Angry white men: el choque de géneros (Tribuna Feminista-El Plural)

https://tribunafeminista.elplural.com/2019/03/angry-white-men-el-choque-de-generos/

Tribuna feminista. Opinión.

María Xosé Porteiro
Política, escritora y periodista.

27/03(2019

Cuando una referente internacional de los estudios feministas como la antropóloga Rita Segato advierte de que está en marcha una guerra contra las mujeres, la primera reacción es pensar que utiliza un eufemismo para enfatizar la importancia y urgencia de reaccionar contra el alarmante brote de misoginia constatado en los últimos tiempos. Pero no. Si donde ella habla de guerra decimos conspiración podría ser más fácil de asimilar. También Manuel Castells, sociólogo, abunda en una idea semejante cuando afirma que el ascenso de la ultraderecha en Europa y el continente americano responde a un objetivo predeterminado de restaurar el patriarcado tradicional, eliminando los derechos de las mujeres, en un proyecto coordinado y financiado por una red oculta de millonarios xenófobos y racistas que ven en él su última esperanza de supremacía. Castells afirma que se está forjando una conspiración contra la Europa del bienestar, para tener un grupo propio en el próximo Parlamento con representantes de partidos de ultraderecha. Se trataría de convertir la UE en un grupo de Estados que comparten determinados acuerdos, supeditados a los intereses nacionales, singularmente contra la inmigración, el Islam y el feminismo. Sobre este último objetivo, pretenden «la restauración del patriarcado tradicional, eliminando la protección a los derechos homosexuales y a las mujeres».

Steve Bannon, ex-estratega de Trump, sería el tejedor de este proyecto después de abandonar al presidente de los EUA por peleas internas, pero convencido de que puede trasladar a la UE, un «Movimiento» (así se llama su fundación) a favor del supremacismo blanco, cristiano y viril. El caldo de cultivo le es propicio y tiene un pie en Bruselas, desde donde comanda la construcción de una base operativa común con la adhesión de líderes de la extrema derecha en Italia, Turquía, España, el Reino Unido, Holanda, Alemania y Francia. También mantiene relaciones fluidas con formaciones de extrema derecha de Polonia, Finlandia, Suecia, Noruega, Austria o la República Checa. Su objetivo es llegar a tener un grupo antieuropeo en el mismísimo Parlamento Europeo luego de las elecciones de mayo próximo. La otra pata de su proyecto estaría en Roma, donde Bannon estableleció una alianza con los cardenales que lideran la rebelión contra lo papa Francisco.

El movimiento feminista sabe que está en la diana de fuerzas poderosas y con pocos escrúpulos. El sociólogo norteamericano Michael Kimmel explica que la nueva explosión del feminismo generó un grupo que el combate: los AWM (angry white men, hombres blancos enfadados) porque se les cuestiona «todo lo que habían aprendido sobre cómo ser hombres y se sienten víctimas, vulnerables, amenazados, y asustados». El politólogo español Andrés Ortega anuncia que «hay un cambio cultural y el choque ahora no es de civilizaciones, sino de género».

Las citas de autoridad no dejan lugar al escepticismo. Con menos mimbres se han construido absurdas teorías conspiranoicas pero, en esta ocasión, podemos estar ante un hecho a considerar: la pandemia del feminicidio no hace sino avanzar y la violencia machista se acentúa hasta límites -insospechados solo quince o veinte años atrás-, en todas sus formas en las relaciones personales, sentencias judiciales, violencia sexual extrema desde la más tierna infancia o el tráfico y esclavitud de mujeres para la industria sexual. Para corroborarlo, he ahí el auge del negacionismo de la discriminación y de la injusticia de género, prevalente en las sociedades de cualquier lugar del mundo. Un auténtico ejército ataca por tierra, mar y aire las mujeres que luchan por acelerar un cambio social imprescindible y civilizatorio que cuestiona, también, los pilares del neoliberalismo, rampante y deshumanizado. El objetivo sería desarmar y derrotar al feminismo, para lo cual cuentan con muchos recursos, una total falta de escrúpulos, y prisa. Mucha prisa.

El sociólogo Michael Kimmel señaló otro fenómeno interesante: la reacción contra las reivindicaciones feministas de los hombres blancos enfadados: los Angry White Men, en USA, vulnerables y asustados ante un nuevo escenario en el que pierden terreno frente a mujeres que reclaman cuotas equitativas de poder y exigen nuevas reglas de juego, porque “todo lo que aprendieron sobre cómo ser un hombre, está en cuestión (…) a la aristocracia le gusta la meritocracia y eso es lo que acontece con los hombres que siempre estuvieron en la supremacía sin que nadie se lo disputara”. Habían votado en masa a Trump, a Bolsonaro, a la ultraderecha en Hungría, o se sientan representados por Le Pen en Francia y Vox en España.

Kimmel se pregunta si hay motivo para sentirse amenazados y el politólogo Andrés Ortega ofrece una respuesta: “La frustración de los hombres se convirtió en un fenómeno común en las sociedades occidentales. Ven como se expande la educación mixta. Ellas obtienen mejores notas y mejores resultados en las oposiciones, arrasan en Medicina o en las carreras judiciales (…) Se produjo un gran cambio cultural y el choque ahora no es de civilizaciones, sino de géneros. La mujer quiere un lugar similar y hay una parte de los hombres que se sienten amenazados”. No por casualidad, Vox pide la derogación de la legislación contra la violencia de género, avalada por el Tribunal Constitucional y puestas en marcha ante una realidad de cerca de mil víctimas desde que hay registros (2003); o cuestiona el aborto libre, la paridad o las subvenciones para colectivos feministas a lo que acusa de amiguismo” en las instituciones gobernadas por la izquierda.

Una variante sobre el mismo tema aparece dos siglos después de los primeros movimientos sufragistas, cuando, sin cuestionar el derecho al voto ni al trabajo de las mujeres, se ponen en entredicho que aún haya que combatir la discriminación.

“Detrás de los Angry White Men o de Vox no hay, necesariamente, hombres que digan que las mujeres son inferiores, sino que cuestionen que sea cierto que mantengan más privilegios o que aún sea necesario luchar por la paridad”, explica la politóloga de la Universidad Autónoma de Barcelona y editora, Berta Barbet. “En España -dice-, la brecha salarial es de un 16% y el porcentaje de mujeres en cargos directivos, de un 27%. No valle convertir el feminismo en chivo expiatorio. Esto no es una guerra de sexos, es una cuestión de justicia”.

UNA MIRADA LATINOAMERICANA

En el IGADI Annual Report 2018-2019 (Informe Anual sobre política exterior del Instituto Gallego de Análisis y Documentación Internacional) sobre “América Latina y El Caribe: agenda feminista” he publicado recientemente que ”están siendo el laboratorio de la extrema derecha que ve al feminismo como la mayor amenaza para los intereses de la cosmovisión patriarcal, sin duda, alertados por la fuerza, cada vez mayor, de las organizaciones feministas que nuclean alrededor de sí, las mejores vindicacións históricas de la izquierda: el ecologismo, la justicia social y los derechos humanos en su conjunto.”

Se constata la existencia de una guerra feminicida en América Latina y el Caribe. En 1993 apareció el cuerpo de Alma Chavira en Ciudad Juárez (México) y en los veinticinco años transcurridos desde entonces, las asesinadas son cerca de 2.000. Mientras tanto, algunos nombres sonoros de políticas y activistas sociales señalan la dureza de la lucha feminista en el territorio: la política brasileña Marielle Francisco de la Silva, asesinada en marzo de 2018, socióloga, feminista y militante de los derechos humanos y política brasileña. Berta Cáceres, asesinada en marzo de 2016, líder indígena, feminista y activista ecologista hondureña. En ambos casos, la violencia asesina fue promovida por estamentos militares, políticos y corporaciones multinacionales.

En la que se considera la causa más frecuente de violencia de género en el mundo: la que se de la en el entorno familiar o afectivo de las víctimas, las cifras oficiales del Observatorio de Género de la CEPAL indican que solo en 2017 se registraron 2.795 feminicidios en veintitrés países.

La violencia machista tiene otras caras: una, muy preocupante, la institucional por falta de amparo de los derechos que garantizan la vida de las mujeres, como acontece con la legislación prohibicionista o sumamente restrictiva, respecto del aborto. Solo es legal en México D. F, Cuba y Uruguay. En Chile y Argentina está abierto el debate para su regulación, mas aún en dura confrontación con los respectivos parlamentos; en Bolivia se están dando algunos avances, y en otros países con regímenes de izquierda, como Venezuela o Nicaragua, está prohibido absolutamente. La estos indicadores podrían añadirse los de la violencia sexual: mas de un millón de niñas y adolescentes son víctimas y una de cada cuatro contrae matrimonio siendo menores de edad (UNICEF, 2017).

Las cifras dibujan un panorama estremecedor en el que la militancia y la movilización feminista están emergiendo como un movimiento de gran intensidad, con características propias respecto de Europa o los EUA, y también con casuísticas propias según los países. Coincide, en todo caso, con la emergencia de liderazgos intelectuales y políticos como Marcela Lagarde o Rita Segato, por significar a un grupo de filósofas, sociólogas, politólogas, comunicadoras, que aportan hondura y renovación a conceptos y definición de situaciones, aunque siguen siendo ignoradas por los ambientes académicos o políticos convencionales.

América Latina y el Caribe están siendo el laboratorio de la extrema derecha que ve el feminismo como la mayor amenaza para los intereses de la cosmovisión patriarcal, sin duda, alertados por la fuerza, cada vez mayor, de las organizaciones feministas que nuclean, alrededor de sí, las mejores vindicaciones históricas de la izquierda, especialmente el ecologismo, la justicia social y los derechos humanos en su conjunto.

La respuesta masiva a la convocatoria de 8 de marzo de 2018, o las movilizaciones a favor del aborto en Argentina, demostraron una capacidad de respuesta impresionante: una marea violeta, con pañuelos verdes también para identificar a las pibas argentinas, dejó la imagen de una avalancha de mujeres -la mayoría muy jóvenes- que toman las calles, corean consignas, acampan al lado de los Parlamentos, alzando los puños con el emblema del círculo finalizado con una cruz que identifica al feminismo.

La singularidad de esta situación es que el patriarcado se rearma con la ultraderecha pero está consentido y apoyado por una parte de la izquierda latinoamericana. El aborto es el mejor ejemplo. Todo, trufado por la complicidad de las iglesias evangélica y católica, por acción u omisión. Y sostenido por poderes económicos que ven con temor la alianza entre el feminismo y el ecologismo. Lo que acontece en América Latina es crucial para el futuro de la Humanidad. En el caso del feminismo, también.

¿Y EN ESPAÑA QUÉ?

España no está ajena a este giro que se comienza a identificar y denunciar con alarma por muchos sectores del feminismo ante la contaminación de las organizaciones por grupos destinados a romperlas. Es un intento de desmontar la unidad de acción -sorprendentemente intuitiva y unánime- de una movilización nunca vista, que produjo protestas masivas en sociedades diversas y consiguió unir a millones de mujeres en todo el planeta para rebelarse contra el machismo y la misoginia. Hay un antes y un después de las movilizaciones de 2017 -tras la elección de Trump como presidente de los EEUU-, y las de los 8 de Marzo de 2018 y 2019, que alertaron sobre el poderío y capacidad de respuesta del 52% de la población mundial. No se trata de un optimismo infantil, pues ya se sabe que no todas las mujeres luchan en la misma dirección.

En nuestro país se consideran feministas el 60%. Buena y mala noticia, claro, porque eso advierte de la falta de normativización y condiciones sobre qué es ser feminista y contra qué hay que luchar, pero es un cambio relevante. La cuarta Ola será la de la consolidación e incorporación del feminismo a los estudios universitarios desde todos sus poliédricos enfoques, a su generalización como norma social donde la discriminación esté fuera de lo socialmente admitido y cualquier tipo de violencia por razón de género sea motivo de persecución y sanción. En mi opinión, el proceso es imparable pero no debemos olvidar una advertencia importante que me comentaba mi buena amiga, Secretaria de Igualdad y directora del Instituto de la Mujer en tiempos de Rodríguez Zapatero. Me refiero a la abogada feminista, Laura Seara: “el feminismo, sí quiere ser transformador, debe detectar las trampas que nos ponen desde lo patriarcado y la reacción ante ellas es tarea nuestra. Mucho cuidado con negar la categoría ”mujeres”. No podemos desdibujarnos y diluirnos en otros debates como los de la identidad sexual”

A MODO DE CONCLUSIÓN

Estamos en tiempos de grandes cambios sociales, que en otros artículos he comparado con la Revolución Francesa. No va a ser fácil porque a los privilegios es difícil renunciar, pero a este “choque de géneros” se está respondiendo con movilizaciones masivas de miles de mujeres de todas las edades y diferente condición -muchas, con sus compañeros y criaturas- que ocupan las calles cantando, vestidas de lila y violeta, sin violencia y proclamando la llegada de una civilización más justa, sin dejar de recordar que en el supremacismo machista las víctimas mortales están, en un 99 %, del lado de las mujeres.

Ya veremos la repercusión que esta confrontación tendrá en la politica de los diferentes países donde el feminismo ha llegado para quedarse. Como reacción a Trump, en las recientes legislativas de los EUA entraron en el Congreso más de un centenar de mujeres entre las que hay lesbianas, indígenas, musulmanas, emigrantes y, notablemente, jóvenes. En Argentina habrá elecciones en octubre donde veremos el siguiente proceso latinoamericano de ratificación -o cambio- del supremacismo misógino que comparte Mauricio Macri, y en España hay elecciones legislativas el 28 de abril y locales y autonómicas el 26 de mayo, cuando la fórmula Vox pasará la prueba del algodón.

La política puede darnos aun muchas sorpresas.

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A versión máis latina de Trump

https://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2018/10/31/version-mais-latina-trump/0003_201810G31P24992.htm

La Voz de Galicia. Opinión. Habitación propia.
MARÍA XOSÉ PORTEIRO 

Os partidos tradicionais que responden á confrontación e alternancia entre opcións de esquerda-dereita semellan quedar ancorados no século pasado. O actual está a contextualizar a crise dos históricos sistemas democráticos con representación de partidos convencionais. Os avances de opcións políticas de extrema dereita, ou mesmo neofascistas, en Europa, xa deron un sinal de alarma que confirmaba que a era Trump viñera para crear tendencia. Bolsonaro está chamado a ser un dos seus referentes nos países de economías emerxentes con grandes expectativas de crecemento económico -o que non sempre vai ligado ás melloras sociais-. Ese crecemento nun país con bolsas inesgotables de petróleo, autosuficiencia enerxética e unha das maiores reservas de madeira e auga do mundo, podería facerse con criterios medioambientais ou con maior explotación dos recursos e lucro inmediato para os capitais que apoiaron a súa campaña electoral.

O que aconteza no Brasil en materia de medio ambiente terá unha inmediata repercusión no resto do mundo, e esa será unha das claves a contemplar da nova etapa que ameaza, sen ambaxes, a un maior crecemento das clases medias polo modelo de sociedade que proclama. Un modelo que responde, sen dúbida, a unha maioría de votantes que en sucesivas enquisas viñan demostrando que a confianza na fórmula democrática caera até os niveis máis baixos, con máis dun 40 % afirmando nas enquisas que estarían dispostos a asumir un golpe militar «para combater o crime e a corrupción».

O tempo que abre a vitoria de Bolsonaro, a versión máis latina de Trump, aféctanos en termos de esixencia de calidade democrática, de acción exterior e de impacto sobre a nosa economía, nomeadamente a vinculada á cultura e aos intereses dos galegos residentes alí. Nos tres institutos Cervantes radicados naquel país, a área de lingua galega e as relacións económicas derivadas da cultura estaban chamadas a ser unha parte cada vez máis importante, logo do achegamento de Galicia cara á comunidade dos países de lingua portuguesa e a aposta decidida do novo director da institución, Luis García Montero, por abrir maiores espazos á nosa lingua. Galicia, un país pequeno, ten alí unha importante representación de 48.000 residentes con relevancia indiscutible en Baía, onde crearon importantes institucións sanitarias e asistenciais, e con presenza importante en Río de Janeiro ou Santos, como colectividade de doada integración por compartirmos o tronco común da nosa fala, e con embaixadoras do talle internacional da escritora Nélida Piñon.

O que aconteza no Brasil é de suma importancia para a axenda política galega e para a nosa propia axenda emocional e persoal.

A xangada de pedra no camiño da Unión de Estados Ibéricos / La balsa de piedra hacia la Unión de Estados Ibéricos

Versión en castelán ao remate da versión galega*

Tempo exterior: Revista de análise e estudos internacionais

http://www.igadi.org/web/analiseopinion/a-xangada-de-pedra-no-camino-da-union-de-estados-ibericos

IGADI. Tempo Exterior. Revista de análise e estudos internacionais. Opinión e análise.
A xangada de pedra no camiño da Unión de Estados Ibéricos.
María Xosé Porteiro. Membro do Consello Reitor do IGADI.
6 de xuño, 2018.

O contexto internacional máis próximo, está a mudar, superado o statu quo saído da segunda guerra mundial e despois da caída do muro de Berlín no século pasado. A actual globalización económica impón novos procesos e hai tensións centrífugas e centrípetas na visión e conformación das realidades nacionais, e tamén nas plataformas multilaterais. O poder dos Estados-Nación baseáse nas súas fortalezas armamentística e económica, pero emerxen outros conceptos como o poder dimanado da capacidade para ter influencia. Isto é: xerar modelos distintos, imaxinar escenarios atrevidos, atopar oportunidades novas… que posibilitan outro tipo de alianzas estratéxicas cara ao futuro ás que hai que adiantarse para non perder esa posibilidade de influencia.

Unha destas mudanzas radica en que a Unión Europea deixe de ser o embigo do mundo desenvolvido pero mantendo unha posición prevalente para o que precisa desprenderse do eurocentrismo, convertido nun egocentrismo cego perante as novidades que experimenta o panorama internacional. Así o anuncian as súas reiteradas actuacións por fóra dos obxectivos fundacionais, como a incapacidade con que aborda o dereito de asilo para as persoas refuxiadas, ou o desinterese polas persoas con que se impuxeron as medidas anti-crise. Neste contexto, a esquerda europea aparece cun progresivo declive desde a fin da guerra fría. Fracasados os proxectos comunistas ou do “socialismo real”, os partidos socialistas europeos afastados do marxismo-leninismo deron paso a proxectos socialdemócratas, con vocación de ocupar o centro político, coa que xustificaron reiterados pactos con dereitas máis ou menos aceptables a prol da “estabilidade”, ata chegar a actual situación de estancamento e perda de peso no conxunto da esquerda internacional fronte ao éxito dos modelos neo conservadores que afirman a vixencia dos sistemas capitalistas.

Neste contexto, a extraordinaria posición xeoestratéxica da península ibérica, de vital importancia pola a veciñanza e conectividade con África, o Arco Atlántico, as relacións transatlánticas, con iberoamérica e coa África lusófona, aparece como unha oportunidade á que se debe engadir o feito de que os estados español e portugués conforman un grande espazo cultural que ten tamén un innegable potencial económico, e unha hipoteticamente importante capacidade de influencia. Neste enfoque, Galiza ocupa -ou debera ocupar- un lugar preminente por ser o ponto de encontro histórico de ambas as dúas culturas, das que participa sen perder a súa persoalidade, e doadamente podería aspirar a converterse na conexión natural entre pobos que viviron de costas durante séculos.

Doutra banda, pero simultaneamente, o estado español está a comezar unha nova Transición con características distintas á do 78 porque chega en democracia, cunha cidadanía madura e afeita a pensar desde os dereitos recoñecidos, con máis cultura política e con ferramentas abondo para conformar o seu criterio e convertilo en votos. Isto pasa cando a descentralización do Estado español, a partir do anterior consenso constitucional, é cuestionada por non dar resposta a demandas que truncou o golpe militar contra a segunda república. Esta fórmula, que resultou útil durante catro décadas demostrou, co tempo, que non zanxaba asuntos pendentes que se reactivaron sen atopar unha resposta política consonte coa súa trascendencia. A cuestión territorial é o gran problema pendente en Catalunya e Euskadi, non tanto na Galiza actual mália que na etapa anterior as vindicacións ían a un ritmo semellante, e está a ser, de facto, o motivo principal de desencontro e inestabilidade política a día de hoxe, unido ás consecuencias económicas e sociais da crise económica e institucional derivada do crack de 2008 e a febleza da UE e das alternativas de esquerda no novo panorama económico e político.

As fórmulas ofrecidas pola UE para a saída da crise resultaron eficaces desde o ponto de vista da oligarquía económica pero supuxeron un alto prezo para as clases medias e baixas dos países con menor capacidade de resistencia, nomeadamente Grecia e Portugal, e tamén España, mália ser a cuarta economía da Unión. España sofriu un grave castigo pola sumisión gubernamental ante os ditames externos. O PP gañara as eleccións de 2011 cun discurso que desacreditaba aos gobernos de esquerdas anteriores facéndoos culpables dunha crise cuxo impacto xerou perdas terribles en fuxida de talentos, aparición dos traballadores pobres, empobrecemento xeralizado da cuarta parte da poboación, a crise das pensións, o insoportable endebedemento público, mentres as grandes fortunas viron medrar expoñencialmente as súas gañancias e a propia banca recibíu inxeccións millonarias a costa do sacrificio da poboación que honradamente pagou -e segue a pagar, a parte máis dura destas medidas-. A emerxencia de novos partidos, tanto no arco da dereita como da esquerda, non resolveu esta tensión que, incluso, medrou pola inexperiencia no exercicio da política das institucións das forzas emerxentes. E en paralelo á dura xestión da crise, agromou o fenómeno da corrupción xeneralizada desde as institucións ou a insumisión fiscal de grandes capitais, coa consecuente perda de confianza da cidadanía no relativamente recente sistema democrático.

A opción progresista de Grecia frustouse por un premeditado acoso e derrubo que sumíu ao país nunha situación de apatía e desesperanza da que vai saíndo moi de vagar, cun terrible custe social e o descrédito da “nova política”. Dos tres países, só o caso portugués desmontou a Idea instalada na opinión pública, por mor da teimuda xustificación emanada do Banco Central Europeo, do FMI e dos grupos de presión financeiros e comerciais afíns á dereita política, da inviabilidade das políticas progresistas. Tamén hai que considerar que en Portugal non tiveron que afrontar problemas estructurais coma o soberanista en España.

Pero ainda que as situacións non son idénticas, España e Portugal teñen similitudes que farían posible un entendemento a futuro de ambos os gobernos. Desde unha perspectiva conxuntural, hai que ter en conta o xiro que supuxo a moción de censura do 31 de maio, para a alternancia das políticas conservadoras con outras, previsiblemente, das esquerdas, para o que Portugal pode servir como inspiración dado o éxito das súas fórmulas para a gobernanza e a confluencia ideolóxica. E cunha visión máis ampla, volvendo a análise anterior da posición conxunta xeoestratéxica e cultural, e desde un ponto de vista desprexuizado e abondo ambicioso, podería pensarse na oportunidade duha posible alianza política que lembraría aquela jangada de pedra que maxinara Saramago cando, en 1986, España e Portugal entraron na UE.

A propia evolución da situación política no mundo, e nomeadamente neste caso que nos ocupa de Portugal e España cos seus propios procesos internos no contexto da crise europea, abre un espazo de oportunidade para configurar unha nova realidade política, cultural e económica, mediante o establecemento dunha folla de ruta entre Galicia, Euskadi, Cataluña, o resto de España, e Portugal, cara a constitución -nun futuro non inmediato pero tampouco tan lonxano- dunha confederación ibérica de nacións, ou unha confederación de pobos ibéricos. O seguinte chanzo podería ser o paso da monarquía española a unha república federalque se integraría naqueloutra confederación maior. Pero iso requeriría de máis tempo. En todo caso, a resultante debera ser unha Unión de Estados Ibéricos que permitiría avanzar, a maiores, cara a creación dun ente plurinacional e multilateral, ao xeito da Commonwealth, onde se puidesen incorporar aqueles países de todas as linguas e culturas ibéricas para conformar unha rede de apoio mutuo e comercial que daría unha posición de forza e influencia mundial a un novo espazo común multibérico. Sempre salvagardando a propia soberanía, pero como unha alianza que teña en conta -e saiba rendabilizar- a forza da súa unión. Falamos de oitocentos millóns de falantes en español, portugués e galego, sen esquecer o euskera e o catalán e un territorio extendido por catro continentes.

Se cadra, non é tempo de andar con ensoñaciónse, pero cando alguén pensou que para ser cidadán non tiña por que nacer nun berce aristocrático, tamén estaba a ter un soño semellante. Ou cando alguén chegou á conclusión de que o feminino non era un sexo secundario, senón igual ca o masculino, estaba a ter unha ocurrencia similar, como tamén aconteceu cando alguén soñou unha noite que a cor ou a raza non podían ser causa de inferioridade. Para que os soños se fagan realidade, primeiro hai que telos e procurar que congreguen a xente loitadora, capaz de avanzar porque crea neles e na posibilidade de darlle a volta en positivo a situacións ata o daquela nunca abordadas.

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*Traducción al castellano:

LA BALSA DE PIEDRA HACIA LA UNIÓN DE ESTADOS IBÉRICOS

El contexto internacional más próximo está cambiando, superado el  statu  quo salido de la segunda guerra mundial y después de la caída del muro de Berlín en el siglo pasado. La actual globalización económica impone nuevos procesos y hay tensiones  centrífugas y  centrípetas en la visión y conformación de las realidades nacionales, y también en las plataformas multilaterales. El poder de los Estados-Nación  se basa en sus fortalezas  armamentística y económica, pero emergen otros conceptos como el poder  dimanado de la capacidad para tener influencia. Esto es: generar modelos distintos, imaginar escenarios atrevidos, encontrar oportunidades nuevas… que posibilitan otro tipo de alianzas estratégicas hacia el futuro a las que hay que adelantarse para no perder esa posibilidad de influencia.

Uno de estos cambios radica en que la Unión Europea deje de ser el ombligo del mundo desarrollado pero manteniendo una posición  prevalente para lo cual precisa desprenderse del  eurocentrismo, convertido en un  egocentrismo ciego, ante las novedades que experimenta el panorama internacional. Así lo anuncian sus reiteradas actuaciones que la alejan de sus objetivos fundacionales, como la incapacidad con que aborda el derecho de asirlo para las personas refugiadas, o el desinterés por las personas con que se impusieron las medidas  anti-crisis. En este contexto, la izquierda europea aparece con un progresivo declive desde el fin de la guerra fría. Fracasados los proyectos comunistas o del “socialismo real”, los partidos socialistas europeos alejados del marxismo- leninismo dieron paso a proyectos socialdemócratas, con vocación de ocupar el centro político, con la que justificaron reiterados pactos con derechas más o menos aceptables a favor de la “estabilidad”, hasta llegar la actual situación de estancamiento y pérdida de peso en el conjunto de la izquierda internacional frente al éxito de los modelos  neo conservadores que afirman la vigencia de los sistemas capitalistas.

En este contexto, la extraordinaria posición  geoestratéxica de la península ibérica, de vital importancia por los países vecinos y por su conectividad con África, el Arco Atlántico, las relaciones trasatlánticas, Iberoamérica y el África  lusófona, aparece como una oportunidad a la que se debe añadir el hecho de que los estados español y portugués conforman un grande espacio cultural que tiene también un innegable potencial económico y una, hipotéticamente, importante capacidad de influencia. En este enfoque, Galicia ocupa -o debera ocupar- un lugar  preminente por ser el  punto de encuentro histórico de ambas culturas, de las que participa sin perder su  personalidad y fácilmente podría aspirar a convertirse en la conexión natural entre pueblos que vivieron de espaldas durante siglos.

Por otro lado, pero simultáneamente, el estado español está comenzando una nueva Transición con características distintas a la del 78 porque llega en democracia, con una ciudadanía madura y acostumbrada a pensar desde los derechos reconocidos, con más cultura política y con herramientas suficientes para conformar su criterio y  convertirlo en votos. Esto ocurre cuando la descentralización del Estado español, a partir del anterior consenso constitucional, es cuestionada por no dar respuesta a demandas que truncó el golpe militar contra la segunda república. Esta fórmula, que resultó útil durante cuatro décadas, demostró, con el tiempo, que no  zanjaba asuntos pendientes que se reactivaron sin encontrar una respuesta política en consonancia con su  trascendencia. La cuestión territorial es el gran problema pendiente en Catalunya y Euskadi, no tanto en la Galicia actual, pese a que en la etapa anterior las  reivindicaciones iban a un ritmo semejante, y está siendo, de facto, el motivo principal de desencuentro e inestabilidad política a día de hoy, unido a las consecuencias económicas y sociales de la crisis económica e institucional derivada del  crack de 2008 y la debilidad de la UE y de las alternativas de izquierda en el nuevo panorama económico y político.

Las fórmulas ofrecidas por la UE para la salida de la crisis resultaron eficaces desde el  punto de vista de la oligarquía económica pero supusieron un alto precio para las clases medias y bajas de los países con menor capacidad de resistencia, especialmente Grecia y Portugal, y también España,  aún siendo la cuarta economía de la Unión. España  sufrió un duro castigo por la  sumisión  gubernamental ante los dictámenes externos. El PP había ganado las elecciones de 2011 con un discurso que desacreditaba a los gobiernos de izquierdas anteriores haciéndolos culpables de una crisis cuyo impacto generó pérdidas terribles en huida de talentos, aparición de los trabajadores pobres,  empobrecemento  generalizado de la cuarta parte de la población, la crisis de las pensiones, el insoportable  endeudamiento público… mientras las grandes fortunas vieron crecer  exponencialmente sus  ganancias y la propia banca  recibió inyecciones millonarias a costa del sacrificio de la población que honradamente pagó -y sigue pagando, la parte más dura de estas medidas-. La emergencia de nuevos partidos, tanto en el arco de la derecha como de la izquierda, no resolvió esta tensión que, incluso, creció por la inexperiencia en el ejercicio de la política en las instituciones de las fuerzas emergentes. Y en paralelo a la dura gestión de la crisis, apareció el fenómeno de la corrupción generalizada desde las instituciones o la insumisión fiscal de grandes capitales, con la consecuente pérdida de confianza de la ciudadanía en el relativamente reciente sistema democrático.

La opción progresista de Grecia se frustró por un premeditado acoso y derribo que  sumió al país en una situación de apatía y desesperanza de la que va saliendo muy lentamente, con un terrible coste social y el descrédito de la “nueva política”. De los tres países, sólo el caso portugués desmontó la idea instalada en la opinión pública, por mor de la empecinada justificación emanada del Banco Central Europeo, del FMI y de los grupos de presión financieros y comerciales afines a la derecha política, de la inviabilidad de las políticas progresistas. También hay que considerar que en Portugal no tuvieron que afrontar problemas  estructurales como el soberanista en España.

Pero  aunque las situaciones no son idénticas, España y Portugal tienen similitudes que harían posible un entendimiento a futuro de ambos gobiernos. Desde una perspectiva coyuntural, hay que tener en cuenta el giro que supuso la moción de censura de 31 de mayo, para la alternancia de las políticas conservadoras con otras, previsiblemente, de izquierdas, para lo cual Portugal puede servir como inspiración dado el éxito de sus fórmulas para la  gobernanza y la confluencia ideológica. Y con una visión más amplia, volviendo el análisis anterior de la posición conjunta  geoestratéxica y cultural, y desde un  punto de vista  desprejuiciado y bastante ambicioso, podría pensarse en la oportunidad  de una posible alianza política que recordaría aquella Jangada de pedra (Balsa de piedra) que imaginara Saramago cuando, en 1986, España y Portugal entraron en la UE.

La propia evolución de la situación política en el mundo, y notablemente en este caso que nos ocupa de Portugal y España con sus propios procesos internos en el contexto de la crisis europea, abre un espacio de oportunidad para configurar una nueva realidad política, cultural y económica, mediante el establecimiento de una hoja de ruta entre Galicia, Euskadi, Cataluña, el resto de España, y Portugal, hacia la constitución -en un futuro no inmediato pero tampoco tan  lejano- de una confederación ibérica de naciones, o una confederación de pueblos ibéricos. El siguiente escalón podría ser el paso de la monarquía española a una república  federal que se integraría en aquella otra confederación mayor. Pero eso requeriría de más tiempo. En todo caso, la resultante debería ser una Unión de Estados Ibéricos que permitiría avanzar, a mayor abundamiento, hacia la creación de un ente plurinacional y multilateral, al estilo de la  Commonwealth, donde se pudieran incorporar aquellos países de todas las lenguas y culturas ibéricas para conformar una red de apoyo mutuo y comercial que daría una posición de fuerza e influencia mundial a uno nuevo espacio común  multibérico. Siempre salvaguardando la propia soberanía, pero como una alianza que tenga en cuenta -y sepa  rentabilizar- la fuerza de su unión. Hablamos de ochocientos millones de hablantes en español, portugués y gallego, sin olvidar el  euskera y el catalán, y un territorio  extendido por cuatro continentes.

Tal vez no estemos en tiempo de andar con  ensoñaciones, pero cuando alguien pensó que para ser ciudadano no tenía por quénacer en una cuna aristocrática, también estaba teniendo un sueño semejante. O cuando alguien llegó a la conclusión de que el femenino no era un sexo secundario, sino igual que el masculino, estaba teniendo una  ocurrencia similar, como también aconteció cuándo alguien soñó una noche que el color o la raza no podían ser causa de inferioridad. Para que los sueños se hagan realidad, primero hay que tenerlos y procurar que congreguen a gente luchadora, capaz de avanzar porque crea en ellos y en la posibilidad de darle la vuelta en positivo a situaciones hasta entonces nunca abordadas.

Construyendo la Matria (Terra, un planeta mulher. Brasilia, 2012)

A profesora María José Guerra lémbranos no FB que hoxe, 30 de marzo, no día da campaña da @REF_Filosofia (#Lasmujerestambiénpiensan #MarzoMujeresFilosofía), dedícase a unha pensadora ecofeminista. Eu non me adico profesionalmente á fiolosofía, pero si son unha pensadora ecofeminista e esta é a miña aportación ao Ecofeminismo, o movemento imprescindible para cambiar unha sociedade que está nunha deriva suicida. É o texto dunha poñencia que preparei para ser presentada no encontro internacional “TERRA, UN PLANETA MULHER” celebrado en Brasilia en xuño de 2012 como preparatorio do Cumio Mundial sobre o clima “RÍO+20”, organizado pola arquitecta brasileira Flavia Portela.

CONSTRUYENDO LA MATRIA.

Un modelo alternativo para el desarrollo y la convivencia, justo, sostenible – y no excluyente porque deseamos tener una buena vida sobre el planeta Tierra.

Proverbio birmano: Pensamos que llegó el alba cuando el gallo canta, pero es al revés. El gallo canta cuando sale el sol.

I. DÓNDE

La manzana de Blancanieves, el monstruo de Frankenstein y la profecía autocumplida (Pedro y el lobo)

Los sistemas productivo, comercial y de consumo de los que se han beneficiado sobre todo las potencias colonizadoras a lo largo de la historia de la Humanidad, y muy principalmente durante los siglos XIX y XX -que nos són más próximos- constituyen una herencia envenenada para los pueblos que la han sufrido y que tienen que reinventar y decidir sus modelos sociales, económicos, estratégicos… para garantizar derechos básicos: a la vida, a la alimentación, a la salud, a la biodiversidad o al agua,  precisamente ahora, cuando corren un peligro más que cierto porque el cambio climático y sus consecuencias sobre la vida en el planeta son algo más que una amenaza.

Precisamente ahora, cuando la mayoría de los medios tecnológicos, del know-how, de los sistemas de producción, de la  I+D+i (investigación +  desarrollo + innovacón) siguen estando en manos de unos pocos, mientras que más de las tres cuartas partes de los habitantes de la Tierra no pueden disponer de medios de vida, de mejoras en sus expectativas y de garantías para su sostenibilidad, pese al expolio de recursos que son de todos y a la administración, gestión y comercialización interesada por parte de  quienes quitan y ponen gobiernos a su antojo.

Los gobiernos –también los elegidos democráticamente- están muy condicionados por las grandes corporaciones económicas que sólo pretenden el lucro inmediato para los mismos beneficiarios de siempre.

Veamos un caso no por más conocido menos escandaloso: el inconcebible poder de las mafias farmacéuticas que deciden dónde y quiénes se benefician de los avances científicos. Que determinan en qué momento, por qué razones y para qué objetivos se abandona la investigación de recursos sostenibles y no químicos para la sanación de las enfermedades.

Preguntémonos por qué estamos sometidos al predominio de la fármacoindustria, que además no oculta que nos causa serios efectos secundarios a cambio de curarnos de las enfermedades de moda en cada momento, a sabiendas de que garantiza así su existencia porque siempre tendremos que recurrir a nuevos productos: cuando nos hayamos curado la gripe tendremos molestias gástricas; cuando nos den quimioterapia para luchar contra un cáncer, deberemos desintoxicarnos durante mucho tiempo con otros medicamentos; cuando queramos morir dignamente nos seguirán invadiendo con productos que nos harán llegar a la tumba con los órganos internos deshechos y envenenados; cuando queramos parir de forma natural, estimularán entre la clase médica la conveniencia de inducir a la cesárea porque se puede programar y porque genera más gasto clínico para  la madre y la hace más vulnerable durante más tiempo. Y cuando busquemos terapias alternativas nos dirán que estamos chifladas y nos augurarán grandes males.

Mientras tanto siguen fabricando conservantes, estabilizantes y venenos varios para adulterar nuestra alimentación que ingerimos inocentemente, fascinadas por la belleza de la manzana de Blancanieves, roja, brillante, reluciente, pero sin un gusanito dentro que nos garantice que se puede comer.

Es una guerra que se fundamenta en la dominación de las “personas” en tanto que “consumidoras”, demandantes de bienes de consumo que nos harán la vida “más cómoda”, que nos harán sentir “más bellas”, que nos harán dependientes de este sistema porque promete llevarnos al mundo feliz (releamos a Aldous Huxley).

Es la ofensiva del poder sin compromiso con nada ni nadie, solo consigo mismo.

Es la mordaza que supone el ocultamiento o la manipulación informativa de estos asuntos que son los verdaderamente importantes.

Es el lavado de cerebro producido por  nuevas drogas psicológicas y la imposición de estándares sociales para que dediquemos cada vez más tiempo y recursos a creer que podremos ser jóvenes y hermosos siempre, en una alucinación que nos convierte en monstruos y hace que dediquemos mucho dinero a la industria de la deconstrucción de los seres humanos para convertirlos en sus propias caricaturas sometidas al permanente juicio de otras mafias.

Son las mafias de bandidos que aparentemente aceptan que las mujeres podemos ser libres -cómo negarlo- pero que consiguen que creamos que para ser aceptadas debemos destrozar nuestros pies y nuestra columna vertebral con el nuevo fetichismo del zapato escalera.

Mafiosos que deciden que no puede haber tantos modelos de mujeres como mujeres hay y que están acabando con la biodiversidad de lo femenino al generar el modelo ideal de mantenernos sexys, flacas y estiradas hasta llegar a ser centenarias para ser las más guapas del cementerio.

Los mismos que deciden que se pueden hacer pruebas nucleares, manejar las radiaciones o ser víctimas de las consecuencias de accidentes previsibles, como los de las centrales de Chernobyl o Fukushima.

Circulan por la Red algunas teorías que tal vez no sean tan peregrinas. Por ejemplo la que asegura que el número de cánceres de tiroides en mujeres europeas ha aumentado exponencialmente desde el desastre de Chernobyl por la extensión de sus radiaciones en la lluvia que el viento llevó hasta lugares muy remotos. Lo cierto es que las radiaciones que nos rodean por todas partes y penetran en nuestro cerebro a través de nuestros oídos desde la telefonía de última generación hasta la presencia permanente de un portátil en nuestras mochilas, o la cada vez más frecuente infertilidad masculina por debilidad del líquido seminal, o el cáncer de mama convertido en una epidemia de dimensiones mundiales… no parecen alarmar a la Organización Mundial de la Salud que en cambio es capaz de movilizarse contra una posible nueva cepa del virus de la gripe en campañas a favor de la ingesta de ‘nuevos’ fármacos, cuando el VIH sigue siendo endémico en África y causa muchas más muertes y enfermedades cada año.

Estos asuntos no están en las agendas de las cumbres de los gobiernos. Ni en las económicas, ni en las sectoriales sobre el clima, ni en las multilaterales de territorios afines como el nuestro: cada año vemos en nuestro entorno como siguen celebrándose cumbres iberoamericanas donde lo medioambiental es un asunto más -cuando se incluye-, en lugar de ser un eje transversal en cualquiera de ellas.

Tal vez no sea tan importante… Pero si lo fuese, a quién pedir explicaciones cuando ya sea tarde?. Sin duda a nosotros mismos por no haberle puesto freno a este ejercicio de poder inconsciente. De poder inconsecuente con los problemas reales de la tierra y sus moradores. Un poder insensible ante el sufrimiento que causa y, sobre todo, impune, porque no hemos creado los mecanismos que garanticen que quienes toman decisiones inadecuadas e irresponsables, paguen por ello.

Vivimos encerrados en una cápsula engañosa. Sus paredes son transparentes y nos parece que estamos en algún sitio, pero sólo lo vemos, o vemos lo que quieren que veamos. Todo viene dado y decidido desde algún lugar muy lejano a nosotros mismos. Pero nos hacen creer que somos nosotros quienes, votando una vez cada cuatro o cinco años, tenemos la capacidad de cambiar nuestros destinos y el de nuestros pueblos. Nos educan con palabras llenas de buenos deseos, nos hablan del amor, de la solidaridad, pero nos intoxican con la imposición de aplastantes modelos contrarios y mucho más contundentes desde la gran ventana al mundo relatado que son las pantallas de la televisión, de las computadoras, de las páginas de las revistas, del cine, donde se elabora la auténtica conciencia mundial de estos tiempos.

Las iglesias han abandonado su papel de guía y orientación para sus seguidores y se han convertido en lobbies de poder que funcionan con las mismas tácticas de las mafias políticas, económicas, sexuales. El paraíso que habitábamos hace millones de años va camino de convertirse en el cubo de la basura. Y sí, ya nadie lo niega: estamos abocados a vivir – y morir – en un basural. E incluso, nos parece lógico y natural.

Siempre se ha dicho que ni siquiera la cárcel o la privación extrema de libertad impide que nos sintamos libres si así lo somos en nuestro interior. Otra cosa es que queramos o podamos disfrutar de la libertad fuera de las paredes de la celda.

En estos momentos, aún podemos hacer algo aunque el tiempo vuela y corre en nuestra contra.

La gran crisis económica que azota Europa y EEUU es un buen ejemplo de cómo se siguen cerrando ventanas y poniendo grilletes a las ansias de vivir en un mundo más justo, más equitativo, más solidario, más sostenible. No puede ser casualidad que la gran debacle económica de este siglo XXI, ocurra cuando el debate sobre el cambio climático empezaba a extenderse y a ser parte real de las agendas políticas porque había calado en la sociedad.

Desde la cumbre de Río, voces autorizadas venían advertiendo de la necesidad de cambiar los modelos de producción y de crecimiento para garantizar vida por más tiempo  en esta casa común llamada Tierra. Pero no hemos reparado suficientemente en que eso habría sido una auténtica Revolución.

El ecologismo resultaba más peligroso que los otros “miedos” fabricados por el capitalismo para perpetuarse: el comunismo, el socialismo, la guerra de los mundos… y eso es así porque toca la fibra de cualquier persona, donde quiera que viva, y porque nos conecta con nuestros ancestros y con un inconsciente donde aún tenemos viva la idea de un paraíso del que no queremos ser expulsados otra vez.

Pero esta vez la reacción ha sido contundente, inmediata y eficaz. Sólo tuvieron que crear un miedo mayor al mañana. El miedo al aquí y ahora. El temor a perder, ya,  el empleo, la vivienda, la asistencia médica, la educación, y los derechos sociales y ciudadanos que parecían inamovibles. Un terror enorme invade los corazones de los europeos y produce un miedo paralizante, pero también despierta los institntos más egoístas del ser humano y nos convierte en cómplices asesinos del futuro porque la inminencia del hoy nos onnubila y nos aturde.

Como una banda sonora que está de fondo y a todas horas, encontramos el eco mediático brutal, permanente, atronador, estupidizante. Que nos dice que nada más es importante.

Ni las hambrunas africanas, la deforestación de Finlandia o Brasil; ni la veloz depredación de sus propios recursos naturales en China; ni el daño causado por el modelo urbanístico de crecimiento en vertical que obliga a intervenir de manera radical sobre los territorios desfigurándolos y haciéndolos irrecuperables como “marca” identificativa de progreso, ni el continuo almacenamiento de residuos nucleares en las fosas marinas; ni la multitud de basura espacial que pronto formará un anillo metálico alrededor del planeta.

Parece que  nada más es importante.

Ni el imparable crecimiento de la industria armamentísitca que dirige sus preocupaciones a eliminar a cuanta más población civil mejor en guerras donde los soldados son los únicos que tienen garantías de sobrevivir; ni la corrupción como base del nuevo orden mundial; ni la hipersexualización de las niñas y los niños que dejan de serlo en cuanto salen de sus cunas; ni el desdoro y desprecio por la experiencia de los más viejos, a quienes hay que incinerar cuanto antes para que no cuesten dinero al sistema; ni la rebelión ante la demanda de un reparto equilibrado de las responsabilidades familiares para que no recaigan únicamente contra las mujeres.

Porque para ellos nada es tan importante.

Ni los feminicidios como enfermedad psicosocial que mancha de sangre la crónica de las últimas décadas en nuestros países. Ni la frustración ni la apariencia de la igualdad de oportunidades para chicas y chicos para estudiar por la terrible realidad de la reclusión posterior en el rol tradicional de mujer-sirvienta-criadora-cuidadora, eso si, licenciada en alguna especialidad, mientras que el camino del crecimiento profesional sigue privilegiando a los hombres y cuando es compartido, deja a las mujeres con un tercio menos de salario como algo natural…

Dicen que nada más es importante…

Y nos preguntamos qué está pasando con la transmisión de los valores humanos en el ámbito del hogar y a las relaciones entre todos los miembros de la familia. Por qué aumentan escandalosamente las cifras de familias monomarentales, donde solo las mujeres se hacen cargo de los hijos. Por qué la esclavitud sexual es una forma aceptada de trabajo para las mujeres sin que se considere un problema serio y colectivo. Por qué estamos sordos, ciegos, necios, ante tanto abuso y nos dejamos llevar.

Pero no es verdad. Esas cosas son, precisamente, las verdaderamente importantes, pero estamos anestesiados y absortos en el ombliguismo de nuestras necesidades creadas y recreadas en el día a día.

Necesitamos reaccionar. Necesitamos generar pensamiento. Necesitamos reflexión. Necesitamos manos que escriban y voces que cuenten y prediquen lo absurdo de una realidad que damos por buena porque es la que tenemos o la que nos dicen que lo es.

Y de nuevo – no nos cansaremos de decirlo – necesitamos acción, no inmovilismo, no discursos floridos, no grandes eventos vacíos, no queremos una ONU mujer si no se implica hasta el fondo en estos asuntos. No nos sirven las instituciones multilaterales ni los organismos gubernamentales que se conforman con tener presupuestos para su autoconsumo y para justificar su mera existencia.

París, mayo de 1968: “Queremos estructuras al servicio de las personas, no personas al servicio de las estructuras”. Casi todo estaba dicho. Sólo que se nos había olvidado escuchar.

II. QUIÉNES

Hijas de Eva y de Lilith.

En el Antiguo Testamento se cuenta cómo los primeros seres humanos fueron expulsados del Paraíso: aquel lugar perfecto, armonioso, sin dolor, idílico: feliz. En el habitaban el primer Hombre, Adán, y su segunda Mujer, Eva. Es curioso que el hecho de ser divorciado, separado o tal vez bígamo, no supusiera ya la expulsión del Edén pero lo cierto es que Lilith había sido su primera compañera. Dejó de serlo cuando demostró un carácter independiente y con iniciativa: le aburría hacer el amor siempre debajo de su amante. Adán prescindió de ella con la ayuda de Dios y Lilith acabó en el Mar Muerto (aviso a navegantes) donde pasó a formar parte de la familia de los demonios, viviendo en una permanente promiscuidad, engendrando para siempre nuevas criaturas malignas por su afición al semen viril, y no sabemos, porque el Antiguo Testamento es muy discreto para las cosas de la lubricidad, si ella fue feliz con el cambio.

Mientras tanto, su chico tuvo una segunda oportunidad. Experimentado y ducho en la difícil materia de cómo manejar a la mujer y nuevamente con ayuda de Dios, Adán vió como de un trocito de su propia costilla le fabricaban un “otro yo” con los complementos necesarios para facilitar la reproducción de su estirpe. Así apareció Eva, menos rebelde, pero con otro grave defecto no previsto por el creador: era una chismosa, siempre preocupada por saber qué era esto y lo otro, por qué se podía hacer una cosa sí y otra no. Por ejemplo, a qué venía ese empeño en prohibir probar el fruto del Arbol de la Sabiduría. ¿Qué de malo habría de tener…? Fue advertida reiteradamente de que si se dejaba llevar por su insaciable curiosidad le pasarían cosas terribles: sería reducida a una condición inferior, no sólo secundaria, con consecuencias que ni siquiera podían advertirse. Tan terribles habrían de ser.

Parece claro que no hubo mayor pecado para el género humano que el de la curiosidad y el afán de poseer el conocimiento de quien simboliza al sexo femenino en nuestro imaginario colectivo. Las aficiones de la díscola Lilith no fueron suficientes para cargar a las mujeres con la mácula del Pecado original y la expulsión del Paraíso Terrenal. El detonador fue el ingenuo afán de saber de Eva, y lo ha seguido siendo hasta nuestros días. En el reino patriarcal de los hijos de Adán se nos ha vedado el acceso al conocimiento y sólo se admite una mirada para observar, entender y explicar la ortodoxia de qué y cómo deben ser las cosas: la perspectiva androcentrista. La visión femenina no estaba prevista en el guión. Es por lo tanto algo residual, heterodoxa, indeseable, marginal y peligrosa. Cuanto más, si responde a una naturaleza poderosa que se sabe transmisora de la vida y de las habilidades para la supervivencia. Ese es un pecado imperdonable y con la culpa de ser hijas de Eva hemos visto sucederse los imperios y las conquistas, mientras estábamos distraídas gestando, pariendo, inventando la agricultura, los tejidos, la alfarería, la preparación y conservación de los alimentos, la puericultura, la gerontología, la medicina, la botánica, las canciones de cuna, la educación, dando reposo y gozo a los guerreros, viendo morir a nuestros hijos en las guerras y a nuestras hijas en los partos, viviendo en un cuerpo que incitaba a los hombres a pecar (malgré nous) y siendo castigadas por ello, inventando artimañas para manipular a quienes no nos permitían obrar en libertad para conseguir nuestros deseos y para lograr nuestros sueños.

Ellos, en cambio, estaban haciendo lo verdaderamente importante: la industria de la guerra ha sido el origen de los grandes avances tecnológicos y la ciencia ha estado, sobre todo, a su servicio para consolidar el patriarcado y garantizar un linaje patrilineal para que los hombres no tuvieran que preocuparse por estar alimentando a las hijas y los hijos de sus rivales.

Las hijas de Eva fueron sobre todo madres y estuvieron recluídas entre las cuatro paredes del hogar. Su mundo fue el ámbito de lo privado y a ellos se les compensaba con una dote a cambio de que los cuidasen, les sirviesen y les garantizasen la progenie.

Las hijas de Lilith, en este interín, también siguieron su camino y crearon la estirpe de las “chicas malas”. Parece ser que no tenían que preocuparse por portarse bien pues ya estaban descartadas por ser hijas de su madre y se dedicaron a hacer lo que les venía en gana. Por eso fueron castigadas con la deshonra y la persecución. En lugar de cobrar una dote por tenerlas, los hombres tenían que pagar por poseerlas, hasta que se dieron cuenta de que eso era un negocio lucrativo y en lugar de pagarles a ellas, empezaron a pagarles a los chulos que les gestionaban la cosa. Incluso eso les fue quitado. Fueron estigmatizadas como las sufridoras del oficio más antiguo del mundo y reaparecieron periódicamente lapidadas, o quemadas en el fuego de la hoguera o en el rechazo social, siempre que una de las hijas de Eva, llevadas por su genética curiosa, quería probar algo nuevo. Por ejemplo, subirse  a un escenario – porque el teatro era cosa de hombres -,  o sentirse interlocutora de la divinidad, o hablar en las asambleas, o escribir en los periódicos, o controlar su capacidad reproductiva, o elegir a sus gobiernos, o amar a otras mujeres, o ser autónomas e independientes…   En  resumen, siempre que pretendían tener un lugar en el mundo de lo público. ¿Mujeres públicas? Qué osadía. Estaba todo dicho.

Fue muy fácil que muchas mujeres dejaran de ser hijas de Eva porque a la mínima salida de rol, les cambiaban a la madre y se convertían en hijas de Lilith.

Mujer reproductora y cuidadora o mujer objeto de placer y del escarnio. Eso fue todo.

Todas las religiones monoteístas coincidieron en dos cosas: que había una única y excluyente forma de entender lo divino: la suya, y que las mujeres eran una categoría inferior dentro del género humano y casi próximo al de los animales irracionales.

Se nos ha hecho pagar un alto precio por compartir el destino de los hombres. Tal vez hubiera sido más fácil si Adán se hubiera quedado en el Paraíso porque ya se nos habría ocurrido a nosotras algo que hacer con lo que nos encontramos en el mundo terrenal, pero, las cosas están cambiando. Lástima que llegue tan tarde, cuando ya quedan pocos vestigios de aquel Paraíso perdido.

Así y todo no perdimos nuestro espíritu de superación ante la adversidad. Hemos sido bien adiestradas para salir adelante en las circunstancias más difíciles y hemos aquirido notables habilidades para la supervivencia que ahora son muy bienvenidas cuando el conjunto de la Humanidad ve como las cosas se ponen definitivamente feas.

Después de no pocas reivindicaciones, mucha violencia real y simbólica, dura represión y bastante menosprecio a nuestras capacidades, estamos empezando el siglo XXI cumpliendo el sueño de nuestras madres creadoras: por un lado, el acceso al conocimiento que da opción a la formación de criterio y a la libertad para intervenir en el desarrollo de los acontecimientos. Y de otra parte, el disfrute de nuestro cuerpo y de nuestra capacidad reproductiva que ha dejado de ser una limitación para convertirse en una gran satisfacción en todos los sentidos, en lo físico y en lo espiritual.

Ahora ya estamos en condiciones de intervenir en la creación de un lenguaje incluyente y no exclusivo de la mentalidad patriarcal. Ya podemos discutir el pensamiento cartesiano. Somos filósofas, científicas, sanadoras divulgadoras, e interpretamos las realidad con múltiples instrumentos: los que crearon los hombres y que actualmente están vigentes como herederos del pensamiento de la ilustración, y los que nos hemos ido transmitiendo, de unas a otras, generación tras generación, con la sabiduría intuída, con el conocimiento empírico, con los pies en la tierra y la mirada en el cielo. Eso es el feminismo. Nuestra lucha por un trato igual, por las mismas oportunidades, por la no discriminación, pero también por el respeto a nuestra diferencia y la reivindicación de un papel propio, no tan masculino desde lo femenino como a veces parece ocurrir.

III. POR Y PARA QUÉ

La tierra será el paraíso más bello de la Humanidad.

¿A qué viene esta digresión feminista en un debate ecologista?. Creo que es pertinente y esclarecedora, porque la propuesta que nos hace el ENCONTRO LATINO AMERICANO DE MULLERES: TERRA, UN PLANETA MULHER, nos anima (nos obliga) a definir pautas y propuestas para participar del futuro del mundo en que vivimos bajo la bandera ecologista.

Para mí, desde un feminismo más que consciente, se plantea la necesidad de encontrar un lugar razonable, satisfactorio y posible en esta cuestión de hacer coincidir a los dos grandes movimientos revolucionarios tras la Revolución Industrial: Feminismo y Ecologismo, que no siempre coinciden. Que no siempre se encuentran cómodos. Que confrontan por definir un espacio de mayor transformación. Pero que deben encontrarse y ésta es una magnífica ocasión para hacerlo. O al menos, para plantearlo.

Soy discípula del feminismo de la igualdad, pero también me siento parte del feminismo de la diferencia. No entiendo el uno sin el otro y considero una trampa androcentrista la división maniquea entre ambos. El de la igualdad, el constructivista, busca su legitimación utilizando herramientas de análisis que hemos tomado de la cultura patriarcal, aunque sea para demostrar nuestras propias hipótesis. Es como si buscáramos la aprobación de los maestros a los que queremos sustituir o corregir.  Tampoco me siento totalmente identificada con el feminismo de la diferencia en tanto que esencialista y vinculado místicamente co son la idea de que las mujeres estamos más ligadas a la naturaleza o al instinto porque es reduccionista y porque es peligroso.

Igualmente soy profundamente ecologista. No conservacionista. Sí proteccionista pero sabiendo que el pensamiento ecológico no limita el progreso, si acaso, cuestiona el modelo de desarrollo.

En la verdad que busco hay un poco de todo ello. Sé que no es posible  decodificar el racionalismo sin tener un método alternativo -y mejor- que aplicar. Tampoco vamos a ignorar o desvalorizar la espiritualidad y el naturalismo  como si no fueran vías legítimas de adquirir conocimiento y de buscar la explicación o la raíz de las cosas. Apuesto por un feminismo ecologista y por un ecologismo feminista.  Un movimiento Holístico que sea fundamento de una acción política que asuma, sin ambages y sin complejos, el reto de incorporar todas las sabidurías y todas las miradas a buscar la receta que nos habrá de salvar.

Y para ello sólo veo la alternativa del diálogo. Diálogo, entre sexos, entre culturas, entre sistemas científicos, entre visiones religiosas, entre opciones políticas, para encontrar fórmulas de cooperación respetuosas y tolerantes, asumibles por los pueblos originarios de América Latina o por las paisanas de una aldea de mi tierra, y por la comunidad científica no dependiente de los señores de la guerra y de las mafias del mercado. Porque no es tan importante lo que íntimamente creamos, ni debemos preocuparnos tanto por convencer a los demás de que nuestra idea es la única y la mejor (herencia nefasta de las religiones monoteístas, de los regímenes políticos totalitarios, del populismo engañoso…), como de reconocer los intereses y preocupaciones que tenemos en común, de compartir una misma inquietud, tan plural en su expresión como legítima en su origen, para garantizar una buena vida, una auténtica y satisfactoria vida, en el planeta Tierra. Sin ello ¿para qué perder el tiempo en salvarnos a nosotr@s mism@s? Lancémonos al desenfreno inconsciente del consumismo total que nos marcan el Banco Mundial, las Agencias de Calificación, los índices bursátiles, los gobiernos títeres, las iglesias cómplices, y vayámonos pronto por el desagüe para terminar cuanto antes con la pesadilla del cambio climático, de la polución asesina, de las migraciones masivas en búsqueda de tierras donde todavía haya agua potable, de generaciones de hombres y mujeres lobotomizados y robotizados por los mercaderes del templo.

Tenemos que trabajar por un pacto global entre los países y los pueblos que de pie a un nuevo y sostenible orden económico mundial porque sin ello, no habrá sistema político que logre nada por si solo.

Ya se nos ha ratificado que son los mercados quienes deciden cómo y cuando se hunde un gobierno, dónde se debe focalizar la extracciòn de determinados recursos estratégicos, qué religiones y qué pueblos han de ser puestos de moda para distraer la atención de otros asuntos más espinosos, cómo se debe ensuciar la democracia hasta convertirla en una repugnante parodia de si misma que bien podría denominarse Corruptocracia…

Porque ya lo sabemos ¿no es cierto?.

Entonces, llamemos a las cosas por su nombre y no dejemos que nos distraigan con lo accesorio para centrarnos en lo fundamental.

Las grandes crisis económicas provocadas por los dueños del dinero y de los recursos naturales, pincipalmente los energéticos, han llegado a un punto de desfachatez impensable. Se adueñan y manipulan las nuevas tecnologías. Nos lavan el cerebro, ahora, cuando más información podemos tener, cuando mejor podemos saber, cambiando el foco de nuestra atención para que dejemos de preocuparnos por la libertad y estemos sólo obsesionados con la seguridad. Para que el miedo sea simultáneamente el Gran Hermano orwelliano y el Soma husleyano, y para que el terror a perder nuestra pobre y ruin riqueza del estandar consumista, nos impida actuar para evitar la pérdida de la grande y necesaria riqueza de una vida justa en la Tierra, con otros modos, con otras compensaciones, con un pensamiento post-ilustrado que sea el sumatorio del conocimiento y del sentimiento en una nueva época cuyo nombre no seré yo quien se arriesgue a proponer.

Ya no sirve el orden político del antiguo régimen. Los países concebidos como territorios definidos por fronteras artificiales no tienen sentido cuando el problema que nos acucia no entiende de límites dibujados en los mapas. La Amazonía está en Brasil, pero no es de Brasil. El acuífero del Paraná ¿a quién pertenece: a Paraguay, a Argentina, a Brasil, a Uruguay?. ¿Quiénes tienen el título de propiedad de los océanos? Y sobre todo, ¿quiénes son los responsables de lo que pase con ello?. Los tribunales internacionales ya pueden actuar ante el genocidio y se sabe cómo pueden funcionar y a quién pueden juzgar. Pero, ¿quién puede juzgar un ecocidio?

La reciente catástrofe del Prestige en el finisterre europeo de la cual se cumplen ahora diez años, pudo saldarse con aportaciones dinerarias a los productores que vieron mermados sus ingresos,  pero nadie pagará todos los recursos públicos que hubieron de ponerse en marcha en España para evitar que el barco hundido frente a las costas portuguesas dejara de vaciar sus tripas flatulentas sobre los fondos marinos, o para acordonar las ricas Rías gallegas a fin de evitar que el pestilente chapapote entrase en ellas por efecto de las mareas y luego no pudiera salir, o para limpiar –al menos en superficie- playas, rocas, aves, paseos marítimos, sistemas de algas, de aquel manto negro y espeso que eliminaba cualquier forma de vida a su paso.

Procede recordar la reacción de los gallegos y de los españoles en general, abrumados y doloridos por semejante agresión a su paisaje y sus ecosistemas. Los voluntarios llegados de todas partes se constituyeron como una legión solidaria que pertrechados con sencillos monos blancos, botas de goma, guantes y mascarillas, picos, palas y cubos, arañaron con sus uñas y sus manos el petróleo adherido a dunas, arrecifes, algas y aperos de pesca. Los marineros y mariscadores gallegos hicieron barreras con sus lanchas y sacaron el chapapote del agua también con sus manos, trozo a trozo, para impedir que se juntase y constituyese una marea negra imparable. Pero todo eso no fue tan importante como la ira y el dolor colectivos que nos hizo sentir hermanos de la tierra y de las aguas. Lloramos juntos, desconsolados. La madre Tierra nos llamó con un grito telúrico que removió nuestras entrañas, que movilizó todas nuestras energías, que nos convirtió en un ejército humanitario, pero humanitario de la naturaleza, no de los hombres.

No fue la última vez que un desastre ecológico nos hizo sentir así. Los terribles y devastadores incendios forestales que asolan cada verano a nuestra tierra provocan idéntica reacción, y ahí se juegan la vida muchas personas que salen a apagar el fuego con sus pies, con mantas y toallas que llevan de sus casas, que lloran porque la ceniza se les mete en los ojos y en el corazón. Que recogen los restos calcinados de las reses bravas que pueblan nuestros montes y ven, desconsolado escenas dantescas que nadie debería padecer.

Es una nueva forma de guerra. Es luchar contra una fuerza destructiva que asalta por tierra, mar o aire, cuando menos se le espera. Y las víctimas son incontables. Pero también lo son los causantes: una de las razones de la proliferación de incendios forestales en Galicia ha sido la especulación urbanística. Destruir paisajes singulares  y espacios protegidos ha permitido justificar una nueva ordenación del territorio y a autorizar edificaciones que generaron inmensas ganancias. El ladrillo también puede tener un fin asesino. Quién lo iba a imaginar. El petróleo derramado también responde a un interés económico, porque alguien permite que sigan navegando y transportando materiales altamente contaminantes por corredores marítimos tan frecuentados, como el del Cantábrico/Atlántico, viejos buques ya descatalogados y destinados al desgüace pero todavía activos por el interés y el lucro de sus beneficios conseguidos a cambio de poca o ninguna inversión en su mantenimiento.

No hay novedad, señora baronesa. Estamos al cabo de la calle. Para qué seguir buscando argumentos que vemos todos los días en los periódicos o en los programas informativos. Pero no hay peor sordo que el que no quiere oír. Ni ciego más irrecuperable que quien se pone una venda en los ojos. Hemos desarrollado un extraño instinto suicida asumiendo barbaridades que queremos considerar inamovibles. Estamos aturdidos.

Por eso el ecologismo y el feminismo son movimientos tan indeseables para el sistema y un statuquo que favorece y consolida la barbarie y la injusticia. Son auténticamente revolucionarios porque pueden cambiar el mundo. Tienen el impulso humanista y radical de quienes lucharon por la abolición de la esclavitud, de la lucha contra el apartheid, del combate a las mafias de trata y tráfico de mujeres y niños, de la reivindicación de los derechos humanos, de la persecución de los criminales de guerra. Tienen el aliento y el alcance necesarios para saber que hacen lo que corresponde hacer. Una legitimidad moral que se puede imponer ante la estulticia y la iniquidad.

Pero tenemos que reflexionarlo juntos, para luego gritarlo a los cuatro vientos y decirle al mundo que una asamblea de mujeres y hombres reunidos en Brasilia, con una enorme preocupación y responsabilidad ante lo que ven, saben y conocen, están dispuestos a impulsar acciones de gobierno que van en contra de los intereses lobísticos de los deforestadores, de los petrodólares, de los okupas de las costas… Y que esa responsabilidad es ahora más contundente porque la asume y la comparte una de las primeras lideresas en el panorama mundial que está dispuesta a hacerle frente a la corrupción,  a los patronos y a los dominadores, a los depredadores, a los que abusan sin límite y sin conciencia.

En la agenda de esta nueva tierra deben figurar también, y no como cuestión menor, la soberanía alimentaria, la alfabetización digital, el modelo de uso poblacional del territorio, la situación de las mujeres campesinas, la reorientación de la investigación científica para hacer de los residuos elementos útiles en el camino que se abre, en una nueva cultura del consumo, con la educación en valores, desde la cultura de paz…

Brasil es hoy nuestra esperanza de que un mundo mejor aún es posible. La cumbre del clima de Río en 1992 fue el comienzo y el altavoz de un nuevo discurso y una propuesta de acción de vanguardia cuyos objetivos están lejos de ser alcanzados. Apostemos porque un nuevo rumbo y un mayor impulso vengan dados por la unión de las conciencias ecologista y feminista. Cosas muy difíciles se han conseguido. Mandela es una inspiración permanente en su lucha contra el apartheid y su conocida reivindicación para ser “el capitán de su alma” es también la nuestra aquí y ahora, veinte años después de aquella Cumbre que marcó un cambio de era.

Somos las capitanas de nuestras almas y todas nuestras almas juntas, podrán retomar el rumbo de esta nave a la deriva. Hagamos de la Tierra una matria para toda la Humanidad, donde todas nuestras patrias particulares tengan sitio y tengan futuro. Las patrias de nuestros pueblos. Las patrias de nuestros ideales. Todas reunidas en la Matria de una tierra viva y donde valga la pena vivir.

Parece fácil decirlo y difícil hacerlo. Pero esa es la verdad. Como europea no me prestaré al falso debate sobre la hipocresía de estas declaraciones por venir de pueblos que se sirvieron del expolio de otros para ganar una buena vida. Nacer en uno u otro lugar del planeta no es nuestra elección. Ocuparnos de su futuro sí. Es más: es nuestro compromisoun moral. Irrenunciable. El punto de partida para reinventarnos como habitantes del planeta Tierra. Para ser parte de una patria común con alma, aliento, mirada, incluyente y participada por todas las mujeres de todos los territorios, de todas las etnias, de todas las culturas. Para crear incluso nuevas palabras que nos definan mejor y donde nos sintamos incluídas, concernidas. De la patria local a la matria total. La Tierra será una Matria o no será. Es el momento de agruparnos todos. Esta podría ser la lucha final.

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ANEXO I

I. Atención a la secuencia. No puede ser casual:

– 1992. Río de Janeiro. “Primer encuentro mundial sobre el Clima”.

– 1995. Pekín (Huairou). “Cuarta cumbre mundial sobre las mujeres y Primer encuentro mundial de Organizaciones No Gubernamentales de mujeres”.

– 2012. Brasilia: ¡”Primer Encuentro Latinoamericano de Mujeres sobre género y sostenibilidad”!

Del 1 al 6 de junio, estaremos en Brasilia, participando del debate y presentando propuestas para abordar los grandes retos planteados a la Humanidad y al Planeta TTERRA, UM PLANETA MULHER:

1) Porque es urgente el cambio de paradigma de los actuales modelos de desarrollo basados en un crecimiento deshumanizado, especulativo, depredador, discriminatorio y desequilibrado.

2) Porque es preciso que, en la práctica, la equidad de género que propugna la Carta de los Derechos Humanos sea algo inmediato, real, palpable, justo y útil en la lucha contra el hambre, la enfermedad, la falta de libertad, la depredación de los recursos naturales, la extinción de especies, la inseguridad, la violencia, la ignorancia, el sufrimiento y la explotación ejercida por seres humanos a otros seres humanos.

2.a) Para producir una evolución hacia los Derechos de cuarta generación: desde los Derechos Humanos entendidos como: libertad + soberanía + igualdad de oportunidades + igualdad de trato… hacia los Derechos Generales/Derechos Extendidos: con garantía de los Derechos Humanos + Derechos Ambientales que corresponden a todos los seres vivos, a la naturaleza entendida en su conjunto y en toda su plenitud.

3)Porque es necesaria una nueva ética del empoderamiento responsable y comprometido con la supervivencia.

3.a) Es la ética de mujeres que sabemos que “tenemos derecho” y “debemos estar” en la toma de decisiones en todos los lugares donde ello se produce. Tomando el poder para producir un CAMBIO trascendente y positivo. Desde un feminismo en permanente evolución, responsable y responsabilizado con la sostenibilidad de la vida en la tierra:

3.b) Para cambiar el viejo paradigma según el cual las naciones más desarrolladas justifican la validez de su modelo porque ofrecía una vida mejor a sus afortunados habitantes (y no a todos por igual), a cualquier precio y sin importar el sufrimiento generado a otros habitantes de otras partes del mundo…

3.c) …Por un nuevo paradigma de naciones que opten por un desarrollo equilibrado donde se garantice la supervivencia del género humano para garantizar la de sus propios pueblos. Una no será posible sin la otra. El concepto de vivir mejor no se basará en tener más cosas, sino en poder tener las adecuadas el mayor número de personas durante el mayor tiempo posible.

4) Porque es posible una nueva y sostenible manera de entender el bienestar y la convivencia, donde la inteligencia, el alma, la mirada y la acción de las mujeres del mundo, tenga su lugar, su deber y su derecho a garantizar la supervivencia de la Humanidad sobre la Tierra y su evolución en la lógica búsqueda de la felicidad.

ANEXO II

Epístola para Flavia Portela

He visto que me incluyes en los agradecimientos y me siento tan grande y tan pequeña a un tiempo que necesito expresarte la tormenta de ideas y de sensaciones que todo esto que está ocurriendo, despiertan en mi.

Lo primero es darte las gracias  por tu generosidad.

Las ideas están en el aire. Lo meritorio es tener la inteligencia de apreciarlas y valor para ponerlas en práctica.

Lo más importante de tu iniciativa, además de aportar el enfoque de género a la cuestión clave de la sostenibilidad, es hacerlo en RED. Eso no podía hacerse hace 20 años, cuando Río. Ni hace 16, cuando Pekín. Veo mucha inteligencia y empoderamiento en querer y saber aprovechar y proyectar la fuerza y la energía de muchas otras fuerzas y energías dispersas.

Enredar en español, creo que también en portugués y por supuesto en galego, tiene varios significados:

1) Complicar: lo complicado no está reñido con lo sencillo, sino con lo simple.

2) Tejer: construir algo nuevo a partir de algo preexistente, que tiene vida propia y conserva la vida a partir de la cual se creó.

3) Canalizar algo a través de las nuevas tecnologías, trabajar en red.

En el proyecto TERRA, hacer una red -y saber usarla en sus tres significados- va a suponer algo que tiene que ver con la lógica de la naturaleza. Va a unir lo que aparentemente está aislado para  construir un cuerpo mayor donde cada punta de cada hilo es el trayecto que deshace el laberinto (otra vez el mito de Ariadna) al convertirlo en transitable por la voluntad y la emoción de tod@s los demás caminando junt@s.

Un arrecife de coral es una buena imagen para entender una red sistémica. Un cerebro humano y las sinapsis neuronales, también.

Esta nueva TIERRA, va a permitir buscar una explicación amplia y no simplista -bien por exceso de racionalismo, bien por simplificación espiritualista- de la relación de sus habitantes con el planeta y de cómo dejar de hacer algo tan evidentemente malo como lo que le escuché decir a una sabia mujer mayor cuando yo era muy joven: “no se puede limpiar la suciedad con un trapo que esté sucio porque eso sólo hace crecer el problema y además nos despreocupamos al considerar que ya hemos asumido nuestra parte de responsabilidad en el asunto… “

Flavia Portela, no podré estar ahí físicamente, pero los principios de la Física Cuántica me permiten saber que estaré de otra manera.

No sé si te puedes imaginar el campo de actuación intelectual y emocional, inmenso, que se me ha abierto al abordar esta cuestión con la seriedad que tú la has planteado. Sigo leyendo y escribiendo frenéticamente. El problema será hacer la síntesis, pero para mí y mi entorno, el reto está planteado y ya no tiene vuelta atrás. Espero que esto nos ocurra a tod@s quienes estamos teniendo el privilegio de ser partícipes de esta cumbre.

Y hay algunas cosas que cada vez veo más claras:

1) NO ES PORQUE SI QUE NAZCA EN BRASILIA. Tenía que ser porque ahí están la razón y la espiritualidad juntas, en el propio germen de la ciudad y en la carga antropológica y ancestral de quienes la habitan, y porque hoy Brasilia es el corazón y el cerebro del continente Brasil que marcará el rumbo del futuro del contienente América y también en buena medida de los demás, porque tiene todo para que así sea. Incluso el nombre de la ciudad es una versión femenina del nombre del país…

2)Y NO ES PORQUE SI QUE LO LIDERE UN PAÍS Y UN GOBIERNO CON “UNA” DILMA ROUSSEF AL FRENTE Y CON UN EQUIPO DE FLAVIAS EMPUJANDO…   Ser mujeres no es suficiente si no se actúa consecuentemente y necesitamos entender el por qué de las cosas para luego sentirnos cómodas al acometer la tarea, por muy cuestionada que sea, y lo será, por el “establishment” dominante impuesto por los dueños de la tierra (…de las tierras, de los árboles, de los ríos, de los mares, de las nubes y del sol), por sus mercaderes, que nos imponen el espejismo falaz de un falso trueque: dan opciones para vivir a cambio de su lucro, como si la vida se pudiera comprar o vender. Es una tarea inmensa y muy difícil. Pero es imprescindible o no habrá más cosas por las que luchar. Todo empieza y termina aquí, en este dilema. En este esfuerzo por seguir teniendo un planeta habitado y habitable.

Dilma Roussef está en una posición extremadamente poderosa pero también extremadamente vulnerable. Nada le será perdonado. Todo le será demandado, pero ella entenderá que su trabajo y su voluntad la han llevado a un nivel de empoderamiento e influencia inéditos hasta ahora en la historia de la Humanidad, y que en verdad es una dura tarea y una enorme responsabilidad,  no un premio aparente.

Porque es en este momento cuando UNA NUEVA MIRADA INCLUSIVA DEL APORTE DE LO FEMENINO (para mi eso supone una actitud feminista sin ningún complejo ni miedo a una palabra proscrita por la misoginia pero hermosa como el amanecer) ES IMPRESCINDIBLE PARA CONSTRUIR UN SISTEMA DE DESARROLLO POSIBLE, SOSTENIBLE, HUMANIZADO Y HERMANADO CON LA NATURALEZA EN TODA SU MAGNITUD, donde sea muy importante el enfoque de la investigación y el conocimiento tecnológico, pero no sólo para multiplicar fuentes de energía alternativas al petróleo y a la emisión venenosa de CO2 sino para crear alternativas donde no sea tan necesario el empleo de la energía en el sentido convencional…

Habremos de preocuparnos más en  repensar las necesidades energéticas que en dedicar tanto dinero y recursos a buscar otras fuentes de energía – siendo eso también necesario- porque si seguimos utilizando la energía como hasta ahora seguiremos generando sus consecuencias y residuos inasumibles, dependeremos totalmente de ella y de sus propietarios, perderemos libertad y tendremos las manos atadas.

Todo es energía. Nosotr@s también, sólo que con nuestro aliento no podemos hacernos un rico y caliente café por las mañanas para despertar.  Por eso tenemos que pensar a partir de cero. De lo contrario, nos estaremos conformando con “remendar” un tejido ya gastado y que ha demostrado tener numerosos agujeros negros.

Podemos TEJER una nueva RED para sobrevivir con dignidad y buscar las razones de nuestra felicidad y nuestro bienestar en otros valores que no tienen por qué ser los que la herencia patriarcal nos ha impuesto:

– Las disputas por la propiedad de las cosas (de la naturaleza, de las personas, de los objetos también…)

– La violencia como sistema de confrontación donde gana el más fuerte en vez de la búsqueda de acuerdos mediante el diálogo entre iguales, un entendimiento nuevo de la vida y de la sociedad, donde todo forma parte del Todo y donde lo que está arriba, es igual que lo que está abajo (…) y donde el efecto mariposa  se asuma y se comprenda para actuar consecuentemente.

Si rompemos la inercia de la división entre lo racional y lo natural, comprenderemos que es idéntica a la que se da entre cuerpo y mente. Ambas son una parte de la misma verdad. No hay yin sin yan. Lo femenino y lo masculino son distintos pero imprescindibles  uno para el otro, y en lugar de pensar que 1 + 1 = 2, pensemos que 1 + 1 puede ser igual a 3, porque ese es un resultado “a mayores”. Una madre y un padre pueden ser un conjunto binario (a + b) o pueden ser un triple elemento donde a + b = c.

Bendetti  dixit: “ en la calle codo a codo, somos mucho más que dos”.

Igual ocurre con nuestra forma de abordar los problemas del planeta. Si utilizamos métodos y fórmulas excluyentes, nunca saldremos del esquema binario que nos limita. Podemos ser tres o ser un millón.

Flavia Portela, ya soy parte de ese millón de fotones que has puesto a trabajar. La energía está dentro de nosotr@s y una vez que se enciende, no se va a apagar.

FUERZA y PASIÓN para un PLANETA (también) MUJER, DONDE LA PATRIA CONVIVA CON LA MATRIA Y SE GENERE  UNA NUEVA SOCIEDAD:  compasiva, solidaria, comprensiva, empática, pacifista, feminista, ecologista, no capitalista, espiritual y racional a un tiempo…

Vigo, 21 de mayo de 2012

ANEXO III.

Lo que otras mujeres han dicho y que no debemos olvidar.

WINONA LADUKE. Nación Toxona. Colorado (USA). Activista por los derechos de los pueblos indígenas. 1995: Foro no gubernamental. IV Cumbre mundial de las mujeres. Huairou, Pekín.

– “Nosotras somos la presa de una sociedad depredadora”.

– “La ley de la naturaleza es superior a las leyes del Banco Mundial (…) la globalización de la economía ha traído más marginación a las mujeres porque homogeneiza la cultura (…) Las sociedades matrilineales que han sobrevivido son indígenas”.

– “Los residuos tóxicos que depositan en nuestras tierras para deshacerse de ellos, no sólo nos afectan como nación, sino como mujeres: llevamos la toxicidad en nuestros cuerpos (…) En la Bahía de Hudson las mujeres indígenas tenemos mayor nivel de contaminación en la leche materna, y si no podemos amamantar a nuestros hijos por ese veneno, no mejoraremos nuestro destino (…) Es preciso abordar colectivamente estos problemas para decidir sobre el futuro de la Tierra, luchar colecivamente como hijas de la Tierra, no alinearnos con el depredador”.

-“La toma de decisiones se corresponde con intereses corporativos distintos a los de la gente y detentan derechos superiores a los de la gente. ¿Quién se lo permite? ¿Es por la riqueza que nos expropiaron, es por la colonización a cuenta de individuos, plantas, ecosistemas enteros?”.

– “Somos ‘las madres de nuestras naciones’, todo nos incumbe. La tierra es nuestra madre, como ella, también nosotras somos dadoras de vida. Tenemos que cuidarla. Nosotros somos como la madre tierra en forma humana. Debemos cuidarla para cuidarnos a nosotras mismas”.

– “Hay un dicho indígena según el cual ‘una nación no se conquistará hasta que los corazones de las mujeres estén en el suelo’ (…) Cien años antes, el jefe de los indios Seattle dijo que “lo que le suceda a la tierra es lo que sucederá a los pueblos de la Tierra”.

– “Terminemos con la conquista de la tierra. Queremos sobrevivir”.

IVONE GUEVARA. Brasil. Teóloga. Ecofeminista espiritualista.

– Sobre la Ecojusticia: “Preservar la naturaleza es hacer justicia a los más pobres y al resto de las criaturas vivientes. El desarrollo ecofeminista de la teología de la liberación incluye la idea de preservación medioambiental como justicia social. Los pobres, y de entre ellos, las mujeres pobres, son quienes más sufren. Muchas mujeres latinoamericanas tienen que hacer frente, solas, con sus hijos a cargo, a la pobreza y a la contaminación”.

– “Las ciudades latinoamericanas sufren problemas de contaminación que afectan gravemente la salud, aunque no sólo en el llamado tercer mundo, si nos atenemos al informe científico sobre cáncer, alergias y deformaciones congénitas provocadas por el deterioro del medioambiente en Francia, presentado en febrero de 2004 al gobierno de ese país”.

– “En Brasil hay dos redes que se ocupan de la educación medioambiental de las mujeres, de la concienciación para que se conozcan los problemas de salud que provoca el contaco con pesticidas y desechos tóxicos y aprendan a organizar el reciclaje de la basura en las chabolas, en los barrios en los que no hay servicios municipales y donde las asociaciones tienen que negociar con los ayuntamientos para conseguir al menos un mínimo de atención. Como es lógico, en Brasil ya hay un elemento social muy fuerte en el tema medioambiental”.

ALICIA PULEO. Doctora en filosofía y directora de la Cátedra de Estudios de Género de la Universidad de Valladolid. Máxima representante del ecofeminismo en España. Feminista de la igualdad y Ecofeminista constructivista.

– “Quiero subrayar que ser ecofeminista no implica afirmar que las mujeres estén de manera innata más ligadas a la naturaleza y a la vida que los hombres. Aunque algunas teóricas así lo han visto, desde una perspectiva constructivista de la subjetividad de género, podemos considerar que el interés que, según estudios internacionales, poseen las mujeres por los temas ecológicos, no es un mecanismo atomático relacionado con el sexo”.

– “Hay mujeres infatigables en la defensa del medio ambiente y otras que detestan y combaten el ecologismo. Ahora bien, como para otros aspectos de la identidad de género, la realidad nos muestra gran variedad de individuos pero también tendencias vinculadas con la socialización en ciertas tareas  y actitudes.”

– “Uno de los planteamientos ecofeministas, uno de sus núcleos de estudio, es la interssección de género y estructuras socio-económicas destructoras de la Naturaleza. La identidad construida como control y dominación aparece como una construcción histórica”.

– “La utopía es un horizonte regulativo que no debe abandonarse, sino plasmarse poco a poco y evolucionar con la experiencia. Ahora bien, saber si el modelo va a poder concretarse a corto plazo, todavía hay un paradigma de desarrollo insostenible demasiado establecido como para que eso sea posible. Pero podemos ir avanzando en pequeñas experiencias que irán cristalizando en un proyecto global”

– “Los problemas del planeta nos unen por definición a todas las personas del mundo, pero de manera especial para las mujeres. Las mujeres unidas, las del norte y las del sur, las de los países desarrollados y las de los países en desarrollo, tenemos mucho que decir y somos decisivas para dar un giro global al futuro”

VADANA SHIVA. Nueva Delhi. Física, filósofa, pacifista y feminista. Pionera del movimiento ecofeminista y directora de la Fundación para la investigación en ciencia, tecnología y ecología. En 1993 le concedieron el Premio Nobel Alternativo.

– “Pienso que la acción y la reflexión deben ir unidas. No hay una ideología perfecta, es simplemente una política de responsabilidad. La diversidad no es el problema, es la solución para las crisis políticas de la intolerancia, las crisis ecológicas de la no sostenibilidad y las económicas de la exclusión y la injusticia”.

– “Hay que gastar el dinero para mantener los derechos fundamentales de nuestra gente”.

– “Sueño con una biodiversidad libre, que pertenezca a los campesinos, donde el agua sea accesible al igual que la comida. El sistema es muy sencillo de crear, pero está siendo impedido por las políticas que nos gobiernan a nivel intrnacional y éste es el motivo por el que cada día de mi vida insisto en que tenemos que dejar de cooperar con esas políticas”.

– “El ecofeminismo, como su nombre indica, es la convergencia de la ecología y del feminismo (…) el ecofeminismo es poner la vida en el centro de la organización social, política y económica. Las mujeres ya lo hacen porque se les ha dejado la tarea del cuidado y del mantenimiento de la vida”.

– “El capitalismo ha sido presentado como un modo de crecimiento pero es en realidad, un modo de pobreza y en alguna forma, la globalización es el clímax final del capitalismo (…) Lo que muchos consideran un milagro económico por el crecimiento de la India es un desastre, sobre todo porque ha dado la espalda a la naturaleza, a sus procesos ecológicos y alos ecosistemas vitales.”

– “Las grandes corporaciones internacionales son las responsables de haber criminalizado la agricultura, de haberse apropiado de los recursos básicos y de expoliar la tierra (…) Creo, como Mahatma Ghandi, que los recursos naturales deben ser del dominio público. El agua no puede ser privatizada ni la tierra monopolizada”.

– “La igualdad puede significar dos tipos de cosas, por una parte parecerse, ser similares, pero también puede significar diversidad sin discriminación. Yo creo en esta última denfinición. Quiero tener la posibilidad de ser hindú, no quiero convertirme enuna europea. Yo quiero ser y quiero espacio para ser hindú. Yo quiero ser mujer, no quiero convertirme en un hombre, no quiero poder ser violento, como mi segunda naturaleza, no quiero ser irresponsable, no quiero asumir que otra persona tenga que arreglar el desorden que dejo tras de mí. Yo tengo que arreglar el desorden que creo. Yo quiero la libertad para ser diferente, pero no quiero ser castigada por serlo. Eso es para mi la igualdad”.

MARÍA XOSÉ AGRA ROMERO. Doctora en filosofía y profesora de Filosofía moral y política de la universidad de Santiago de Compostela. Sus líneas de investigación se desarrollan sobre filosofía política, teorías de la justicia y teoría crítica feminista.

– “Ecologismo y feminismo son dos campos de la teoría y la práctica políticas diferentes pero que poseen más elementos en común de lo que en un primer momento pudiera parecer.”

– “Más allá de su irrupción conjunta como nuevos movimientos sociales entre las décadas de los sesenta y setenta del pasado siglo, sus contribuciones prácticas y teóricas se entrecruzan dsde que Françoise d’Eaubonne acuñara el término ecofeminismo para referirse a un modo distinto de acción que tiene como finalidad la consecución de un nuevo tipo de humanismo, diferenciado de la sociedad masculina y capaz de resolver su problema ecológico.”

– “Crisis ecológica y dominación de la mujer se imbrican en sus análisis después de darse cuenta de la necesidad de preservar y asegurar las bases  materiales de la vida como requisito ineludible para afrontar cualquier proyecto vital y para defender cualquier proyecto emancipador como el que preconiza el propio feminismo”.

DAW AUNG SAN SW KYI. Birmania. Premio Nóbel de la Paz. 1995: Foro no gubernamental. IV Cumbre mundial de las mujeres. Huairou, Pekín.

– “Durante milenios las mujeres trabajaron para facilitar la vida de los otros. No iniciamos ninguna guerra pero las padecemos más. El mundo será  más tolerante, pacífico y justo por el empoderamiento de las mujeres porque ello supondrá gastar menos en guerras y más en educación”.

– “Existe un prejuicio hacia nosotras porque  hablamos mucho. Puede ser una ventaja porque estamos más capacitadas para el diálogo. Hay que conseguir un desarrollo logrado por la gente, no para la gente que debe gobernar a su país, contando con el 52% de la población que somos las mujeres. Tenemos una gran capacidad para aprender de la vida y aumentar el bienestar. La revolución tecnológica produce grandes cambios sociales”.

– “Es preciso convertir las virtudes pasivas de las mujeres en activos para las sociedades en las que vivimos y combatir los obstáculos a los derechos humanos”.

OLAYA FERNÁNDEZ GUERRERO. Universidad de Salamanca. Estudiosa de la relación del cuerpo, el espacio y la libertad en el ecofeminismo.

– “Frente a las dicotomías clásicas en el pensamiento occidental: naturaleza/cultura, masculino/femenino, mente/cuerpo, se propone un nuevo concepto de lo humano más abarcador, que integre sin rupturas todas sus dimensiones e incardine al ser humano en el mundo natural, al que nunca ha dejado de pertenecer. Esta perspectiva inaugura una nueva noción de existencia humana arraigada en lo órganico, absolutamente vinculada a lo vivo.”

– “El ecofeminismo lleva a cabo la recuperación del cuerpo como tema filosófico y secunda así una línea muy pujante en el pensamiento contemporáneo. Una vez planteada la noción ecofeminista de la existencia, expondremos las características del nuevo concepto de libertad que surge a partir de ahí; el ecofeminismo sitúa la libertad dentro de los límites de lo natural y la territorializa, en tanto que interpreta la tierra como espacio cultural y simbólico donde se desarrolla la libertad.”

– “Ante la dicotomía ‘cuerpo/espíritu’ el ecofeminismo decide no elegir. Sitúa al cuerpo en el centro de la reflexión y lo ubica como mediador entre lo cultural y el mundo natural, como punto de articulación de la existencia huana encarnada. Al mismo tiempo, retoma el concepto de espíritu, liberándolo de connotaciones religiosas y aplicándolo a la totalidad del mundo vivo, en la que el ser humano está inserto. Esta recuperación de la espiritualidad de lo natural, si bien tiene consecuencias positivas como la de reconectar la humanidad con el entorno de lo vivo, conlleva también algunos aspectos controvertidos, entre ellos el riesgo de mistificación de la naturaleza o la atribución a ésta de unos valores morales que son una pura proyección de la ética en lo natural”.

– “Atribuir espiritualidad a lo natural supone deshacer el proceso de desencantamiento del mundo señalado por Max Weber como final inevitable del proceso de racionalización europeo. Encantar el mundo implica concebir a éste como sujeto activo y no como un recurso que puede ser manipulado. El mundo está constituido por multiplicidades irreductibles e interdependientes de las que el ser humano forma parte, pero en un plano de igualdad no de superioridad. Desde ese enfoque “mágico” es posible establecer nuevos espacios de percepción y experiencia constituidos a partir de lainterdependecia y la integridad.”

– “No podemos agotar los recursos naturales ni aniquilar a otras especies porque la naturaleza no nos pertenece, no está a nuestro servicio (…) El ecofeminismo propone que, además de servirnos de la naturaleza para garantizar nuestra supervivencia, nos comprometamos a proporcionarle lo que ella necesita para subsistir. Se trata de una simbiosis en la que tenemos todo que ganar y nada que perder”

María Xosé Porteiro. Xornalista. Escritora. 

 

 

 

Outros enlaces:

https://mxporteiro.wordpress.com/2015/11/

https://tribunafeminista.elplural.com/2016/12/tierra-un-planeta-mujer/

https://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2018/01/10/hoy-plantaria-arbol/0003_201801G10P11994.htm

https://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2017/08/16/ecofatiga/0003_201708G16P12995.htm

https://luzes.gal/2018/02/05/a-diaspora-que-nos-vira/

Tierra, un planeta mujer

http://www.tribunafeminista.org/2016/12/tierra-un-planeta-mujer/

Tribuna Feminista. María Xosé Porteiro

Entre el 4 y el 6 de junio de 2012, Brasilia acogió la iniciativa de la arquitecta y urbanista, Flavia Portela, de celebrar el “Encontro Latino Americano de Mulheres”. En el auditorio de Fiocruz, se discutieron y definieron propuestas para un nuevo modelo de desarrollo sostenible bajo el sugerente título de su mesa inaugural: “Terra, um Planeta Mulher”. El evento fue preparatorio para la Conferencia de NU sobre Desarrollo sostenible que tuvo lugar días después, del 20 al 22 de junio, en Río de Janeiro. Flavia Portela acaba de anunciar la buena noticia de que en 2017 se editará un libro con todas las ponencias presentadas.

 

Tuve la suerte de poder participar en esta iniciativa y también de vivir la decepción de la escasa acogida que tuvieron sus propuestas en las resoluciones de Río +20. Nuestro punto de partida tenía como motivación el vínculo entre las dos grandes corrientes ideológicas de nuestro tiempo: feminismo y ecologismo, y la necesidad de ir de la mano para conseguir que los temas que figuran en los objetivos gubernamentales sean cambiados.

Personalmente, estoy absolutamente convencida de que en la agenda de esta nueva Tierra debe figurar -como cuestión vertebradora- la igualdad y la equidad de género, junto a la soberanía alimentaria, la erradicación de la violencia en todas sus formas, la alfabetización digital, el modelo de uso poblacional del territorio, la situación de las poblaciones campesinas, la educación en valores desde la cultura de paz, la reorientación de la investigación científica para una agricultura sostenible y saludable, convertir los residuos en elementos útiles en el camino que se abre en una nueva cultura del consumo…

La lucha contra el cambio climático necesita del feminismo 

La crisis medioambiental es, por supuesto, una cuestión ideológica, pero no circunscrita a la convencional confrontación entre izquierdas y derechas. Precisa de la integración de la ciencia y la sabiduría ancestral, sin prejuicios por ninguna de las partes, abordando la reflexión casi desde el punto de partida. Si bien no es posible decodificar ni descartar el racionalismo sin tener un método alternativo -y mejor- que aplicar, también sería un error ignorar o desvalorizar el contacto directo y práctico con la naturaleza como vía legítima de adquirir conocimiento y de buscar la explicación o la raíz de las cosas. Apuesto por asumir sin ambages, y sin complejos, el reto de incorporar todas las sabidurías y todas las miradas a la búsqueda de las soluciones que necesitamos –urgentemente- encontrar y aplicar. En esta materia, el ecofeminismo de ambas tendencias, tendrá que encontrar un punto de conexión, por más que a las mujeres europeas nos cueste asumirlo.

Se necesita una metodología de inclusión: la alternativa necesita del diálogo. Diálogo, entre sexos, entre culturas, entre sistemas científicos, entre visiones religiosas, entre opciones políticas, para encontrar fórmulas de cooperación respetuosas y tolerantes, asumibles por los pueblos originarios de América Latina o por las paisanas de una aldea europea, asiática, africana, hindú…, pero también por la comunidad científica no dependiente de los señores de la guerra y de las mafias del mercado. Hay que atreverse a buscar entre muchas ideas distintas para encontrar ‘la buena idea’: no es tan importante lo que íntimamente creamos, ni debemos preocuparnos tanto por convencer a los demás de que nuestra idea es la única y la mejor (herencia nefasta de las religiones monoteístas, de los regímenes políticos totalitarios, del populismo engañoso…), como de reconocer los intereses y preocupaciones que tenemos en común, de compartir una misma inquietud, tan plural en su expresión como legítima en su origen, para garantizar una buena vida, una auténtica y satisfactoria vida, en el planeta Tierra.

Se necesita una metodología de inclusión: la alternativa necesita del diálogo.

Lo que no es de recibo es el discurso imperante, desmotivador y pesimista: ¿Para qué perder el tiempo en la autosalvación? Nos animan a lanzarnos al desenfreno inconsciente del consumismo total que nos marcan el Banco Mundial, las Agencias de Calificación, los índices bursátiles, los gobiernos títeres, las iglesias cómplices. Parece que quisieran que nos fuéramos por el desagüe para terminar cuanto antes con la pesadilla del cambio climático, de la polución asesina, de las migraciones masivas en búsqueda de tierras donde todavía haya agua potable, de generaciones de hombres y mujeres lobotomizados y robotizados por los mercaderes del templo. La patrimonialización de los recursos naturales, pincipalmente los energéticos, ha llegado a un punto de desfachatez impensable. Manipulan y se hacen dueños de las nuevas tecnologías. Nos lavan el cerebro. Ahora, cuando más información podemos tener, cuando mejor podemos saber, cambian el foco de nuestra atención para que dejemos de preocuparnos por la libertad y nos obsesionan con la inseguridad, para que el miedo sea simultáneamente el Gran Hermano ‘Orwelliano’ y el Soma ‘Husleyano’, y para que el terror a perder nuestra pobre y ruin riqueza del estándar consumista, nos impida actuar para evitar la pérdida de la grande y necesaria riqueza de una vida justa en la Tierra, con otros modos, con otras compensaciones, con un pensamiento post-ilustrado que sea el sumatorio del conocimiento y del sentimiento en una nueva época cuyo nombre tendremos que buscar.

La patrimonialización de los recursos naturales, pincipalmente los energéticos, ha llegado a un punto de desfachatez impensable. Manipulan y se hacen dueños de las nuevas tecnologías.

Hay que reaccionar. Estamos ante una nueva forma de guerra 

Deberíamos aspirar a un nuevo orden mundial -humano y sostenible- en lo económico, político, social. No podemos dejar esta tarea sólo en manos de la política convencional. Tendremos que trabajar por un pacto global entre los países y los pueblos que de pie a una nueva convivencia sobre el planeta, con visión universal, porque sin ello, no habrá sistema capaz de lograrlo por si solo. Los mercados, los mercaderes, ya han diseñado el suyo: sólo económico, sólo mercantilista. Está comprobado que deciden cómo y cuando se hunde un gobierno, dónde focalizar la extracción de determinados recursos estratégicos, qué religiones y qué pueblos han de ser puestos de moda para distraer la atención de otros asuntos más espinosos, cómo se debe ensuciar la democracia hasta convertirla en una repugnante parodia de si misma. En ese nuevo orden mundial, humano y sostenible, habrá que desechar lo inservible: ya no sirve el orden político del antiguo régimen. Los países concebidos como territorios definidos por fronteras artificiales no tienen sentido cuando el problema que nos acucia no entiende de límites dibujados en los mapas. La Amazonia está en Brasil, pero no es de Brasil. El acuífero del Paraná ¿a quién pertenece: a Paraguay, a Argentina, a Brasil, a Uruguay?. ¿Quiénes tienen el título de propiedad de los océanos? Y sobre todo ¿quiénes son los responsables de lo que pase con ello?. Los tribunales internacionales ya pueden actuar ante el genocidio y se sabe cómo pueden funcionar y a quién pueden juzgar. Pero ¿quién puede juzgar un ecocidio?

Tendremos que trabajar por un pacto global entre los países y los pueblos que de pie a una nueva convivencia sobre el planeta, con visión universal, porque sin ello, no habrá sistema capaz de lograrlo por si solo.

¿Cómo conseguirlo? Es preciso movilizar con propuestas revolucionarias para lograr un cambio evolutivo. Para ello hay que romper el aturdimiento imperante y prepararnos para una positiva e incruenta revolución basada en principios ecologistas y humanistas. ¿Para qué seguir buscando argumentos originales si los vemos todos los días en los periódicos o en los programas informativos?. Pero no hay peor sordera que la que no quiere oir. Ni ceguera más irrecuperable que quien se pone una venda en los ojos. Hemos desarrollado un extraño instinto suicida asumiendo barbaridades que queremos considerar inamovibles. Predomina el embrutecimiento. El ‘statu quo’ favorece y consolida la barbarie y la injusticia. Arranca de raíz cualquier propuesta mínimante transformadora, ya no digamos revolucionaria, porque puede aspirar a cambiar el mundo tal y como lo conocemos. El poder combate el impulso humanista y radical de la lucha contra la abolición de la esclavitud, contra el apartheid, contra mafias de trata y tráfico de mujeres y menores, de la reivindicación de los derechos humanos, de la persecución de los crímenes de guerra… porque estos grandes movimientos sociales tienen el aliento y el alcance necesarios para saber que hacen lo que corresponde hacer. La ética y la legitimidad deben prevalecer ante la estulticia y la iniquidad.

Reconozcamos la gravedad de la situación: estamos ante una nueva e inédita forma de guerra. Nos vemos obligadas a luchar contra una fuerza destructiva que asalta por tierra, mar o aire, cuando menos se le espera. Y las víctimas son incontables. Pero también lo son los causantes y están identificados.

No hay tiempo que perder.

LA LUCHA CONTRA EL CAMBIO CLIMÁTICO NECESITA IDEOLOGÍA

Reproduzco a continuación un documento con el que participé como invitada en encuentro “Terra, un planeta mulher”, celebrado en Brasilia en junio de 2012, como preparativo de la conmemoración de la Cumbre de Río de 1992, Río+20. Lo he actualizado, mínimamente, para hacerlo coincidir con la Cumbre de París de 2015.

CONSTRUYENDO LA MATRIA

Abordamos una cuestión ideológica, pero no circunscrita a la convencional confrontación entre izquierdas y derechas. Es una cuestión de Ciudadanía, responsable y participativa: si sólo hablamos de la conservación del medioambiente, renunciaremos a plantear la reivindicación más plena del Ecologismo que está indisolublemente vinculada a la sostenibilidad. Ello supone también plantearnos un cambio de modelo, no sólo la adaptación del actualmente impuesto. Otro modelo de producción, de consumo, de indicadores del bienestar, de la convivencia con las otras formas de vida, pasar de la irresponsabilidad a la corresponsabilidad consciente, dejar de sentirnos “sujetos pasivos” para convertirnos en “ciudadanos activos” que sabemos que el pensamiento ecológico no limita el progreso, pero sí cuestiona los métodos que se han venido empleando impulsados por una ideología que mercantiliza la felicidad y el progreso humano.

Es preciso integrar la ciencia y la sabiduría: en el ámbito científico, también es preciso hacer una reflexión casi desde el punto de partida. Si bien no es posible decodificar ni descartar el racionalismo sin tener un método alternativo -y mejor- que aplicar, también sería un error ignorar o desvalorizar un contacto directo y práctico con la naturaleza como vía legítima de adquirir conocimiento y de buscar la explicación o la raíz de las cosas. Apostemos por un movimiento holístico que sea fundamento de una acción política que asuma, sin ambages y sin complejos, el reto de incorporar todas las sabidurías y todas las miradas a la búsqueda de las soluciones que necesitamos –urgentemente- encontrar y aplicar.

Se necesita una metodología de inclusión: la alternativa necesita del diálogo. Diálogo, entre sexos, entre culturas, entre sistemas científicos, entre visiones religiosas, entre opciones políticas… para encontrar fórmulas de cooperación respetuosas y tolerantes, asumibles por los pueblos originarios de América Latina o por las paisanas de una aldea europea, asiática, africana, hindú…, pero también por la comunidad científica no dependiente de los señores de la guerra y de las mafias del mercado. Hay que atreverse a buscar entre muchas ideas distintas para encontrar ‘la buena idea’: no es tan importante lo que íntimamente creamos, ni debemos preocuparnos tanto por convencer a los demás de que nuestra idea es la única y la mejor (herencia nefasta de las religiones monoteístas, de los regímenes políticos totalitarios, del populismo engañoso…), como de reconocer los intereses y preocupaciones que tenemos en común, de compartir una misma inquietud, tan plural en su expresión como legítima en su origen, para garantizar una buena vida, una auténtica y satisfactoria vida, en el planeta Tierra.

Lo que no es de recibo es el discurso imperante,  desmotivador y pesimista: ¿Para qué perder el tiempo en la autosalvación? Nos animan a lanzarnos al desenfreno inconsciente del consumismo total que nos marcan el Banco Mundial, las Agencias de Calificación, los índices bursátiles, los gobiernos títeres, las iglesias cómplices. Parece que quisieran que nos fuéramos por el desagüe para terminar cuanto antes con la pesadilla del cambio climático, de la polución asesina, de las migraciones masivas en búsqueda de tierras donde todavía haya agua potable, de generaciones de hombres y mujeres lobotomizados y robotizados por los mercaderes del templo.

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La patrimonialización de los recursos naturales, pincipalmente los energéticos, ha llegado a un punto de desfachatez impensable. Manipulan y se hacen dueños de las nuevas tecnologías. Nos lavan el cerebro, ahora, cuando más información podemos tener, cuando mejor podemos saber, cambian el foco de nuestra atención para que dejemos de preocuparnos por la libertad y estemos sólo obsesionados con la seguridad. Para que el miedo sea simultáneamente el Gran Hermano ‘Orwelliano’ y el Soma ‘Husleyano’, y para que el terror a perder nuestra pobre y ruin riqueza del estándar consumista, nos impida actuar para evitar la pérdida de la grande y necesaria riqueza de una vida justa en la Tierra, con otros modos, con otras compensaciones, con un pensamiento post-ilustrado que sea el sumatorio del conocimiento y del sentimiento en una nueva época cuyo nombre tendremos que buscar.

Deberíamos aspirar a un nuevo orden mundial -humano y sostenible- en lo económico, político, social… Tendremos que trabajar por un pacto global entre los países y los pueblos que de pie a una nueva convivencia sobre el planeta, con visión universal, porque sin ello, no habrá sistema político que logre nada por si solo. Los mercados, los mercaderes, ya han diseñado el suyo: sólo económico, sólo mercantilista. Está comprobado que son los mercados quienes deciden cómo y cuando se hunde un gobierno, dónde se debe focalizar la extracción de determinados recursos estratégicos, qué religiones y qué pueblos han de ser puestos de moda para distraer la atención de otros asuntos más espinosos, cómo se debe ensuciar la democracia hasta convertirla en una repugnante parodia de si misma. En ese nuevo orden mundial, humano y sostenible, habrá que desechar lo inservible: ya no sirve el orden político del antiguo régimen. Los países concebidos como territorios definidos por fronteras artificiales no tienen sentido cuando el problema que nos acucia no entiende de límites dibujados en los mapas. La Amazonia está en Brasil, pero no es de Brasil. El acuífero del Paraná ¿a quién pertenece: a Paraguay, a Argentina, a Brasil, a Uruguay?. ¿Quiénes tienen el título de propiedad de los océanos? Y sobre todo ¿quiénes son los responsables de lo que pase con ello?. Los tribunales internacionales ya pueden actuar ante el genocidio y se sabe cómo pueden funcionar y a quién pueden juzgar. Pero ¿quién puede juzgar un ecocidio?

¿Cómo conseguirlo? Es preciso movilizar con propuestas revolucionarias para lograr un cambio evolutivo. Para ello hay que romper el aturdimiento imperante y prepararnos para una positiva e incruenta revolución basada en principios ecologistas y humanistas. ¿Para qué seguir buscando argumentos originales si los vemos todos los días en los periódicos o en los programas informativos?. Pero no hay peor sordo que el que no quiere oir. Ni ciego más irrecuperable que quien se pone una venda en los ojos. Hemos desarrollado un extraño instinto suicida asumiendo barbaridades que queremos considerar inamovibles. Estamos embrutecidos. El ‘statu quo’ favorece y consolida la barbarie y la injusticia. Arranca de raíz cualquier propuesta mínimante transformadora, ya no digamos revolucionaria, porque puede aspirar a cambiar el mundo tal y como lo conocemos. El poder combate el impulso humanista y radical de quienes lucharon por la abolición de la esclavitud, de la lucha contra el apartheid, del combate a las mafias de trata y tráfico de mujeres y niños, de la reivindicación de los derechos humanos, de la persecución de los criminales de guerra… porque estos grandes movimientos sociales tienen el aliento y el alcance necesarios para saber que hacen lo que corresponde hacer. Una legitimidad moral que se puede imponer ante la estulticia y la iniquidad.

Reconozcamos la gravedad de la situación: estamos ante una nueva e inédita forma de guerra. Nos vemos obligados a luchar contra una fuerza destructiva que asalta por tierra, mar o aire, cuando menos se le espera. Y las víctimas son incontables. Pero también lo son los causantes: una de las razones de la proliferación de incendios forestales es la especulación urbanística. Destruir paisajes singulares y espacios protegidos ha permitido justificar una nueva ordenación del territorio y autorizar edificaciones que generaron inmensas ganancias. El ladrillo también puede tener un fin criminal. Quién lo iba a imaginar. El petróleo derramado en nuestros mares, también responde a un interés económico, porque alguien permite que sigan navegando y transportando materiales altamente contaminantes por corredores marítimos tan frecuentados, como el del Cantábrico/Atlántico, viejos buques ya descatalogados y destinados al desgüace pero todavía activos por el interés y el lucro de sus beneficios conseguidos a cambio de poca o ninguna inversión en su mantenimiento. Las pruebas nucleares en las islas del Pacífico, propiciadas por potencias extranjeras europeas y norteamericanas, están dañando irremediablemente uno de los pocos macro espacios ecológicos del planeta, pero ninguna autoridad mundial les pone freno. Francia en Mururoa, por ejemplo, es devastadora.

Los temas que figuran en las agendas gubernamentales tienen que ser cambiados. En la agenda de esta nueva tierra deben figurar también, y no como cuestión menor, la equidad de género, la soberanía alimentaria, la erradicación de la violencia en todas sus formas, la alfabetización digital, el modelo de uso poblacional del territorio, la situación de las poblaciones campesinas, la educación en valores desde la cultura de paz, la reorientación de la investigación científica para una agricultura sostenible y saludable, convertir los residuos en elementos útiles en el camino que se abre en una nueva cultura del consumo…

Siguiendo al honorable Mandela: si somos capitanas de nuestras almas, todas juntas podrán retomar el rumbo de esta nave a la deriva.

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Hagamos de la Tierra una Matria para toda la Humanidad, donde todas nuestras patrias particulares tengan sitio y tengan futuro. Las patrias de nuestros pueblos. Las patrias de nuestros ideales. Todas reunidas en la Matria de una tierra viva donde valga la pena vivir. Parece fácil decirlo y difícil hacerlo. Pero esa es la verdad. Como europea no me prestaré al falso debate sobre la hipocresía de estas declaraciones por venir de pueblos que se sirvieron del expolio de otros para ganar una buena vida. Nacer en uno u otro lugar del planeta no es nuestra elección. Ocuparnos de su futuro sí. Es más: es nuestro compromiso moral, irrenunciable y legítimo.

París puede quedarse en una nueva representación teatral o dar pie a una auténtica reflexión conjunta. Cada vez somos más las personas que compartimos una enorme preocupación y responsabilidad ante lo que vemos, sabemos y conocemos, estamos dispuestos a impulsar y demandar acciones de gobierno que frenarán los intereses lobísticos de los deforestadores, de los petrodólares, de los usurpadores de las costas… Y esa responsabilidad es ahora más contundente porque la cuenta atrás hacia el abismo parece haber comenzado ya. Tenemos que hacer frente a la corrupción, a los patronos y a los dominadores, a los depredadores, a los que abusan sin límite y sin conciencia. La nueva ciudadanía del mundo nuevo representa hoy la esperanza de que el futuro aún es posible para la Humanidad. La Cumbre del clima de Río en 1992 fue el comienzo y el altavoz de un nuevo discurso y una propuesta de acción de vanguardia cuyos objetivos están lejos de ser alcanzados. Apostemos porque un nuevo rumbo y un impulso eficaz y decidido para frenar el cambio climático y construir una nueva sociedad.

La Historia de la Humanidad está plagada de utopías cumplidas, pese a lo que el pensamiento neocom y ultra liberal, quieren hacernos creer.

Empezar de nuevo, en la situación actual, puede significar renacer: hemos vuelto al punto de partida para re inventarnos como habitantes del planeta Tierra. Para ser parte de una patria común con alma, aliento, mirada, sensibilidad e inteligencia, incluyente y participada por todas las personas, de todos los territorios, de todas las etnias, de todas las culturas, de todas las edades. Para crear incluso nuevas palabras que nos definan mejor y donde nos sintamos incluidos, concernidos.

De la patria local a la matria total. La Tierra será una Matria o no será. Es el momento de agruparnos todos. Esta podría ser la lucha final. Una estrofa de la Internacional decía algo así: “el día que el triunfo alcancemos , ni esclavos ni hambrientos habrá, la tierra sera el paraíso de toda la humanidad”

María Xosé Porteiro.

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