La sonrisa de Abascal

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La Voz de Galicia. Opinión. Habitación propia
La sonrisa de Abascal
María Xosé Porteiro
26/07/2019 11:04 H

¿Qué comen estos diputados que juegan al desempate en tiempo de prórroga después de pasar los 90 minutos que dura el partido dirigiéndose miradas feroces y reproches lánguidos? La disputa para la investidura frustrada de Sánchez ha sido un espectáculo digno de un reality en busca de audiencia a costa de calidad y buen hacer, en una demostración lamentable de inexperiencia, bisoñez y tontería. Los votantes de izquierda estarán perplejos, mientras que los de derecha solo tienen que sentarse a esperar que en las bancadas de enfrente sigan infligiéndose heridas y distrayéndose aquellos que deberían cuidar de que la otra brecha -la que confirma la imagen machadiana de las dos Españas- haga impracticable la reconciliación ante la ausencia de ese ‘algo en común’ por el que merezca la pena seguir juntos. Como los alumnos perezosos, han perdido la oportunidad de aprobar en julio y, tras el clamoroso suspenso, se abre un plazo de apenas dos meses para intentar aprobar en septiembre.

En este lapso de tiempo podrían intervenir mediadores internacionales para achicar la inundación y convertir a los púgiles que se miran con desconfianza en compañeros del gabinete de ministros para poner fin a un insostenible stand by de la gobernabilidad. Para ello tendrán que hacer muchos deberes y escribir mil veces en la pizarra la máxima churchilliana de que la democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás, porque el debate de investidura confirmó que por estos pagos la cultura del diálogo y el acuerdo lleva rota mucho tiempo. Lo presagiaban las tertulias de vociferio e insultos que cada semana ofrece una cadena televisiva que se precia de crear y tumbar líderes políticos, instruyéndoles en la máxima de que hay que discutir para ganar, no para hacer prevalecer la razón.

Entre tanto despropósito, un renovado diputado Rufián cantaba las verdades al lucero del alba: «Soy de izquierdas y estoy harto de perder siempre», consciente de estar ante una oportunidad irrepetible porque en la convocatoria de septiembre las cosas pintarán muy feas para que ERC pueda votar a favor de un Gobierno de coalición por las novedades judiciales que se esperan. Por lo demás, la sonrisa satisfecha de Abascal me pareció más elocuente que cualquier discurso.

Se lo tienen que trabajar

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La Voz de Galicia. Opinión. Habitación propia
MARÍA XOSÉ PORTEIRO 

Esta sesión fallida de investidura por falta de mayoría absoluta nos ha servido para hacer examen de la capacidad parlamentaria de algunas de sus señorías. A saber, Gabriel Rufián, que hizo bien disculpándose por sus primeras actuaciones parlamentarias caracterizadas por el exabrupto y la propensión a la bulla, ahora advirtiendo a diestra y siniestra de la necesidad de diálogo y acuerdo. En el otro extremo, Abascal, el portavoz de Vox, en su estreno en la Cámara, demostró el largo camino que le queda para sustituir las ofensas por propuestas alejadas de una imagen -siquiera borrosa- de gobierno. Ciudadanos, enfangado en el frikismo, siguió absorto por la egolatría de un líder que solo se ve a sí mismo. El portavoz del PP, Casado, demostró mejores maneras que aquel joven ganador del congreso más traumático de su partido, sin papeles y con alguna crítica complicada en su primer gran debate post Rajoy.

Iglesias demostró que domina la escena como nadie, pero sabiendo que no está en una plaza de toros ante un público entregado y enardecido. Y Pedro Sánchez, el candidato resiliente, avizorando la meta y sabiendo que las fuerzas están contadas y que precisa de aliento, valor y talante para superar el esprint del jueves. John F. Kennedydecía que nunca hay que temer negociar, pero tampoco, nunca, deberá hacerse desde el temor. Así es la política y, probablemente, las relaciones humanas en su conjunto.

Tengo un crédito absoluto en la democracia. El paso por las instituciones es un ejercicio de madurez y aprendizaje inigualable, pero está siendo muy complicado formar gobierno en un hemiciclo renovado en la media de edad y, por fin, igualitario entre ambos sexos. Este Parlamento se parece mucho al país que representa, pero es también el retrato de una sociedad polarizada y habituada a las redes sociales más que al diálogo cara a cara, con papel, lápiz y un marco de debate donde ir encajando lo que uno quiere y cediendo a lo que el otro espera. Tal vez sea un signo de los tiempos o tal vez sea, tan solo, la confirmación de que estamos ante una generación de políticos que necesitaban pasar por esta prueba de iniciación a la madurez. «Esto no puede ser un contrato de adhesión -afirmó un veterano Aitor Esteban, portavoz del PNV-, se lo tienen que trabajar, pero hay una oportunidad».

La alfombra roja

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MARÍA XOSÉ PORTEIRO
23/07/2019 05:00 H

Al PSOE y Unidas Podemos les tocará ser los artífices de esa nueva forma de entender las alianzas políticas que se llama gobierno de coalición, un estreno de altos vuelos para la España que salió del franquismo con una apuesta férrea por el bipartidismo y que desde las primeras elecciones democráticas ha sido la única opción viable para la gobernabilidad. Tal vez estemos a las puertas de pisar la alfombra roja de las premières, a punto de aplicar la fórmula más habitual en los gobiernos de la Unión Europea, donde solo uno, Portugal, es totalmente de izquierdas. Siete, de momento, son coaliciones de centro izquierda, como Dinamarca o Suecia. Ocho, de centro derecha, como Países Bajos o Grecia. Cuatro, totalmente de derechas, como Italia o Hungría. Cinco tienen mayorías de centro, Francia entre ellos. Dos son francamente atípicos: Alemania, con una gran coalición de todos los partidos, y Austria, con un gobierno tecnocrático y apartidista.

El sueño de Sánchez sería, probablemente, un gobierno a la portuguesa con una mayoría clara de izquierdas, y quizá también lo sea de la mayoría de los votantes socialistas, pero suelen olvidarse, al sentarse a soñar, de la enorme diferencia que existe entre la realidad política de uno y otro país de la península ibérica, que radica en la tensión territorial de España, con tres puntos de conflicto: Cataluña, País Vasco y Galicia, cada uno en su nivel de intensidad. Portugal es un estado no descentralizado, donde los ecos de su pasado imperial siguen vigentes y establecen un único modelo posible, jacobino y centralista, como demostró un fallido intento de regionalización hace varios años. El caso español se alimenta de sucesivos fracasos históricos para trazar un estado federal donde las aspiraciones independentistas no tuvieran cabida y se articulara una convivencia más eficaz y con más estabilidad que la conseguida con la España de las autonomías. De no haber estado tan cerca el aliento del régimen salido del golpe de Estado del 36, tal vez la transición democrática hubiera tenido un recorrido distinto. Lo cierto es que, a día de hoy, tenemos el país que tenemos y la abstención de partidos con diputados encarcelados será decisiva para determinar si habrá gobierno ahora, si habrá que volver a sacar las urnas en septiembre, o si habrá que repetir elecciones en otoño.

Mano de hierro en guante de seda

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La Voz de Galicia. Opinión. Habitación propia
MARÍA XOSÉ PORTEIRO 

Supieron que algo grave pasaba al ver el encerado en blanco, sin el esquema que preparaba en clase, en su afán por hacer comprensibles los misterios de la ciencia para jóvenes enamorados de su pasión por el conocimiento. En su despedida, el profesor de química dejó la miel en los labios para quienes serán su última generación de adeptos, ahora unidos a otros cientos de personas -miles tal vez, que se encontraron en algún momento de sus vidas con Alfredo Pérez Rubalcaba, en cualquiera de sus polifacéticas actividades.

La política es, sin duda, la que le ha hecho pasar a la historia de la democracia española. Combinó fuerza y sutileza en la relación con sus adversarios, ya estuvieran en otras formaciones políticas o en la suya propia. Su voluntad de entendimiento y la capacidad para negociar el mínimo común múltiplo, frente a la obstinada y frecuente tendencia de buscar el máximo común divisor, serán también parte de su magisterio.

A él se debe el recuerdo de la primera legislatura de Zapatero como presidente como una etapa de grandes pactos para sacar adelante leyes complicadas, y casi revolucionarias, sin tener la mayoría necesaria para hacerlo en solitario. Lo recuerdo dirigiendo las reuniones del grupo parlamentario, que compartimos, con mano de hierro y guante de seda. Decía Da Vinci que la sencillez es la máxima expresión de la sofisticación. Quiero pensar que estaba imaginando a un Vitrubio de la ética semejante al hombre que acaba de abandonarnos. Rubalcaba, in memoriam.

Sánchez, presidente

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MARÍA XOSÉ PORTEIRO 

 

Hace menos de un año nadie daba un euro porque Pedro Sánchez llegara al Gobierno por la fuerza de los votos. Tenaz y resiliente, hoy procede felicitarle por jugarse el todo por el todo confirmando que la moción de censura no fue un error ni una anomalía democrática, como afirmaban la oposición política y mediática. Pasará a la historia por ser el primer presidente sin escaño, con un Ejecutivo feminista y capaz de sobrevivir con solo 84 de los 350 congresistas. En solo diez meses su Gobierno trajo mejoras sociales llamativas como la subida del salario mínimo, impensables en los gobiernos anteriores. Las elecciones pasan factura al PP tras un recambio de liderazgo hacia el pasado aznarista, dejando de ser la casa común de la derecha española y permitiendo la pinza Ciudadanos-Vox. Preparémonos a escuchar los debates más agrios protagonizados por estas otras dos derechas desde la cómoda posición de no tener que apoyar a nadie para gobernar.

Un escenario importante, pero más tardío, será el gallego con las autonómicas dentro de un año y medio durante el cual, Alberto Núñez Feijoo podría jugar un papel relevante ante la necesaria recomposición del Partido Popular.

En Galicia, además, se confirma lo caro que pagan las fuerzas a la izquierda del PSdeG su inexplicable división, con el derrumbe de las Mareas como opción política influyente en la política española y la incapacidad del BNG para recuperar su voz en este espacio, mientras el socialismo gallego vela armas ante las próximas autonómicas con una esperanza creíble de volver a gobernar.

La convocatoria electoral por el bloqueo de los nacionalistas catalanes a los primeros presupuestos del Gobierno saliente, deviene en la paradoja de un posible pacto PSOE-UP-ERC para la investidura. Será una gran novedad la negociación con Junqueras en prisión y una pésima noticia para un Puigdemont derrotado en su propio Waterloo. La España de las autonomías de la Constitución del 78 se ha radicalizado hacia una plurinacional y no parece que la nueva legislatura sea la más adecuada para su reforma. El Gobierno, con sus apoyos parlamentarios, tendrá que atender a la prioridad de la cuestión territorial y sacar tiempo y talento de la chistera para, a la vez, reducir el déficit público y asegurar las políticas sociales, esa especie de oximorón cuya fórmula, hasta ahora, nadie puede asegurar.

Lo de un hipotético pacto PSOE-Ciudadanos murió asfixiado por un cordón que Rivera se puso, él solito, al cuello. Y por la memoria de elefante de Sánchez que recordará, sin duda, lo que le costó obedecer al viejo aparato de su partido cuando le exigió unir su destino con el partido naranja. Por cierto, tengo la impresión de que Tezanos seguirá al frente del CIS. Él también ganó.

Se Fraga levantase a cabeza…

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La Voz de Galicia. Opinión. Habitación propia

María Xosé Porteiro. 12 de abril de 2019.

A novidade deste 28 de abril é que non só a esquerda se presenta dividida e con sufraxios perdidos nas físgoas da lei D’ Hont: o PP vai probar a penalización que tan ben coñece o PSOE, que emerxe logo da súa profunda crise. En Andalucía xa se viu o que sucede cando o voto se rearte entre varias formacións e a dereita máis á dereita cómelle o ril á que se presentaba como compendio das opcións conservadoras; con Cidadáns xa de cheo nesta mesma órbita, despois de renunciar a representar aos votantes de centro; e con Vox chamando ao voto máis ultra e antisistema. Se Fraga levantase a cabeza, botaríalles un bo responso a quen esnaquizaron o seu logro de aglutinalos a todos baixo as siglas do PP. As eleccións do 2011, que deron unha maioría absolutísima ao Partido Popular, supuxeron un punto de inflexión que produciu cambios nas opcións electorais da esquerda. Podemos estaba a piques de asaltar o ceo ao reclamárense herdeiros dos indignados da Porta do Sol, pero a indignación non estaba só na esquerda. Cidadáns presentábase como un novo centro, cunha imaxe moderna e progre de líderes que vivían en parella sen casar e man aberta aos cambios sociais que modernizaron a España cañí, pero trufadas por un liberalismo neocon, moderno e conservador ao mesmo tempo. Máis recentemente, Vox, representa outro tipo de indignación, pero contra a España autonómica e os dereitos sociais. O conxunto de todos eses cambios redefiniron notablemente o panorama electoral.

En todo este proceso, o maior desgaste foi para os actores da alternancia bipartidista. O PSOE pagou caro o seu erro ao abordar a crise económica do 2008 e o PP, o seu optimismo ante o custo polos innumerables casos de corrupción que motivaron a súa expulsión do Goberno. A imprevisible moción de censura de xuño pasado converteu a Pedro Sánchez nunha nova versión de Lázaro resucitado que aproveitou ao máximo o escasos dez meses de goberno en solitario, introducindo reformas inimaxinables só un ano antes, como a subida do salario mínimo. A súa chegada á Moncloa tróuxolla en bandexa a crise interna e xudicial do PP, máis para consolidar o aumento de escanos que o manteña no Goberno, precisará do apoio de difíciles compañeiros de viaxe. A aposta é arriscada, pero, se sae ben, haberá Goberno de centro-esquerda para longo e consolidaranse opcións similares nas seguintes eleccións municipais e autonómicas. Madrid sería o caso máis notable, Vigo será, en calquera caso, o bastión do modelo de cidade e Barcelona seguirá tentando escaparse do labirinto en que se converteu o reto secesionista… pero o guion do próximos catro anos está aínda no tinteiro.

“A imprevisible moción de censura de xuño pasado converteu a Pedro Sánchez nunha nova versión de Lázaro resucitado que aproveitou ao máximo os escasos dez meses de Goberno en solitario, introducindo reformas inimaxinanbles so un ano antes, como la suba do salario mínimo. A súa chegada á Moncloa chegoulle en bandeixa pola crise interna e xudicial do PP, mais para consolidar o aumento de escanos que o manteña no Goberno, precisará do apoyo de difíciles compañeiros de viaxe. A aposta é arriescada pero, si sae ben, haberá Goberno de centro-esquerda para moito tempo e se consolidarán opcións semellantes nas seguintes eleccións municipais e autonómicas.

 

Versión en castelán:

Si Fraga levantara la cabeza

La novedad de este 28 de abril es que no solo la izquierda se presenta dividida y con sufragios perdidos en los resquicios de la ley D’Hont: el PP va a probar la penalización que tan bien conoce el PSOE, que emerge tras su profunda crisis. En Andalucía ya se ha visto lo que sucede cuando el voto se reparte entre varias formaciones y la derecha más a la derecha le come el riñón a la que se presentaba como compendio de las opciones conservadoras; con Ciudadanos ya de lleno en esta misma órbita, después de renunciar a representar a los votantes de centro; y con Vox llamando al voto más ultra y antisistema. Si Fraga levantara la cabeza, les echaría un buen rapapolvo a quienes han destrozado su logro de aglutinarlos a todos bajo las siglas del PP. Las elecciones del 2011, que dieron una mayoría absolutísima al Partido Popular, supusieron un punto de inflexión que produjo cambios en las opciones electorales de la izquierda. Podemos estaba a punto de asaltar el cielo al reconocerse como herederos de los indignados de la Puerta del Sol, pero la indignación no estaba solo en la izquierda. Ciudadanos se presentaba como un nuevo centro, con una imagen moderna y progre de líderes que vivían en pareja sin casarse y mano abierta a los cambios sociales que modernizaron la España cañí, pero trufadas por un liberalismo neocon, moderno y conservador al mismo tiempo. Más recientemente, Vox, representa otro tipo de indignación, pero contra la España autonómica y los derechos sociales. El conjunto de todos esos cambios han redefinido notablemente el panorama electoral.

En todo este proceso, el mayor desgaste fue para los actores de la alternancia bipartidista. El PSOE pagó caro su error al abordar la crisis económica del 2008 y el PP, su optimismo ante el coste por los innumerables casos de corrupción que motivaron su expulsión del Gobierno. La imprevisible moción de censura de junio pasado convirtió a Pedro Sánchez en una nueva versión de Lázaro resucitado que ha aprovechado al máximo los escasos diez meses de gobierno en solitario, introduciendo reformas inimaginables solo un año antes, como la subida del salario mínimo. Su llegada a la Moncloa se la trajo en bandeja la crisis interna y judicial del PP, más para consolidar el aumento de escaños que lo mantenga en el Gobierno, precisará del apoyo de difíciles compañeros de viaje. La apuesta es arriesgada, pero, si sale bien, habrá Gobierno de centro-izquierda para rato y se consolidarán opciones similares en las siguientes elecciones municipales y autonómicas. Madrid sería el caso más notable, Vigo será, en cualquier caso, el bastión del modelo de ciudad y Barcelona seguirá intentando escaparse del laberinto en que se ha convertido el reto secesionista… pero el guion de los próximos cuatro años está todavía en el tintero.

Cuestión de dignidad

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La Voz de Galicia. Opinión. Habitación propia

MARÍA XOSÉ PORTEIRO 

Estamos en la legislatura que se recordará por tener el récord de mociones de censura presentadas; por haberse iniciado seis meses después de otra frustrada ante la imposibilidad de llegar a acuerdos para formar gobierno y, tal vez, por otras elecciones anticipadas antes de cumplir tres años. Este caos algo tendrá que ver con las discrepancias cainitas en la izquierda parlamentaria, pero sobre todo es consecuencia de la nula capacidad del partido de gobierno para negociar y llegar a acuerdos durante años anteriores, cuando desaprovechó su mayoría en las Cortes para consolidar una práctica extendida en democracias consolidadas, donde es posible procurar espacios de encuentro que prioricen la altura de miras y el bien general. Ya con anterioridad, la política española se venía demostrando inútil para los pactos de Estado, resultado de malas prácticas, como aquella acusación en el hemiciclo de un Rajoy opositor a un Zapatero presidente, de tener las manos manchadas por la sangre derramada por ETA, que convirtió al terrorismo en arma de uso habitual en la dialéctica política. O la de un adánico Iglesias, que para argumentar su rechazo a un gobierno socialista, hablaba de otras manos manchadas, pero de cal, nuevamente con el terror como bala en la recámara de los despropósitos. Pero si se perdieron las formas, no ocurrió lo mismo con las firmas y las subastas para los apoyos, porque también hemos visto negociaciones con nacionalistas catalanes y vascos, según las necesidades, para puestos en las mesas del Congreso, formación de grupos parlamentarios o presupuestos con sobrecoste. Al tiempo que se envía a los infiernos a quienes propugnan sentarse a dialogar con ellos un diseño incluyente de todas las Españas posibles mediante reforma constitucional. Y nos hemos hecho a ver a un presidentewaterproof, resistente a la humedad de las críticas y de las sentencias, capaz de tragar con todo, incluso con el despropósito y los desdecires de decir Diegos donde antes dijera digos.

Lo peor aún puede estar por llegar porque el todo vale, el tú más y «el señor aquel del que usted me habla» siguen predominando en los comportamientos del poder en este ruedo ibérico que recuerda cada día más al Celtiberia show del gran Luis Carandell. Pero aún así, nada justificaría que no se presentase ahora una moción de censura contra el presidente de un país de quien la justicia asegura que no duda en mentir en sede judicial. Solo por eso, la dignidad volverá al hemiciclo en las próximas horas. Lo que resulte será objeto de valoración posterior pero en el aquí y ahora, esta actuación merece respeto y adhesión. A no ser que entre todos se matase a la vergüenza y ahora se quiera hacer ver que ella sola se murió. Y es que, a veces, toca ser los perdedores de una causa invencible (Paco Lores, dixit).

Señorías ¡al tajo!

La Voz de Galicia. Opinión. Habitación propia

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MARÍA XOSÉ PORTEIRO 

Sánchez condicionó su aprobación a la aplicación del artículo 155 en Cataluña al compromiso de Mariano Rajoy de abordar, en esta legislatura, la reforma constitucional pendiente, y aunque el Gobierno parece querer esquivar este acuerdo, conformándose con la creación de una comisión para reformar el modelo territorial, antes o después habrá que hacerlo.

La Constitución del 78 tuvo siete padres y ninguna madre, pero reconoció la igualdad de derechos sin distinción de sexos, aunque mantuvo en vigor la prevalencia del descendiente varón en la sucesión monárquica; estableció una administración muy descentralizada y garantizó derechos fundamentales. Cuatro décadas después se hace imprescindible su revisión para actualizar el sistema electoral, reforzar y garantizar derechos sociales y económicos, hacer del Senado una verdadera cámara territorial y dar paso a un Estado federal o, al menos, lograr una delimitación entre estado y autonomías con un sistema de financiación basado en la justicia y la solidaridad. No está de más recordar que la vigente Carta Magna exige cautela para su reforma que requerirá de normalidad política «al objeto de impedir que reacciones emocionales puedan alterar las decisiones» y lograr que se efectúe en un ambiente «sin presiones sobre quienes tienen a su cargo dicha tarea».

Se hace imprescindible que así sea y el plazo de un año propuesto por los socialistas parece ir en esa dirección para distanciarse de la extrema gravedad del momento actual, equiparado por las partes en este conflicto -por razones opuestas, obviamente- con un golpe de estado.

La peligrosa inestabilidad generada y aún no resuelta, podría mejorar tras las elecciones del 21 de diciembre en Cataluña. Es imprescindible calmar los ánimos y buscar el clima que previeron los sabios constituyentes. Por ahora tampoco hay unanimidad entre todos los partidos de la oposición para incorporarse al proceso, pero la situación actual no es, ni de lejos, comparable con el paso de la dictadura a la democracia que requirió lo que los sectores más reaccionarios de aquel momento llamaron suicidio de las cortes franquistas. Entonces pactaron y aprobaron la reforma política que dio paso, de la ley a la ley, a las primeras elecciones democráticas en 1977 y al proceso constituyente. Demos un voto de confianza a nuestros representantes y a su capacidad para posibilitar una reforma que atienda a problemas presentes y se anticipe a algunos futuros. Será inevitable el debate interno en el seno de los partidos y la confrontación de ideas entre sí, pero nunca será más difícil que lo logrado hace cuarenta años. Así que pónganse a la tarea, señorías, sin prisas pero sin pausa, con altura de miras y sentido del deber, que no siempre se les va a presentar la oportunidad de ocupar unas líneas en los libros de Historia.

Cabellos de plata, bolsillos de plomo

La Voz de Galicia. Opinión. Habitación propia

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MARÍA XOSÉ PORTEIRO 

Además del conflicto catalán, en España pasan otras cosas. Conviene poner luz sobre el escenario del día a día que pisamos algo más de cuarenta y cinco millones de personas, donde se dan cita grandes necesidades y problemas de difícil solución. Otrosí digo, la deriva en caída libre del régimen de pensiones de la Seguridad Social. En datos referidos al año 2016, el informe Un perfil de las personas mayores en España, 2017. Indicadores estadísticos básicos indica que la población de personas mayores, es decir, con 65 años o más, supera ya el 18 % de la población total. Casi nueve millones de habitantes sobre cuarenta y seis y medio, nos hablan de un grupo de edad en constante crecimiento mientras que la población total disminuye, con cada vez más octogenarios donde predominan las mujeres (cinco millones frente a tres y medio), y el anuncio de que la generación del baby-boom iniciará su llegada a la jubilación en torno al año 2024. En resumen, que la presión sobre los sistemas de protección social continuará aumentando y será muy notable en la década de los 40. Pero no habrá que esperar tanto para que las negras previsiones se hagan realidad. Acabamos de saber que, desde ahora hasta 2050, el incremento anual de las pensiones no superará el 0,25 % mientras que el IPC lo hará por encima del 2 %. Así que vaya haciéndose a la idea: si ha trabajado toda la vida, cotizando sin tregua y tiene previsto jubilarse, el futuro que le espera es ser un pobre vejestorio. Es Injusto; es cruel; parece un castigo, pero los pensionistas están condenados a pudrirse y estorbar. Nadie recordará que en los años más duros de la crisis fueron el soporte familiar que acogió a hijos en paro y nietos al borde de la pobreza. Nadie recordará que una quinta parte de la población con recursos admisibles sería un segmento de consumidores necesario para reactivar la economía. Los sindicatos están desmovilizados desde hace tiempo y la tormenta perfecta provocada por la precarización del empleo, la aparición de trabajadores pobres, la caída salarial y la escasa regulación del mercado laboral tapa el anuncio de una oleada imparable que se nos viene encima de personas mayores peinando canas, con caderas frágiles, vista permanentemente cansada, sordera progresiva, dentadura en caída libre y una enorme soledad sobre sus cabezas, consecuencia de una sociedad egoísta y desmemoriada. Christine Lagarde, presidenta del Fondo Monetario Internacional, en una de sus declaraciones inefables, achacó a la longevidad la crisis del estado del bienestar en las sociedades desarrolladas, ya que con vidas tan largas no hay quien mantenga las prestaciones en salud y dependencia que abuelas y abuelos generan. Así que, visto lo visto, parece verosímil aquello de que muerto el perro, se acabó la rabia. Lo tenemos crudo.

Dos hombres y un destino

La Voz de Galicia. Opinión. Habitación propia

MARÍA XOSÉ PORTEIRO 

Frente a frente. Ni uno tan falto de decencia como parecía ni otro tan intransigente como pregonaba. Solos los dos, apretón de manos incluido y sonrisa pacificadora para endulzar los sinsabores de otros encuentros que ya quedaron en el pasado. Procede pensar el futuro porque el presente está claro: lo gestiona, cómodamente, el miembro de la pareja que ha conseguido aprobar los presupuestos para este año -y comprometer los del próximo- mientras el otro se prepara para el relevo, a tres años vista, recuperado el liderazgo interno y con una cabeza de ventaja en el camino hacia la meta, Podemos por medio. Es una carrera de fondo en la que habrá concesiones puntuales para justificarse ante sus respectivos públicos sin desmerecer demasiado y sin parecer vencidos, aunque alguna pluma deban dejar en el camino.

Lo verdaderamente importante es que hayan querido, y podido, celebrar su primera gran reunión institucional en el último año y medio. Era ya apremiante que Sánchez y Rajoy, junto a Rajoy y Sánchez, se enfrentasen a su imagen devuelta por el espejo del otro, porque solo tendrán un mañana si consiguen demostrar que sirven para algo más que para declararse incompatibles.

Toca comenzar a dibujar escenarios múltiples con diversas mayorías puntuales en una Cámara tan heterogénea como plural. A veces el PP, a veces el PSOE, habrán de buscar alianzas en sus respectivos ámbitos ideológicos para transitar el nuevo ciclo político comenzado en el 2015. No hay por qué descartar un final de legislatura con posibles cambios constitucionales si se van articulando mayorías necesarias para otras importantes reformas previas. Tal vez se logre si sus 350 señorías se plantean, seriamente, hacerse con un trocito digno en la historia de este país y cumplir con los deberes que el momento ofrece. Estamos al final de un ciclo político que se cerró con los festejos de cuarenta años de democracia con monarquía parlamentaria. Se hizo evidente que solo interesan quienes tengan algo que aportar para el futuro -rey emérito depuesto, rey activo dispuesto-, pues la casa tiene pendiente algo más que un lavado de cara.

Sobre el procés no habrá demasiadas discrepancias, más allá de lo imprescindible para que el PSC no pierda posibilidades en las próximas autonómicas, pero los asuntos que verdaderamente importan, además de los que tienen que ver con la economía y la seguridad, se refieren a la cuestión territorial -entendida a lo grande- y con el papel y el peso a que debamos aspirar en el convulso y renovado tablero internacional.

Sánchez y Rajoy tienen ante sí un destino compartido, lo quieran o no. Deberían sentirse afortunados. Pocas veces se da la oportunidad de responder a retos tan grandes y la posibilidad de encontrar el valor necesario para afrontarlos. Qué y cómo se resuelvan, el tiempo lo dirá.