“Catalexit”

https://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2018/01/20/catalexit/0003_201801G20P11994.htm
La Voz de Galicia. Habitación propia. Opinión
MARÍA XOSÉ PORTEIRO
20/01/2018 09:07 H

Cuando se equipara el fallido procés al brexit, se hace una comparación imposible. Para la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea se aplica el mecanismo previsto en el artículo 50 del Tratado, que puede concluir, en marzo del próximo 2019, con la salida de este Estado miembro de sus estructuras. Previamente habrá habido una decisión refrendada en una consulta legal -prevista y debidamente articulada- y está en marcha la negociación necesaria entre ambas partes en conflicto.

En la declaración unilateral de independencia no se partía de una situación manejable políticamente. No existe ninguna vía prevista para tal supuesto de secesión en el marco general del estado español y solo mediante una reforma constitucional podrá llegar a considerarse algo que, de ocurrir, tardará tiempo. Este empeño, que sigue vivo, está llevando a la sociedad catalana a una fractura de imprevisibles consecuencias, a su economía a los peores indicadores desde hace años, y al absurdo de que se considere a España (y a Cataluña) como ejemplos del peor populismo equiparándonos en la cumbre de Davos a Rumanía y Polonia.

Pagaremos un enorme precio antes de ver recuperadas la convivencia y la economía, por no hablar de la crisis abierta en nuestro sistema político, pero el sainete continúa. No procede la aplicación de la dispensa para votar o ser investido presidente a un Puigdemont ausente de sede parlamentaria, porque no está incapacitado para hacerlo y no existe una razón real de fuerza mayor que se lo impida. Ni está gestando, ni a punto de dar a luz, ni recluido en un centro hospitalario. Está dándose una vuelta por Bélgica a donde ha decidido trasladarse por su propia voluntad; nada que ver con la situación de Junqueras, que está en prisión. El expresident se autoproclama exiliado político sin pestañear ante su afrenta a la memoria de Castelao o del mismísimo Tarradellas, por citar dos grandes ejemplos.

Es una ocurrencia más de quienes utilizan a las instituciones como escenario para representar guiones que llevan por bandera la media verdad -e incluso la mentira- siempre que sirva al fin que se persigue: a saber, mantener el espejismo de una utopía incumplible, al menos por ahora, que se llama República independiente de Cataluña. No se recuerda operación semejante de filibusterismo institucional, a través de golpes de efecto, ausencia total de transparencia y falacias como carretas distribuidas por mentideros, noticieros y delincuentes cibernéticos, ya sin telón de acero.Allá cada cual con su responsabilidad.

Seguir inventando estratagemas para sustituir la verdad por la ilusión es precipitarse hacia la nada. Mientras tanto, la falta de asunción de responsabilidades políticas por el 3 %, la Gürtel, los Eres u otras miserias, seguirán impunes. Si la ciudadanía no se lo toma en serio y empieza a salir a la calle para que esto cambie, aviados estamos.

No hay tiempo que perder

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La Voz de Galicia. Habitación propia. Opinión

MARÍA XOSÉ PORTEIRO 

Balance del procés: la derecha nacionalista del PDECat ha generado una crisis que deja escaldados a los independentistas por creerse el sueño que Carles Puigdemont convirtió en una pesadilla bufa. El líder de Esquerra Republicana, Oriol Junqueras, está en prisión por transgredir la ley que, como representante político, debería haber sido el primero en respetar y está pagando su delito con una dureza extrema. La izquierda anarco-nacionalista de la CUP roza la esquizofrenia ideológica pues no duda en apoyar a la derecha más oligárquica siempre que sea pro república, como si esta fuera a ser, por arte de magia, de izquierda y radical. La otra izquierda, llámese socialdemócrata, o socialista a la antigua manera, es decir, PSOE y Comunes, se han quedado sin discurso ante la eclosión sísmica de Ciudadanos, neoliberales puros y duros, no nacionalistas, rejuvenecidos y con el mayor número de escaños que jamás hayan obtenido en el Parlament. Y el PP casi desaparece en Cataluña, pero sale reforzado su Gobierno en España y ha conseguido poner a Mariano Rajoy al frente de la Generalitat.

 Este panorama era inimaginable hace tan solo tres meses y medio. La  hazaña secesionista ha sido nefasta para sus promotores porque no tenía fundamento, medios, ni estrategias realistas y realizables. La operación independentista se ha dado un tiro en el pie y pasará a un estado de letargo mientras se mantengan activos políticamente sus protagonistas. No en vano el ideólogo, Artur Mas, ha dado por segunda vez un paso al lado para volver a su bufete y defender otras causas, como buen Capitán Araña, que monta la tangana y se agazapa hasta ver el resultado. Si hubiera salido bien, sería gracias a él, pero como ha salido mal, la culpa es de los otros.

Hablando de culpas, Pablo Iglesias ha hecho una curiosa lectura de los malos resultados en Cataluña, porque reconoce que no lo hicieron bien sin explicar en qué consistió lo que estuvo mal. En el camino se le rompió el amor con Izquierda Unida y ha dejado a Ada Colau en una posición incómoda por demás, sabiendo que tiene que recomponer el perfil perdido y tal vez soñando con una Barcelona cada vez más ciudad estado, donde el mestizaje y el cosmopolitismo permitan un  voto cada vez más progresista y menos nacionalconservador. El espejismo de Miquel Iceta ha pasado al refrigerador y el inevitable cambio de liderazgo en el PP resulta irrelevante a tenor de los resultados que han cosechado.

Todavía hoy plantaría un árbol

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La Voz de Galicia. Habitación propia. Opinión

MARÍA XOSÉ PORTEIRO 

Le pedí a las reinas magas que me trajeran un lote de buenas prácticas para aportar mi granito de arena a que las niñas y los niños del mañana sigan viviendo en un medio natural tan privilegiado como el que yo recibí. Me han dejado una libreta llena de buenos propósitos que se parece mucho a la de años anteriores, basados en la fórmula de las tres erres: reducir, reutilizar, reciclar, y me he puesto a la tarea.

Con el cristal y el papel resulta más fácil pero los plásticos son muy complicados y están por todas partes: alimentos, productos de limpieza, envoltorios de todo tipo… el embalaje de lo cotidiano sigue estando hecho a base de petróleo y hay escasas garantías de que su reciclaje se haga correctamente. Vuelven las ganas de seguir con el cubo de toda la vida en lugar de ocupar la cocina con tres recipientes con bolsas de ¡plástico! amarillo, verde y azul. Por no hablar de esa nueva fuente de contaminación que consumimos con fruición y que se llama tecnología digital con el coltán como nueva espada de Damocles…

Pero sigo firme en mi propósito de actuar desde lo local para contribuir al objetivo global de cuidar al planeta porque cada uno de nosotros es un agente medioambiental en el día a día. Nuestro principal destinatario y gestor de residuos son los ayuntamientos que, según un reciente informe del Club de Roma, serán claves en la velocidad e intensidad con que siga avanzando el cambio climático. Para cumplir los retos del Acuerdo de París para 2050, nos advierte de que hay que dejar de considerar basura a los residuos domésticos y tratarlos como recursos de reutilización y reciclaje con los que realizar cambios sistémicos: Aumentar en un 25 % la eficiencia de los recursos; incrementar en otro 25 % las energías renovables en el llamado mix energético; alargar en un 50 % la vida útil de los electrodomésticos; y sustituir al menos en un 50 % la cantidad de las materias vírgenes en los procesos productivos para reemplazarlas por materia secundaria, recuperada en procesos de reciclaje.

Es probable que el desarrollo en un futuro inmediato suponga volver a métodos de los abuelos que vivieron la posguerra y nos contaron cómo se aprovechaba la ropa, que era pecado tirar la comida y que nadie necesitaba estar conectado 24 horas a un aparato electrónico. El próximo 6 de enero haré examen de conciencia pero mientras tanto, me apunto a la magia de lo posible mediante el cambio de hábitos y el compromiso colectivo. Porque, como Luther King, si supiera que el mundo se acaba mañana, todavía hoy plantaría un árbol.

Holocausto cotidiano

La Voz de Galicia. Opinión. Habitación propia

MARÍA XOSÉ PORTEIRO 

Es hora de hacer balance de los feminicidios, con polémica incluida sobre los criterios seguidos para elaborar las estadísticas. Las oficiales hablan de 48 víctimas y las no oficiales de 54, más ocho menores asesinados y 27 huérfanos. Donde dice víctimas, también debería decirse victimarios, pues sobre ellos ha de recaer la máxima preocupación social: en los últimos doce meses, en este país se ha incrementado en una cifra aproximada a 50 el número de asesinos extremadamente violentos siguiendo una tendencia estable, con subidas o descensos relativos desde que se computan, hace ya quince años. Hablamos de los causantes directos de otras tantas mujeres apuñaladas, estranguladas, precipitadas desde alturas mortales y otras formas que demuestran ensañamiento y la satisfacción criminal de tomar la justicia por la mano, en sentido literal.

Si es imprescindible visibilizar a las víctimas, no lo es menos examinar a los victimarios y ponerlos en el centro de la escena, bajo todos los focos: son extremadamente peligrosos para la sociedad que en buena parte aún los ve con indulgencia e incluso comprensión. Son matadores de mujeres, que parecen regirse por un mismo código que identifica a los miembros de tal sindicato del crimen.

Tienen fe absoluta en su legítimo derecho de propiedad de una mujer que debe morir si decide abandonarlo. Creen en la aceptación social de su supremacía. Se sienten legitimados y predestinados a hacer justicia que genere ejemplo y deje constancia pública del riesgo que asumen las que no comulguen con los preceptos por los que él y sus compinches se rigen. La antropóloga Françoise Heritier, fallecida recientemente, decía que la Humanidad es la especie más estúpida porque es la única donde los machos matan a sus hembras.

Es una verdad poco reflexionada que encierra preguntas de difícil respuesta ya que el hecho de tener una inteligencia superior no conlleva una superioridad conductual donde haya lugar para la ética; porque las y los machistas consiguen imponer sus condiciones; y porque este tipo de crímenes no provoca el mismo rechazo que los ideológicos, económicos o religiosos.

Tal vez existen razones muy simples que responden a una lógica primitiva donde lo habitual se considera normal. Es imprescindible y urgente combatir esta miserable mentalidad porque la violencia y el asesinato, en el ámbito de lo cotidiano es, si cabe, más monstruoso todavía. Aceptemos la cruda realidad de lo que la intelectual feminista María Xosé Queizán califica como holocausto femenino, tan antiguo como la propia memoria colectiva.

Pero para ello es preciso visibilizar y penalizar, tanto como sea posible, a los genocidas: cincuenta más, aquí y ahora. Y asumir que el silencio nos hace cómplices es algo más que el lema de una pancarta.