Se lo tienen que trabajar

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La Voz de Galicia. Opinión. Habitación propia
MARÍA XOSÉ PORTEIRO 

Esta sesión fallida de investidura por falta de mayoría absoluta nos ha servido para hacer examen de la capacidad parlamentaria de algunas de sus señorías. A saber, Gabriel Rufián, que hizo bien disculpándose por sus primeras actuaciones parlamentarias caracterizadas por el exabrupto y la propensión a la bulla, ahora advirtiendo a diestra y siniestra de la necesidad de diálogo y acuerdo. En el otro extremo, Abascal, el portavoz de Vox, en su estreno en la Cámara, demostró el largo camino que le queda para sustituir las ofensas por propuestas alejadas de una imagen -siquiera borrosa- de gobierno. Ciudadanos, enfangado en el frikismo, siguió absorto por la egolatría de un líder que solo se ve a sí mismo. El portavoz del PP, Casado, demostró mejores maneras que aquel joven ganador del congreso más traumático de su partido, sin papeles y con alguna crítica complicada en su primer gran debate post Rajoy.

Iglesias demostró que domina la escena como nadie, pero sabiendo que no está en una plaza de toros ante un público entregado y enardecido. Y Pedro Sánchez, el candidato resiliente, avizorando la meta y sabiendo que las fuerzas están contadas y que precisa de aliento, valor y talante para superar el esprint del jueves. John F. Kennedydecía que nunca hay que temer negociar, pero tampoco, nunca, deberá hacerse desde el temor. Así es la política y, probablemente, las relaciones humanas en su conjunto.

Tengo un crédito absoluto en la democracia. El paso por las instituciones es un ejercicio de madurez y aprendizaje inigualable, pero está siendo muy complicado formar gobierno en un hemiciclo renovado en la media de edad y, por fin, igualitario entre ambos sexos. Este Parlamento se parece mucho al país que representa, pero es también el retrato de una sociedad polarizada y habituada a las redes sociales más que al diálogo cara a cara, con papel, lápiz y un marco de debate donde ir encajando lo que uno quiere y cediendo a lo que el otro espera. Tal vez sea un signo de los tiempos o tal vez sea, tan solo, la confirmación de que estamos ante una generación de políticos que necesitaban pasar por esta prueba de iniciación a la madurez. «Esto no puede ser un contrato de adhesión -afirmó un veterano Aitor Esteban, portavoz del PNV-, se lo tienen que trabajar, pero hay una oportunidad».

La alfombra roja

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MARÍA XOSÉ PORTEIRO
23/07/2019 05:00 H

Al PSOE y Unidas Podemos les tocará ser los artífices de esa nueva forma de entender las alianzas políticas que se llama gobierno de coalición, un estreno de altos vuelos para la España que salió del franquismo con una apuesta férrea por el bipartidismo y que desde las primeras elecciones democráticas ha sido la única opción viable para la gobernabilidad. Tal vez estemos a las puertas de pisar la alfombra roja de las premières, a punto de aplicar la fórmula más habitual en los gobiernos de la Unión Europea, donde solo uno, Portugal, es totalmente de izquierdas. Siete, de momento, son coaliciones de centro izquierda, como Dinamarca o Suecia. Ocho, de centro derecha, como Países Bajos o Grecia. Cuatro, totalmente de derechas, como Italia o Hungría. Cinco tienen mayorías de centro, Francia entre ellos. Dos son francamente atípicos: Alemania, con una gran coalición de todos los partidos, y Austria, con un gobierno tecnocrático y apartidista.

El sueño de Sánchez sería, probablemente, un gobierno a la portuguesa con una mayoría clara de izquierdas, y quizá también lo sea de la mayoría de los votantes socialistas, pero suelen olvidarse, al sentarse a soñar, de la enorme diferencia que existe entre la realidad política de uno y otro país de la península ibérica, que radica en la tensión territorial de España, con tres puntos de conflicto: Cataluña, País Vasco y Galicia, cada uno en su nivel de intensidad. Portugal es un estado no descentralizado, donde los ecos de su pasado imperial siguen vigentes y establecen un único modelo posible, jacobino y centralista, como demostró un fallido intento de regionalización hace varios años. El caso español se alimenta de sucesivos fracasos históricos para trazar un estado federal donde las aspiraciones independentistas no tuvieran cabida y se articulara una convivencia más eficaz y con más estabilidad que la conseguida con la España de las autonomías. De no haber estado tan cerca el aliento del régimen salido del golpe de Estado del 36, tal vez la transición democrática hubiera tenido un recorrido distinto. Lo cierto es que, a día de hoy, tenemos el país que tenemos y la abstención de partidos con diputados encarcelados será decisiva para determinar si habrá gobierno ahora, si habrá que volver a sacar las urnas en septiembre, o si habrá que repetir elecciones en otoño.

Jaque mate

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Mª XOSÉ PORTEIRO 

El PSOE confirmó el jaque mate iniciado con las elecciones generales. En las europeas, recupera el liderazgo en un momento crucial para el futuro de la Unión y se confirma como referente de los partidos socialistas europeos. En España, Ciudadanos deja de ser la opción necesaria de un centro variable; Vox es incapaz de salirse de la herencia franquista; y el PP no tiene más salida que refundarse: Gabilondo presidiendo Madrid es el golpe de gracia definitivo.

En Galicia, Vigo va para el Guiness, tanto por la irresistible ascensión de Abel Caballero como por la caída estrepitosa de Elena Muñoz (¿a qué espera para dimitir?).

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En Santiago se produce el milagro de Lázaro con la reaparición del socialista Sánchez Bugallo.

En Ourense, el paso del PP a tercera fuerza obliga a una lectura en clave local y diputacional.

Lugo es un grito de esperanza para el BNG, que sigue muy lejos de la excepción pontevedresa. A Coruña nos traerá a su primera alcaldesa, tras recuperar esa parte de la izquierda que abandonó al PSdeG hace cuatro años… Y Ferrol ofrece el fracaso absoluto de un líder -y de su formación- reducidos a la nada, extrema manifestación del fiasco de fórmulas nacidas de los indignados del 2014.

O Rubicón galego

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MARÍA XOSÉ PORTEIRO
20/05/2019 05:00 H
Pedro Sánchez, José Luis Ábalos, Adriana Lastra, pesos pesados do socialismo español, fixeron campaña en Galicia, a aldea gala do Partido Popular onde Astérix Feijoo vai resistindo os envites do novo César. Porén, ven un cambio histórico no baluarte da dereita española que non foi sen tempo: en trinta e oito anos de autonomía, o PSdeG gobernou seis, en coalición con forzas nacionalistas. A Sánchez interésalle que se confirme o cambio de liderado porque Feijoo sería un rival complicado se se decidise a resucitar o PP. É cedo para comezar a especular sobre o futuro do actual presidente galego, quen demostra, decote, moita mellor saúde política do que os seus adversarios quixeran admitir.

De aquí ás eleccións autonómicas do outono de 2020 falta un ano e medio, en que o Goberno español terá que afrontar retos de alto risco co consecuente desgaste fronte a unha axenda de grande tensión no territorial e no económico, e, sen dúbida, os altofalantes das dereitas non deixarán pasar as oportunidades que se darán para o asedio. Mais o referendo dunha nova maioría de cidadáns que apostaron pola continuidade do Partido Socialista no Goberno de España -que semella que volverá acontecer no Parlamento Europeo, nos concellos e nas autonomías en xogo, como a emblemática Madrid- non anuncia unha rápida caída da ilusión xerada. Amais, Sánchez terá ao seu favor un horizonte sen máis eleccións que as vascas e as galegas, probablemente simultáneas.images.jpgDaquela, se a Xunta ten que levar adiante os seus proxectos, con todas as grandes cidades á contra, seralle moi difícil que a maioría parlamentaria abonde para convencer na rúa. A Sanidade como cuestión principal, o financiamento autonómico, a área metropolitana de Vigo, a recuperación demográfica, o remate da conectividade ferroviaria, a recuperación do voto exterior, a reactivación do consumo interno, o mantemento dunha balanza exterior positiva para os intereses dos produtos e emprendementos galegos, a cuestión ambiental, os medios públicos… son asuntos de primeira orde na axenda galega -non os únicos- que precisan de entendemento e diálogo no ámbito local e co Goberno do Estado.

Para Gonzalo Caballero ábrese unha oportunidade inédita. Se Sánchez demostrou unha resiliencia e astucia polas que ninguén apostaba ao comezo da súa carreira presidencial, Caballero segue os seus pasos cun perfil propio, teimudo e optimista, surfeando vellas xenreiras internas e colocando aos seus fieis en lugares visibles do grupo parlamentario español ou, antes, nas candidaturas das municipais e das xerais. Agora toca a formación do novo goberno, onde deberá demostrar que o seu mando na praza está confirmado. Iso tamén será parte -e non menor- das consecuencias do que as enquisas anuncian que acontecerá o 26M. Xa o dixo Xulio César cando decidiu cruzar o Rubicón: agora empeza o xogo!

Se Fraga levantase a cabeza…

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La Voz de Galicia. Opinión. Habitación propia

María Xosé Porteiro. 12 de abril de 2019.

A novidade deste 28 de abril é que non só a esquerda se presenta dividida e con sufraxios perdidos nas físgoas da lei D’ Hont: o PP vai probar a penalización que tan ben coñece o PSOE, que emerxe logo da súa profunda crise. En Andalucía xa se viu o que sucede cando o voto se rearte entre varias formacións e a dereita máis á dereita cómelle o ril á que se presentaba como compendio das opcións conservadoras; con Cidadáns xa de cheo nesta mesma órbita, despois de renunciar a representar aos votantes de centro; e con Vox chamando ao voto máis ultra e antisistema. Se Fraga levantase a cabeza, botaríalles un bo responso a quen esnaquizaron o seu logro de aglutinalos a todos baixo as siglas do PP. As eleccións do 2011, que deron unha maioría absolutísima ao Partido Popular, supuxeron un punto de inflexión que produciu cambios nas opcións electorais da esquerda. Podemos estaba a piques de asaltar o ceo ao reclamárense herdeiros dos indignados da Porta do Sol, pero a indignación non estaba só na esquerda. Cidadáns presentábase como un novo centro, cunha imaxe moderna e progre de líderes que vivían en parella sen casar e man aberta aos cambios sociais que modernizaron a España cañí, pero trufadas por un liberalismo neocon, moderno e conservador ao mesmo tempo. Máis recentemente, Vox, representa outro tipo de indignación, pero contra a España autonómica e os dereitos sociais. O conxunto de todos eses cambios redefiniron notablemente o panorama electoral.

En todo este proceso, o maior desgaste foi para os actores da alternancia bipartidista. O PSOE pagou caro o seu erro ao abordar a crise económica do 2008 e o PP, o seu optimismo ante o custo polos innumerables casos de corrupción que motivaron a súa expulsión do Goberno. A imprevisible moción de censura de xuño pasado converteu a Pedro Sánchez nunha nova versión de Lázaro resucitado que aproveitou ao máximo o escasos dez meses de goberno en solitario, introducindo reformas inimaxinables só un ano antes, como a subida do salario mínimo. A súa chegada á Moncloa tróuxolla en bandexa a crise interna e xudicial do PP, máis para consolidar o aumento de escanos que o manteña no Goberno, precisará do apoio de difíciles compañeiros de viaxe. A aposta é arriscada, pero, se sae ben, haberá Goberno de centro-esquerda para longo e consolidaranse opcións similares nas seguintes eleccións municipais e autonómicas. Madrid sería o caso máis notable, Vigo será, en calquera caso, o bastión do modelo de cidade e Barcelona seguirá tentando escaparse do labirinto en que se converteu o reto secesionista… pero o guion do próximos catro anos está aínda no tinteiro.

“A imprevisible moción de censura de xuño pasado converteu a Pedro Sánchez nunha nova versión de Lázaro resucitado que aproveitou ao máximo os escasos dez meses de Goberno en solitario, introducindo reformas inimaxinanbles so un ano antes, como la suba do salario mínimo. A súa chegada á Moncloa chegoulle en bandeixa pola crise interna e xudicial do PP, mais para consolidar o aumento de escanos que o manteña no Goberno, precisará do apoyo de difíciles compañeiros de viaxe. A aposta é arriescada pero, si sae ben, haberá Goberno de centro-esquerda para moito tempo e se consolidarán opcións semellantes nas seguintes eleccións municipais e autonómicas.

 

Versión en castelán:

Si Fraga levantara la cabeza

La novedad de este 28 de abril es que no solo la izquierda se presenta dividida y con sufragios perdidos en los resquicios de la ley D’Hont: el PP va a probar la penalización que tan bien conoce el PSOE, que emerge tras su profunda crisis. En Andalucía ya se ha visto lo que sucede cuando el voto se reparte entre varias formaciones y la derecha más a la derecha le come el riñón a la que se presentaba como compendio de las opciones conservadoras; con Ciudadanos ya de lleno en esta misma órbita, después de renunciar a representar a los votantes de centro; y con Vox llamando al voto más ultra y antisistema. Si Fraga levantara la cabeza, les echaría un buen rapapolvo a quienes han destrozado su logro de aglutinarlos a todos bajo las siglas del PP. Las elecciones del 2011, que dieron una mayoría absolutísima al Partido Popular, supusieron un punto de inflexión que produjo cambios en las opciones electorales de la izquierda. Podemos estaba a punto de asaltar el cielo al reconocerse como herederos de los indignados de la Puerta del Sol, pero la indignación no estaba solo en la izquierda. Ciudadanos se presentaba como un nuevo centro, con una imagen moderna y progre de líderes que vivían en pareja sin casarse y mano abierta a los cambios sociales que modernizaron la España cañí, pero trufadas por un liberalismo neocon, moderno y conservador al mismo tiempo. Más recientemente, Vox, representa otro tipo de indignación, pero contra la España autonómica y los derechos sociales. El conjunto de todos esos cambios han redefinido notablemente el panorama electoral.

En todo este proceso, el mayor desgaste fue para los actores de la alternancia bipartidista. El PSOE pagó caro su error al abordar la crisis económica del 2008 y el PP, su optimismo ante el coste por los innumerables casos de corrupción que motivaron su expulsión del Gobierno. La imprevisible moción de censura de junio pasado convirtió a Pedro Sánchez en una nueva versión de Lázaro resucitado que ha aprovechado al máximo los escasos diez meses de gobierno en solitario, introduciendo reformas inimaginables solo un año antes, como la subida del salario mínimo. Su llegada a la Moncloa se la trajo en bandeja la crisis interna y judicial del PP, más para consolidar el aumento de escaños que lo mantenga en el Gobierno, precisará del apoyo de difíciles compañeros de viaje. La apuesta es arriesgada, pero, si sale bien, habrá Gobierno de centro-izquierda para rato y se consolidarán opciones similares en las siguientes elecciones municipales y autonómicas. Madrid sería el caso más notable, Vigo será, en cualquier caso, el bastión del modelo de ciudad y Barcelona seguirá intentando escaparse del laberinto en que se ha convertido el reto secesionista… pero el guion de los próximos cuatro años está todavía en el tintero.

Rabo de nube

https://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2018/06/06/rabo-nube/0003_201806G6P21993.htm

La Voz de Galicia. Opinión. Habitación propia

MARÍA XOSÉ PORTEIRO 

En el congreso extraordinario del PP que viene de anunciar Mariano Rajoy es de esperar un debate profundo para entender lo ocurrido y reconducir la estrategia a seguir. Como admitir que no han sido víctimas de un atentado tramposo, sino de un recurso legitimado por la Constitución, tan válido en lógica democrática como el artículo 155, ambos inspirados en la legislación alemana que nutrió a los constituyentes. O reconocer que aún vendrán momentos difíciles porque la Justicia sigue su curso. O tener en cuenta que dentro de un año volverán a ser examinados por el pueblo y lo que ahora hagan y digan recogerá sus consecuencias entonces. O que no hay enemigo pequeño, como Pedro Sánchez ha confirmado, llegado como está el momento de jugar sus bazas: edad, preparación y olfato para aprovechar esta oportunidad, entre otras cosas porque en Europa no genera desconfianza -y además no necesita intérpretes-; ni le preocupan los recelos que suscita en el aparato más anquilosado del PSOE porque convierten en amigos a quienes pensaban que era una marioneta o un resentido; y que ya nadie osa discutir su lealtad a sus siglas, su respeto a la Constitución y la disposición para entender y afrontar los cambios que deben resolverse aquí y ahora, porque si siguen en un cajón no se los llevará el viento, sino que retornarán convertidos en ciclón.

Pero la gran noticia es su decisión de dar un paso al lado, reconociendo que no puede quejarse por falta de oportunidades. Lo ha sido todo en la política española y no merece que nadie sienta pena por ello, sino más bien admiración o, en todo caso, envidia. Está en un momento de la vida en que puede pisar el freno e, incluso, poner la intermitencia para dejar paso a otro conductor con mejor equipación y más potencia. Sobre todo porque en sus filas tiene alguna figura que reúne estas condiciones, capaz de pilotar el renacimiento porque supo criticar actuaciones pasadas que no debían justificarse; porque ganó las elecciones en su territorio y porque reúne la juventud y experiencia necesarias para tomar el relevo y, a la vez, inaugurar una nueva etapa de regeneración y liderazgo en la dura purga que se les avecina. Y no hace falta dar más pistas…

Pero si pudiera expresar solo un deseo, esperaría del Partido Popular -como cantaba Silvio Rodríguez-, un rabo de nube que nos trajera unas gotas de humildad, arrepentimiento y propósito de enmienda. De lo contrario, acabará en la irrelevancia. Y no creo que quieran dejarle todo el campo ideológico de la derecha a un Albert Rivera más verde, por inmaduro, que la capa de Peter Pan. Ellos verán, porque Pedro Sánchez acaba de inaugurar sus primeros días como presidente de un equipo ministerial que aspira a la pole position.

 https://youtu.be/n3oy_hTfVf4

Cuestión de dignidad

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La Voz de Galicia. Opinión. Habitación propia

MARÍA XOSÉ PORTEIRO 

Estamos en la legislatura que se recordará por tener el récord de mociones de censura presentadas; por haberse iniciado seis meses después de otra frustrada ante la imposibilidad de llegar a acuerdos para formar gobierno y, tal vez, por otras elecciones anticipadas antes de cumplir tres años. Este caos algo tendrá que ver con las discrepancias cainitas en la izquierda parlamentaria, pero sobre todo es consecuencia de la nula capacidad del partido de gobierno para negociar y llegar a acuerdos durante años anteriores, cuando desaprovechó su mayoría en las Cortes para consolidar una práctica extendida en democracias consolidadas, donde es posible procurar espacios de encuentro que prioricen la altura de miras y el bien general. Ya con anterioridad, la política española se venía demostrando inútil para los pactos de Estado, resultado de malas prácticas, como aquella acusación en el hemiciclo de un Rajoy opositor a un Zapatero presidente, de tener las manos manchadas por la sangre derramada por ETA, que convirtió al terrorismo en arma de uso habitual en la dialéctica política. O la de un adánico Iglesias, que para argumentar su rechazo a un gobierno socialista, hablaba de otras manos manchadas, pero de cal, nuevamente con el terror como bala en la recámara de los despropósitos. Pero si se perdieron las formas, no ocurrió lo mismo con las firmas y las subastas para los apoyos, porque también hemos visto negociaciones con nacionalistas catalanes y vascos, según las necesidades, para puestos en las mesas del Congreso, formación de grupos parlamentarios o presupuestos con sobrecoste. Al tiempo que se envía a los infiernos a quienes propugnan sentarse a dialogar con ellos un diseño incluyente de todas las Españas posibles mediante reforma constitucional. Y nos hemos hecho a ver a un presidentewaterproof, resistente a la humedad de las críticas y de las sentencias, capaz de tragar con todo, incluso con el despropósito y los desdecires de decir Diegos donde antes dijera digos.

Lo peor aún puede estar por llegar porque el todo vale, el tú más y «el señor aquel del que usted me habla» siguen predominando en los comportamientos del poder en este ruedo ibérico que recuerda cada día más al Celtiberia show del gran Luis Carandell. Pero aún así, nada justificaría que no se presentase ahora una moción de censura contra el presidente de un país de quien la justicia asegura que no duda en mentir en sede judicial. Solo por eso, la dignidad volverá al hemiciclo en las próximas horas. Lo que resulte será objeto de valoración posterior pero en el aquí y ahora, esta actuación merece respeto y adhesión. A no ser que entre todos se matase a la vergüenza y ahora se quiera hacer ver que ella sola se murió. Y es que, a veces, toca ser los perdedores de una causa invencible (Paco Lores, dixit).