribunal Constitucional y puestas en marcha ante una realidad de cerca de mil víctimas desde que hay registros (2003); o cuestiona el aborto libre, la paridad o las subvenciones para colectivos feministas a lo que acusa de amiguismo” en las instituciones gobernadas por la izquierda.

Una variante sobre el mismo tema aparece dos siglos después de los primeros movimientos sufragistas, cuando, sin cuestionar el derecho al voto ni al trabajo de las mujeres, se ponen en entredicho que aún haya que combatir la discriminación.

“Detrás de los Angry White Men o de Vox no hay, necesariamente, hombres que digan que las mujeres son inferiores, sino que cuestionen que sea cierto que mantengan más privilegios o que aún sea necesario luchar por la paridad”, explica la politóloga de la Universidad Autónoma de Barcelona y editora, Berta Barbet. “En España -dice-, la brecha salarial es de un 16% y el porcentaje de mujeres en cargos directivos, de un 27%. No valle convertir el feminismo en chivo expiatorio. Esto no es una guerra de sexos, es una cuestión de justicia”.

UNA MIRADA LATINOAMERICANA

En el IGADI Annual Report 2018-2019 (Informe Anual sobre política exterior del Instituto Gallego de Análisis y Documentación Internacional) sobre “América Latina y El Caribe: agenda feminista” he publicado recientemente que ”están siendo el laboratorio de la extrema derecha que ve al feminismo como la mayor amenaza para los intereses de la cosmovisión patriarcal, sin duda, alertados por la fuerza, cada vez mayor, de las organizaciones feministas que nuclean alrededor de sí, las mejores vindicacións históricas de la izquierda: el ecologismo, la justicia social y los derechos humanos en su conjunto.”

Se constata la existencia de una guerra feminicida en América Latina y el Caribe. En 1993 apareció el cuerpo de Alma Chavira en Ciudad Juárez (México) y en los veinticinco años transcurridos desde entonces, las asesinadas son cerca de 2.000. Mientras tanto, algunos nombres sonoros de políticas y activistas sociales señalan la dureza de la lucha feminista en el territorio: la política brasileña Marielle Francisco de la Silva, asesinada en marzo de 2018, socióloga, feminista y militante de los derechos humanos y política brasileña. Berta Cáceres, asesinada en marzo de 2016, líder indígena, feminista y activista ecologista hondureña. En ambos casos, la violencia asesina fue promovida por estamentos militares, políticos y corporaciones multinacionales.

En la que se considera la causa más frecuente de violencia de género en el mundo: la que se de la en el entorno familiar o afectivo de las víctimas, las cifras oficiales del Observatorio de Género de la CEPAL indican que solo en 2017 se registraron 2.795 feminicidios en veintitrés países.

La violencia machista tiene otras caras: una, muy preocupante, la institucional por falta de amparo de los derechos que garantizan la vida de las mujeres, como acontece con la legislación prohibicionista o sumamente restrictiva, respecto del aborto. Solo es legal en México D. F, Cuba y Uruguay. En Chile y Argentina está abierto el debate para su regulación, mas aún en dura confrontación con los respectivos parlamentos; en Bolivia se están dando algunos avances, y en otros países con regímenes de izquierda, como Venezuela o Nicaragua, está prohibido absolutamente. La estos indicadores podrían añadirse los de la violencia sexual: mas de un millón de niñas y adolescentes son víctimas y una de cada cuatro contrae matrimonio siendo menores de edad (UNICEF, 2017).

Las cifras dibujan un panorama estremecedor en el que la militancia y la movilización feminista están emergiendo como un movimiento de gran intensidad, con características propias respecto de Europa o los EUA, y también con casuísticas propias según los países. Coincide, en todo caso, con la emergencia de liderazgos intelectuales y políticos como Marcela Lagarde o Rita Segato, por significar a un grupo de filósofas, sociólogas, politólogas, comunicadoras, que aportan hondura y renovación a conceptos y definición de situaciones, aunque siguen siendo ignoradas por los ambientes académicos o políticos convencionales.

América Latina y el Caribe están siendo el laboratorio de la extrema derecha que ve el feminismo como la mayor amenaza para los intereses de la cosmovisión patriarcal, sin duda, alertados por la fuerza, cada vez mayor, de las organizaciones feministas que nuclean, alrededor de sí, las mejores vindicaciones históricas de la izquierda, especialmente el ecologismo, la justicia social y los derechos humanos en su conjunto.

La respuesta masiva a la convocatoria de 8 de marzo de 2018, o las movilizaciones a favor del aborto en Argentina, demostraron una capacidad de respuesta impresionante: una marea violeta, con pañuelos verdes también para identificar a las pibas argentinas, dejó la imagen de una avalancha de mujeres -la mayoría muy jóvenes- que toman las calles, corean consignas, acampan al lado de los Parlamentos, alzando los puños con el emblema del círculo finalizado con una cruz que identifica al feminismo.

La singularidad de esta situación es que el patriarcado se rearma con la ultraderecha pero está consentido y apoyado por una parte de la izquierda latinoamericana. El aborto es el mejor ejemplo. Todo, trufado por la complicidad de las iglesias evangélica y católica, por acción u omisión. Y sostenido por poderes económicos que ven con temor la alianza entre el feminismo y el ecologismo. Lo que acontece en América Latina es crucial para el futuro de la Humanidad. En el caso del feminismo, también.

¿Y EN ESPAÑA QUÉ?

España no está ajena a este giro que se comienza a identificar y denunciar con alarma por muchos sectores del feminismo ante la contaminación de las organizaciones por grupos destinados a romperlas. Es un intento de desmontar la unidad de acción -sorprendentemente intuitiva y unánime- de una movilización nunca vista, que produjo protestas masivas en sociedades diversas y consiguió unir a millones de mujeres en todo el planeta para rebelarse contra el machismo y la misoginia. Hay un antes y un después de las movilizaciones de 2017 -tras la elección de Trump como presidente de los EEUU-, y las de los 8 de Marzo de 2018 y 2019, que alertaron sobre el poderío y capacidad de respuesta del 52% de la población mundial. No se trata de un optimismo infantil, pues ya se sabe que no todas las mujeres luchan en la misma dirección.

En nuestro país se consideran feministas el 60%. Buena y mala noticia, claro, porque eso advierte de la falta de normativización y condiciones sobre qué es ser feminista y contra qué hay que luchar, pero es un cambio relevante. La cuarta Ola será la de la consolidación e incorporación del feminismo a los estudios universitarios desde todos sus poliédricos enfoques, a su generalización como norma social donde la discriminación esté fuera de lo socialmente admitido y cualquier tipo de violencia por razón de género sea motivo de persecución y sanción. En mi opinión, el proceso es imparable pero no debemos olvidar una advertencia importante que me comentaba mi buena amiga, Secretaria de Igualdad y directora del Instituto de la Mujer en tiempos de Rodríguez Zapatero. Me refiero a la abogada feminista, Laura Seara: “el feminismo, sí quiere ser transformador, debe detectar las trampas que nos ponen desde lo patriarcado y la reacción ante ellas es tarea nuestra. Mucho cuidado con negar la categoría ”mujeres”. No podemos desdibujarnos y diluirnos en otros debates como los de la identidad sexual”

A MODO DE CONCLUSIÓN

Estamos en tiempos de grandes cambios sociales, que en otros artículos he comparado con la Revolución Francesa. No va a ser fácil porque a los privilegios es difícil renunciar, pero a este “choque de géneros” se está respondiendo con movilizaciones masivas de miles de mujeres de todas las edades y diferente condición -muchas, con sus compañeros y criaturas- que ocupan las calles cantando, vestidas de lila y violeta, sin violencia y proclamando la llegada de una civilización más justa, sin dejar de recordar que en el supremacismo machista las víctimas mortales están, en un 99 %, del lado de las mujeres.

Ya veremos la repercusión que esta confrontación tendrá en la politica de los diferentes países donde el feminismo ha llegado para quedarse. Como reacción a Trump, en las recientes legislativas de los EUA entraron en el Congreso más de un centenar de mujeres entre las que hay lesbianas, indígenas, musulmanas, emigrantes y, notablemente, jóvenes. En Argentina habrá elecciones en octubre donde veremos el siguiente proceso latinoamericano de ratificación -o cambio- del supremacismo misógino que comparte Mauricio Macri, y en España hay elecciones legislativas el 28 de abril y locales y autonómicas el 26 de mayo, cuando la fórmula Vox pasará la prueba del algodón.

La política puede darnos aun muchas sorpresas.

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Ellas, contentas

Fotografía de Carlos Castro

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La Voz de Galicia. Opinión. Habitación propia

María Xosé Porteiro. 5 de marzo de 2019

El prestigioso sociólogo español Manuel Castells afirma que se está forjando una conspiración contra la Europa del bienestar, para tener un grupo propio en el próximo parlamento con representantes de partidos de ultraderecha. Se trataría de convertir la UE en un grupo de Estados que comparten determinados acuerdos, supeditados a los intereses nacionales, significativamente: contra la inmigración, el islam y el feminismo. Sobre este último objetivo, pretenden “la restauración del patriarcado tradicional, eliminando la protección a los derechos homosexuales y a las mujeres”.

Steve Bannon, estratega de Trump, sería el tejedor de este proyecto después de abandonar al presidente de los EEUU por peleas internas, pero convencido de que puede trasladar a la UE, un “Movimiento” (así se llama su fundación) a favor del supremacismo blanco, cristiano y viril. El caldo de cultivo le es propicio y tiene un pie en Bruselas, desde donde comanda la construcción de una base operativa común con la adhesión de líderes de la extrema derecha en Italia, Turquía, España, Reino Unido, Holanda, Alemania y Francia. También mantiene relaciones fluidas con formaciones de extrema derecha de Polonia, Finlandia, Suecia, Noruega, Austria o Chequia. Su objetivo es llegar a tener un grupo antieuropeo en el mismísimo Parlamento Europeo tras las elecciones de mayo próximo. La otra pata de su proyecto estaría en Roma, donde Bannon estableció una alianza con los cardenales que lideran la rebelión contra el Papa Francisco.

El movimiento feminista sabe que está en la diana de fuerzas poderosas y con pocos escrúpulos. El sociólogo norteamericano Michael Kimmel, explica que la nueva explosión del feminismo generó un grupo que lo combate: los AWM ( angry white men, hombres blancos enfadados) porque se les cuestiona “todo lo que habían aprendido sobre cómo ser hombres y se sienten víctimas, vulnerabeis, amenazados, y asustados”. El politólogo español, Andrés Ortega, anuncia que “hay un cambio cultural y el choque ahora no es de civilizaciones sino de género”.

ES lógico. Los privilegios son fáciles de rechazar, más, a este choque (me niego a hablar de guerra) se está respondiendo con movilizaciones masivas como la del domingo en Lugo, donde diez mil mujeres de todas las edades  -muchas, con sus compañeros y criaturas-,  salieron a ocupar las calles cantando, vestidas de lila y violeta, con alegría y proclamando la llegada de una civilización más justa, incluso sabiendo que en el supremacismo machista, las víctimas mortales están, en un 99%, del lado de las mujeres.

Ya veremos la repercusión que esta confrontación tendrá en las urnas en las inmediatas elecciones generales, autonómicas, municipales y europeas de España. Como reacción a Trump, en las recientes legislativas de EEUU entraron en el Congreso más de un ciento de mujeres entre las que hay lesbianas, indígenas, musulmanas, emigrantes y, notablemente, jóvenes.

La política puede darnos aun muchas sorpresas.

VERSIÓN EN GALEGO:

Habitación propia
Elas, contentas
María Xosé Porteiro

O prestixioso sociólogo español Manuel Castells afirma que se está a fraguar unha conspiración contra a Europa do benestar, para ter un grupo propio no próximo parlamento con representantes de partidos de ultradereita. Trataríase de convertir a UE nun grupo de Estados que comparten determinados acordos, supeditados aos intereses nacionais, nomeadamente: contra a inmigración, o islam e o feminismo. Sobre este último obxectivo, pretenden “a restauración do patriarcado tradicional, eliminando a protección aos dereitos homosexuais e ás mulleres”.

Steve Bannon, estratega de Trump, sería o tecedor deste proxecto despois de abandonar ao presidente dos EEUU por pelexas internas, pero convencido de que pode trasladar á UE, un “Movemento” (así se chama a súa fundación) a prol do supremacismo branco, Cristiano e viril. O caldo de cultivo élle propicio e ten un pe en Bruxelas desde onde comanda a construcción dunha base operativa común coa adhesión de líderes da extrema dereita en Italia, Turquía, España, Reino Unido, Holanda, Alemania e Francia. Tamén mantén relacións fluidas con formacións de extrema dereita de Polonia, Finlandia, Suecia, Noruega, Austria ou Chequia. O seu obxectivo é chegar a ter un grupo antieuropeo no mesmísimo Parlamento europeo logo das eleccións de maio próximo. A outra pata do seu proxecto estaría en Roma, onde Bannon estabeleceu unha alianza cos cardenales que lideran a rebelión contra o Papa Francisco.

O movemento feminista sabe que está na diana de forzas poderosas e con poucos escrúpulos. O sociólogo norteamericano Michael Kimmel, explica que a nova explosión do feminismo xerou un grupo que o combate: os AWM (angry white men, homes brancos cabreados) porque se lles cuestiona “todo o que aprenderan sobre cómo ser homes e se sinten vítimas, vulnerabeis, ameazados, e asustados”. O politólogo español, Andrés Ortega, anuncia que “hai un cambio cultural e o choque agora non é de civilizacións senón de xénero”.

É lóxico. Os privilexios son doados de rexeitar, mais este choque (négome a falar de guerra) estáse a responder con mobilizacións masivas como a do domingo en Lugo, onde dez mil mulleres de todas as idades -moitas, cos seus compañeiros e crianzas-, saíron a ocupar as rúas cantando, vestidas de lila e violeta, con alegría e proclamando a chegada dunha civilización máis xusta, mesmo sabendo que no supremacismo machista, as vítimas mortais están, nun 99%, do lado das mulleres.

Xa veremos a repercusión que esta confrontación terá nas urnas nas inmediatas eleccións xerais, autonómicas, municipais e europeas de España. Como reacción a Trump, nas recentes lexislativas de EEUU entraron no Congreso máis dun cento de mulleres entre as que hai lesbianas, indíxenas, musulmanas, emigrantes e, notablemente, xoves. A política pode darnos aínda moitas sorpresas.

América last

La Voz de Galicia. Opinión. Habitación propia

https://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2017/08/14/america-last/0003_201708G14P11991.htm

MARÍA XOSÉ PORTEIRO 

Tornar a debilidade en virtude é o que está a facer Donald Trump, reconvertido de líder con mirada introspectiva cara aos recunchos máis perdidos do seu inmenso país, a se subir máis unha vez a algunha gárgola gótica para albiscar o mundo, vestido de Batman, e ocuparse dalgunha ca outra guerra mundial, porque a paz aburre, non é noticia e non xenera lucro inmediato.  Chegaron moi axiña os tempos de «América last», cun caixón onde se lle acumulan os fracasos á hora de sepultar a xeira Obama mentres medran a violencia do supremacismo de extrema dereita e o retroceso nos dereitos civís. As feblezas na política interna resólveas –dejà vu da política USA- acudindo ao escenario mundial para demostrar un poderío baseado, preferentemente, nas dimensións dos mísiles en pleno exercicio da xefatura maior de tódolos exércitos. E se fose certo que somos o que odiamos, non é de extrañar que os obxectivos internacionais para Trump sexan líderes de opereta en cadanseu estilo. Se se quixesen procurar persoaxes máis grotescos habería que fabricalos por encarga, incluido el mesmo. Alén diso, e como argumento de valor, Corea do Norte e Venezuela teñen en común que representan -ou lembran xa difusamente- a enemistade histórica entre capitalistas e comunistas que se deseñou na guerra fría, mesmo sendo a día de hoxe muxicas comparadas coas lapas do que foi o grande imperio liderado pola URSS. Nas Américas, Cuba hai tempo que deixou de ser críble -ou temible- entre outras cousas porque alén de posición xeoestratéxica, nada ten para ofrecer a algunha potencia que lle dea respiro económico; México só lle serve para alimentar xenofobia; Colombia é un aliado perfecto; a esquerda vai de peor en peor canto máis ao sur se mire e, arestora, Venezuela ocupa moi ben o territorio do famoso patio traseiro á hora de gañar posicións, encher o peto ou teatralizar e amagar coa forza do máis forte. Por se fose pouco, o estado bolivariano ofrece reservas inesgotables para a economía dos combustibles fósiles que promove Trump. Na outra beira, en perfecta triangulación co preferente espazo de tensión bélica que resulta ser o Pacífico, está o retrouso coreano do Norte, onde se demostra que o ollo do grande irmán non da entrado en todas as xanelas, sobre de todo, nas que están pechadas a contaminacións externas. A cousa daría para rir de non ser porque, se cadra, entre tanto xogar ao póker, de farol en farol, alguén poda trabucarse, convertir esta festa de necios nunha ameaza real, e confirmar a postverdade trumpiana de que o cambio climático non supoñerá o fin desta nosa civilización porque abonda coa poderosa estupidez humana para facelo todo moito máis a presa. Como decía a o vello mariñeiro, haberá que deixar ir ata ver o que pinten Rusia e China neste cúmulo de despropósitos apocalípticos porque Europa, agachada no seu propio embigo, pouco chío vai dar.

España “first”

https://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2017/01/25/espana-first/0003_201701G25P13993.htm

La Voz de Galicia. Habitación propia. Opinión

María Xosé Porteiro

25/01/17

Vamos hacia sociedades fracturadas en mitades irreconciliables y al colapso de un sistema de partidos en el que se cuelan populismos de nuevo cuño que se mueven mejor en la fractura que en la cohesión. En el caso norteamericano, Donald Trump aparece como el puente creado por la extrema derecha (Alt-Right) para facilitar su propio acceso al poder en una próxima etapa. Su falta de pasado político, sus condiciones para manejarse mediáticamente con una imagen inconfundible y un comportamiento excéntrico, lo convierten en el intermediario adecuado para el cambio de era. Ese cambio se anuncia en Europa con la previsible irrupción de alternativas de nacionalismos de extrema derecha y ya vive en países orientales que fracasaron en su viaje a ninguna parte hacia democracias homologables, incluyendo en el paquete a Turquía o Rusia. Por otra parte, el modelo Trump no es tan nuevo; America first fue el lema de los contrarios a que EE.UU. entrase en la Segunda Guerra Mundial, antisemitas y filonazis.

Puede que Trump sea tan solo un episodio, pero pasará a la historia por marcar el auténtico cambio de siglo que convertirá al XXI en el de la economía especulativa y el poder financiero al mando de la nave. El neoliberalismo toma el relevo y se pone el traje del Estado nación, para desprenderse de las cautelas y frenos que la política multilateral impone en el escenario global. Marine Le Pen, Geert Wilders, Heinz-Christian Strache, candidatos de la ultraderecha en las próximas elecciones en territorio europeo, y la ya primera ministra británica, Theresa May, son a priori las caras y las políticas que traerán proyectos semejantes que podrían dinamitar la frágil estructura de la Unión. Con Europa desmantelada, Turquía y Rusia como aliados, China en el objetivo y el mundo árabe como escenario de conflicto, se dibuja un panorama en el que las relaciones bilaterales vuelven a tomar un protagonismo abandonado tras la Segunda Guerra Mundial.

España tendrá que reconsiderar su estrategia en materia de política exterior, de seguridad y de defensa. Hasta ahora hemos ido de la mano de la UE, sin considerar prioritarias las relaciones con EE.UU., siempre por detrás de la Unión, el Mediterráneo y América Latina, por ese orden. Tenemos la obligación de colaborar para reforzar las capacidades de Europa, pero ello no debería hacer olvidar que las bases de Rota y Morón están en territorio español y son el puente norteamericano para intervenir en el Mediterráneo y norte de África. La pérdida de peso específico de Polonia como frontera con la Europa del Este por la posible alianza de EE.UU. con Rusia, junto a la inestabilidad creciente en nuestros vecinos, debieran ser argumentos a tener en cuenta a la hora de poner en valor nuestro enclave geoestratégico. En la política española no hay demasiado optimismo para el consenso, pero en este asunto el acuerdo se presenta como algo imperativo. Es de vital importancia tomar la iniciativa.

Trump, Murphy y la casa del maestro

http://www.tribunafeminista.org/2016/11/trump-murphy-y-la-casa-del-maestro/

Tribuna Feminista. María Xosé Porteiro

La ley de Murphy es inexorable y con Trump ha comenzado la tormenta perfecta. Representa lo contrario de lo que ansiamos quienes creemos en los derechos y oportunidades, sin distinción de sexo, y es seguro que en su afán por construir muros hará uno inexpugnable para frenar la igualdad. Con la conclusión histriónica y atemorizante de su liderazgo machista, misógino y violento, queda claro que la sociedad más avanzada del mundo no está preparada para identificar los peligros de los valores de su nuevo presidente. Pero la derrota de Hillary Clinton también revela que no basta con ser mujer -y poderosa- para ser reconocida como aliada del feminismo, algo que ya sabíamos desde los tiempos de Margaret Thatcher o, más cerca, de Esperanza Aguirre y similares. La renuncia a su apellido, Rodhan, para mantenerse a lo largo de su trayectoria política como señora de, es una demostración de sometimiento incoherente con la liberación femenina. Su estilo de liderazgo, también.

Con la conclusión histriónica y atemorizante de su liderazgo machista, misógino y violento, queda claro que la sociedad más avanzada del mundo no está preparada para identificar los peligros de los valores de su nuevo presidente.

Pese a todo, una gran mayoría de mujeres comprometidas con el feminismo la apoyaron, considerando que la persona en sí misma tenía una lectura, pero el personaje y el rol al que aspiraba, merecía el derecho a llegar, en igualdad de condiciones, sin pagar peaje por el hecho de ser mujer. Al mismo tiempo, otras figuras notables se expresaron en sentido contrario, como Susan Sarandon que dijo que “no votaba con la vagina” y estuvo con Sanders hasta el final. O Kathleen March, que explicaba en Compostela -en la jornada que le dedicó la Comisión de Igualdad del Consello da Cultura- que no se podía apoyar a una candidata que representaba a la guerra y a los mercados.

Parece más fácil que las ideas feministas encuentren apoyo en ideologías de izquierda porque es imposible encontrarlo en la derecha conservadora y neocom. Obama y Zapatero se identificaban como feministas. Y pocos más. Curiosamente, nadie quiere ser calificado como machista pero no tiene coste comportarse como tal. De hecho, si está en política, obtendrá votos incluso del electorado femenino. Esta bipolaridad social y política está firmemente anclada en el imaginario colectivo.

Curiosamente, nadie quiere ser calificado como machista pero no tiene coste comportarse como tal.

Para ser feminista no hay que ser mujer, como para ser ecologista no hace falta ser océano. El feminismo es muchas cosas a la vez: movimiento de transformación y avance social, filosofía, pensamiento político, pero, sobre todo, es una ideología positiva, pacífica, y radicalmente demoledora de los sistemas de dominación patriarcal. Ahí radica su amenaza y ello explica que a cada avance le siga un retroceso dirigido con saña y odio desde el otro lado de la barrera.

El reto está abierto. Como dijo la nigeriana Bisi Adeleye-Fayemi en la cumbre Mundial de las mujeres de Pekín, “las herramientas del maestro jamás desmantelarán su casa. Solo nos dejará ganarle de forma provisional, por eso tenemos que fabricar nuestras propias herramientas, no para los maestros, sino para toda la Humanidad”. Así que hay que tomar nota y seguir en el tajo. Queda mucho por hacer…