María Rosa Iglesias, autora de “AURELIA QUIERE OIR”

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Dedicado a María Rosa Iglesias, que hoxe presenta a súa novela “Aurelia quiere oir” na libraría Lila de Lilith, acompañada por Belén Regueira e Víctor Freixanes.
Non poderei asistir, pero aquí vai unha aperta grande e todo o desexo de que o seu paso por Galiza lle reporte todo o amor que merece.
AURELIA QUERE OUVIR
María Xosé Porteiro
En Arxentina temos a nosa casa familiar tantos de nós… Tocamos a gaita e falamos galego con acento porteño. Fixemos cambiar o patronímico identificativo dos españoles polo de galego, moito máis numerosos e con persoalidade de seu como para representar o todo pola parte. E dalí nos veñen visitar ao cabo de ducias de anos, algúns que marcharon sendo ben cativos e queren revisar a súa memoria, comprobar que aqueles eidos existiron algo máis ca nos seus recordos, para sentiren que perderon dúas veces. As mulleres volven hoxe cargadas de literatura, como Maria Rosa Iglesias López, unha activa militante da Diáspora en Arxentina, que na súa novela “Aurelia quiere oír” aborda a emigración, a integración nunha nova sociedade, co agravante dunha hipoacusia. É a vida vivida coma se corre unha maratón, sorteando duras probas de supervivencia, narrada coa voz desta muller que se expón ante nós con sinceridade e sen edulcorante, para que non esquezamos que as nosas nais, as nosas avoas -as nosas fillas, agora tamén- viviron, ou están a vivir, experiencias como a súa que son, daquela, tan nosas.
Como entender a Historia dun pobo sen fixar a ollada e a atención no papel xogado polas súas mulleres? En calquera recuncho do mundo son o alicerce sobre o que se constrúe a vida, gardan e comparten os coidados, sementan os afectos, son o primeiro libro no que nos aprenden a vida. Desde Galicia emigraron menos mulleres ca homes mais padeceron igualmente os efectos das ausencias, as viuvas de vivos e mortos que chamou Rosalía. A experiencia migratoria conleva desgarro vital e un trauma inevitable para quen parten e para quen quedan. É unha das que máis nos identifican con outros pobos diaspóricos nos S. XIX e XX: irlandés, xudeu, portugués, italiano. E nos tempos actuais, cos subsaharianos ou os sirios.
En breve -xa falla menos- viviremos un novo episodio electoral coas Autonómicas que, de non adelantarense polo contexto hiperactivo da política estatal, serán no outono de 2020. Non podemos esquecer que fóra da Galicia Territorial están residindo, con pasaporte español e dereito a voto, máis de catrocentas mil persoas que constitúen unha auténtica quinta provincia. Segue aberto o dilema da derrogación do voto rogado que fai desistir do seu dereito básico de cidadanía a moitedumes de mulleres e homes que seguen sendo “dos nosos”. Os erros en política poden ter difícil solución, pero, neste caso, só se precisa de vontade política e de facer un balanzo correcto do fracaso recollido. A novela de María Rosa Iglesias nos ven recordar que están fisicamente fóra do noso país, pero chantados con vontade e amor, no territorio simbólico da matria pola que traballamos todos, cada quen desde o seu lugar. Sorte María Rosa, e grazas por acender a nosa memoria, tantas veces durmida.

La sonrisa de Abascal

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https://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2019/07/26/sonrisa-abascal/0003_201907G26P16994.htm?fbclid=IwAR1DIlFDeIIefHaH_cCqtlxxWHkhia-_g91ubCJZXyvoc3B1quQTxDDdKrw

La Voz de Galicia. Opinión. Habitación propia
La sonrisa de Abascal
María Xosé Porteiro
26/07/2019 11:04 H

¿Qué comen estos diputados que juegan al desempate en tiempo de prórroga después de pasar los 90 minutos que dura el partido dirigiéndose miradas feroces y reproches lánguidos? La disputa para la investidura frustrada de Sánchez ha sido un espectáculo digno de un reality en busca de audiencia a costa de calidad y buen hacer, en una demostración lamentable de inexperiencia, bisoñez y tontería. Los votantes de izquierda estarán perplejos, mientras que los de derecha solo tienen que sentarse a esperar que en las bancadas de enfrente sigan infligiéndose heridas y distrayéndose aquellos que deberían cuidar de que la otra brecha -la que confirma la imagen machadiana de las dos Españas- haga impracticable la reconciliación ante la ausencia de ese ‘algo en común’ por el que merezca la pena seguir juntos. Como los alumnos perezosos, han perdido la oportunidad de aprobar en julio y, tras el clamoroso suspenso, se abre un plazo de apenas dos meses para intentar aprobar en septiembre.

En este lapso de tiempo podrían intervenir mediadores internacionales para achicar la inundación y convertir a los púgiles que se miran con desconfianza en compañeros del gabinete de ministros para poner fin a un insostenible stand by de la gobernabilidad. Para ello tendrán que hacer muchos deberes y escribir mil veces en la pizarra la máxima churchilliana de que la democracia es la necesidad de doblegarse de vez en cuando a las opiniones de los demás, porque el debate de investidura confirmó que por estos pagos la cultura del diálogo y el acuerdo lleva rota mucho tiempo. Lo presagiaban las tertulias de vociferio e insultos que cada semana ofrece una cadena televisiva que se precia de crear y tumbar líderes políticos, instruyéndoles en la máxima de que hay que discutir para ganar, no para hacer prevalecer la razón.

Entre tanto despropósito, un renovado diputado Rufián cantaba las verdades al lucero del alba: «Soy de izquierdas y estoy harto de perder siempre», consciente de estar ante una oportunidad irrepetible porque en la convocatoria de septiembre las cosas pintarán muy feas para que ERC pueda votar a favor de un Gobierno de coalición por las novedades judiciales que se esperan. Por lo demás, la sonrisa satisfecha de Abascal me pareció más elocuente que cualquier discurso.

Se lo tienen que trabajar

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La Voz de Galicia. Opinión. Habitación propia
MARÍA XOSÉ PORTEIRO 

Esta sesión fallida de investidura por falta de mayoría absoluta nos ha servido para hacer examen de la capacidad parlamentaria de algunas de sus señorías. A saber, Gabriel Rufián, que hizo bien disculpándose por sus primeras actuaciones parlamentarias caracterizadas por el exabrupto y la propensión a la bulla, ahora advirtiendo a diestra y siniestra de la necesidad de diálogo y acuerdo. En el otro extremo, Abascal, el portavoz de Vox, en su estreno en la Cámara, demostró el largo camino que le queda para sustituir las ofensas por propuestas alejadas de una imagen -siquiera borrosa- de gobierno. Ciudadanos, enfangado en el frikismo, siguió absorto por la egolatría de un líder que solo se ve a sí mismo. El portavoz del PP, Casado, demostró mejores maneras que aquel joven ganador del congreso más traumático de su partido, sin papeles y con alguna crítica complicada en su primer gran debate post Rajoy.

Iglesias demostró que domina la escena como nadie, pero sabiendo que no está en una plaza de toros ante un público entregado y enardecido. Y Pedro Sánchez, el candidato resiliente, avizorando la meta y sabiendo que las fuerzas están contadas y que precisa de aliento, valor y talante para superar el esprint del jueves. John F. Kennedydecía que nunca hay que temer negociar, pero tampoco, nunca, deberá hacerse desde el temor. Así es la política y, probablemente, las relaciones humanas en su conjunto.

Tengo un crédito absoluto en la democracia. El paso por las instituciones es un ejercicio de madurez y aprendizaje inigualable, pero está siendo muy complicado formar gobierno en un hemiciclo renovado en la media de edad y, por fin, igualitario entre ambos sexos. Este Parlamento se parece mucho al país que representa, pero es también el retrato de una sociedad polarizada y habituada a las redes sociales más que al diálogo cara a cara, con papel, lápiz y un marco de debate donde ir encajando lo que uno quiere y cediendo a lo que el otro espera. Tal vez sea un signo de los tiempos o tal vez sea, tan solo, la confirmación de que estamos ante una generación de políticos que necesitaban pasar por esta prueba de iniciación a la madurez. «Esto no puede ser un contrato de adhesión -afirmó un veterano Aitor Esteban, portavoz del PNV-, se lo tienen que trabajar, pero hay una oportunidad».

La alfombra roja

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https://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2019/07/23/alfombra-roja/0003_201907G23P15993.htm

MARÍA XOSÉ PORTEIRO
23/07/2019 05:00 H

Al PSOE y Unidas Podemos les tocará ser los artífices de esa nueva forma de entender las alianzas políticas que se llama gobierno de coalición, un estreno de altos vuelos para la España que salió del franquismo con una apuesta férrea por el bipartidismo y que desde las primeras elecciones democráticas ha sido la única opción viable para la gobernabilidad. Tal vez estemos a las puertas de pisar la alfombra roja de las premières, a punto de aplicar la fórmula más habitual en los gobiernos de la Unión Europea, donde solo uno, Portugal, es totalmente de izquierdas. Siete, de momento, son coaliciones de centro izquierda, como Dinamarca o Suecia. Ocho, de centro derecha, como Países Bajos o Grecia. Cuatro, totalmente de derechas, como Italia o Hungría. Cinco tienen mayorías de centro, Francia entre ellos. Dos son francamente atípicos: Alemania, con una gran coalición de todos los partidos, y Austria, con un gobierno tecnocrático y apartidista.

El sueño de Sánchez sería, probablemente, un gobierno a la portuguesa con una mayoría clara de izquierdas, y quizá también lo sea de la mayoría de los votantes socialistas, pero suelen olvidarse, al sentarse a soñar, de la enorme diferencia que existe entre la realidad política de uno y otro país de la península ibérica, que radica en la tensión territorial de España, con tres puntos de conflicto: Cataluña, País Vasco y Galicia, cada uno en su nivel de intensidad. Portugal es un estado no descentralizado, donde los ecos de su pasado imperial siguen vigentes y establecen un único modelo posible, jacobino y centralista, como demostró un fallido intento de regionalización hace varios años. El caso español se alimenta de sucesivos fracasos históricos para trazar un estado federal donde las aspiraciones independentistas no tuvieran cabida y se articulara una convivencia más eficaz y con más estabilidad que la conseguida con la España de las autonomías. De no haber estado tan cerca el aliento del régimen salido del golpe de Estado del 36, tal vez la transición democrática hubiera tenido un recorrido distinto. Lo cierto es que, a día de hoy, tenemos el país que tenemos y la abstención de partidos con diputados encarcelados será decisiva para determinar si habrá gobierno ahora, si habrá que volver a sacar las urnas en septiembre, o si habrá que repetir elecciones en otoño.

Entre Cuba e Galicia, douscentos anos de intrahistoria: Sándalo.

https://novenoites5913481.wordpress.com/2019/06/20/entre-cuba-e-galicia-douscentos-anos-de-intrahistoria/

ENTRE CUBA E GALICIA. DOUSCENTOS ANOS DE INTRAHISTORIA
Poblicado o 20 Xuño, 2019
Sándalo

María Xosé Porteiro

Editorial Galaxia, Vigo, 2019, 396 páxinas.

Cunha estrutura non canónica e afastada da novela lineal, María Xosé Porteiro, dezaoito anos despois daquela novela ou reportaxe literaria sobre o escravismo feminino dos nosos día que foi Covardes, regresa á ficción histórica cunha novela que funde historias comúns ou extraordinarias de xente unida por Galicia e Cuba.

A novela percorre douscentos anos de historia. Comeza no ano 1823 co aforcamento de Del Riego e as vinganzas brutais dun rei absolutista. E remata no ano 2015, coa estancia dun dos principais protagonistas na cociña familiar en Galicia. A autora aborda desde a historia, a emigración galega a Cuba antes e despois da independencia da Illa, e faino dun xeito fragmentario que amalgama multitude de feitos históricos e grandes doses de ficción. A armazón da novela sobre a que se ergue a estrutura, son os feitos históricos que recuperan a loita pola independencia da Illa, así como una boa parte do acontecido en España durante eses anos, con moitas familias truncadas pola emigración.

Cada capítulo da novela vén sinalado por un ano que se suceden non en orde lineal senón con múltiples saltos no tempo, con acontecementos históricos e as distintas teselas que compoñen a parte ficcional do relato.
María Xosé Porteiro

Especial relevancia teñen o inicio da guerra de liberación da República de Cuba en Armas (1869) co Grito de Yara, o desembarco de José Martí, a entrada na Habana das tropas revolucionarias de Fidel Castro. Mais a novela non soamente conta a historia de Cuba. Detense de xeito demorado na súa intrahistoria, sobre todo a partir das vivencias da familias galego-cubanas. En Cuba tivo Galicia os azos que nunca soñou quen emigrou do seu fogar fuxindo da miseria e do medo. En Cuba os galegos constituíronse como colectivo sen perder a súa individualidade. O froito máis coñecido, a construción do Centro Galego, vedado, porén, ás mulleres. Ao meu ver, a novela salienta o compromiso dos masóns nos procesos de independencia en todas as Américas, tamén en Cuba, a viaxe a Illa de Curros Enriquez, o poeta referencial de pensamento liberal e laico que apoiou expresamente o proxecto independentista cubano. E a opción polo feminismo porque nesta novela, coa historia dunha familia como núcleo central, que é o mesmo tempo o relato dun tempo e dun mundo, as mulleres en Cuba seguirán sendo invisibles, en manifesta inferioridade, e en moitas ocasións levadas a Cuba enganadas para seren prostituídas e poxadas por ser virxes, como revela o dramático capitulo “Macorina”. Algunhas secuencias sobexas, sobreabundancia e personaxes secundarios e certa tonalidade mítica, forman parte do retorno da autora á ficción con esta historia de historias.

(Texto publicado no xornal Faro de Vigo o día 20 de xuño de 2019)

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ENTRE CUBA E GALICIA. DOUSCENTOS ANOS DE INTRAHISTORIA

Sándalo

María Xosé Porteiro

Editorial Galaxia, Vigo, 2019, 396 páxinas.

 

Cunha estrutura non canónica e afastada da novela lineal, María Xosé Porteiro, dezaoito anos despois daquela novela ou reportaxe literaria sobre o escravismo  feminino dos nosos día que foi Covardes, regresa á ficción histórica cunha novela que funde historias comúns ou extraordinarias de xente unida por Galicia e Cuba.

A novela percorre douscentos anos de historia. Comeza no ano 1823 co aforcamento de Del Riego e as vinganzas brutais dun rei absolutista. E remata no ano 2015, coa estancia dun dos principais protagonistas na cociña familiar en Galicia. A autora aborda desde a historia, a emigración galega a Cuba antes e despois da independencia da Illa, e faino  dun xeito fragmentario que amalgama multitude de feitos históricos e grandes doses de ficción. A armazón da novela sobre a que se ergue a estrutura, son os feitos históricos que recuperan a loita pola independencia da Illa, así como una boa parte do acontecido en España durante eses anos, con moitas familias truncadas pola emigración.

Cada capítulo da novela vén sinalado por un ano que se suceden non en orde lineal senón con múltiples saltos no tempo, con acontecementos históricos e as distintas teselas que compoñen a parte ficcional do relato.

 

 

 

Especial relevancia teñen o inicio da guerra de liberación da República de Cuba en Armas (1869) co Grito de Yara, o desembarco de José Martí, a entrada na Habana das tropas revolucionarias de Fidel Castro. Mais a novela non soamente conta a historia de Cuba. Detense de xeito demorado na súa intrahistoria, sobre todo a partir das vivencias da familias galego-cubanas. En Cuba tivo Galicia os azos que nunca soñou quen emigrou do seu fogar fuxindo da miseria e do medo. En Cuba os galegos constituíronse como colectivo sen perder a súa individualidade. O froito máis coñecido, a construción do Centro Galego, vedado, porén, ás mulleres. Ao meu ver, a novela salienta o compromiso dos  masóns nos procesos de independencia en todas as Américas, tamén en Cuba, a viaxe a Illa de Curros Enriquez, o poeta referencial de pensamento liberal e laico que apoiou expresamente o proxecto independentista cubano. E a opción polo feminismo porque nesta novela, coa historia dunha familia como núcleo central, que é o mesmo tempo o relato dun tempo e dun mundo, as mulleres en Cuba seguirán sendo invisibles, en manifesta inferioridade, e  en moitas ocasións levadas a Cuba enganadas para seren prostituídas e poxadas por ser virxes, como revela  o dramático capitulo “Macorina”. Algunhas secuencias sobexas, sobreabundancia e personaxes secundarios e certa tonalidade mítica, forman parte do retorno da autora á ficción con esta historia de historias.

(Texto publicado no xornal Faro de Vigo o día 20 de xuño de 2019)

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Rivera al desnudo

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https://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2019/07/15/rivera-desnudo/0003_201907G15P10994.htm

MARÍA XOSÉ PORTEIRO
15/07/2019 09:56 H

Albert Rivera, hijo ideológico de la derecha tradicional, parecía nacido para renovarla y traer nuevos bríos llenos de actitudes modernas y un toque cool. Como la mayoría de jóvenes conservadores europeos, no duda en abrazar las libertades traídas por otras ideas que en épocas pasadas parecían propias de la izquierda irreverente: laicidad, actitudes desenfadadas, aceptación del aborto y de la sexualidad sin complejos, parejas de hecho… Con este tipo de comportamientos, los más progres de los neocon se han sacudido los corsés de las buenas costumbres y algunos anatemas marcados por el peso de la tradición. En sus inicios, Rivera se erigió como hombre anuncio en una de sus campañas catalanas. Parecía querer mostrarse tal cual era en plena desnudez, con un púdico gesto que ocultaba su rincón más íntimo. El resto de su anatomía frontal quedaba a la vista exhibiendo juventud, buena constitución y algo de gimnasio, como hoy es menester. Rivera ha recuperado aquella actitud donde exhibía su vanidad juvenil en un tiempo donde sería de esperar madurez personal y política. Así lo demuestra su forma de resolver conflictos internos dando portazos a cada salida del partido de sus fichajes estrella.

El líder de Ciudadanos se empeña en mantener cerrados los canales de interlocución con las demás fuerzas políticas. Tampoco el Rivera actual da la talla, ni a su derecha ni a su izquierda. En pleno período de constitución de gobiernos clave como el de la Comunidad de Madrid y el Gobierno de España, se enfurruña e incumple con su obligación de reunirse con quienes tienen que intentarlo. Se empeña en discutirle al PP la jefatura de la oposición ignorando los escaños que su partido obtuvo, por debajo de los del partido de Pablo Casado, en una actitud de cerrazón y negación de la realidad que empieza a ser enfermiza. Tampoco se siente concernido por la carretera cortada en que se ha convertido la gobernabilidad de la Comunidad de Madrid, donde ha impedido una alianza de derechas, en una nueva pataleta infantil. Y pone la guinda con el rechazo a mantener un encuentro con el candidato a la presidencia de España que tuvo más votos en las elecciones del 28A, Pedro Sánchez, para más inri, presidente en funciones. Tendrá que hacérselo mirar. Nadie es lo suficientemente bueno como para merecer su atención. Desprecia a quienes le advierten de sus errores dentro de sus filas y se viste de líder inalcanzable y único ante sus homólogos de otros partidos.

En una rabieta propia de príncipe destronado, vuelve a vestirse de sí mismo para mostrarnos galas donde solo se exhiben miserias. El solo se está metiendo en un callejón sin salida, porque la política de gestos tiene un límite y, sobre todo, tiene un coste. Tal vez cambie de actitud. Mientras tanto, desnudo, se pasea por la Corte.
TAMBIÉN EN LA VOZ

Sándalo no Foro La Región

https://www.laregion.es/articulo/foro-region/maria-xose-porteiro-temos-reivindicar-historia-do-noso-pobo/20190612073642877059.html

Juan José Feijóo, Alfonso Sobrado Palomares, María Xosé Porteiro y Pilar Pin (XESÚS FARIÑAS).

Juan José Feijóo, Alfonso Sobrado Palomares, María Xosé Porteiro y Pilar Pin (foto de XESÚS FARIÑAS).

 

La periodista y escritora lucense desgranó los detalles de su última novela, “Sándalo”, una reflexión sobre la emigración.

El salón del centro cultural Marcos Valcárcel viajó, de la mano de la periodista y escritora lucense María Xosé Porteiro, por los últimos 200 años de la historia cubana y gallega. Su nueva novela, “Sándalo”, protagonizó la cita de ayer del Foro La Región, en la que la autora acercó al público los detalles de la historia y del proceso creativo.

“A obra comeza nos acuíferos da Serra de Meira, acuíferos que buscan saída e que chegan, a través das augas do Miño, ata Cuba”, introdujo Pilar Pin, exdirectora de la Fundación Galicia Emigración de la Xunta, que presentó a la autora. “Fala dunha familia que puido ser a de moitos que estamos aquí: María Xosé imprime unha rigurosidade histórica e académica”, aseguró Pin. Tanto ella como periodista Alfonso S. Palomares, expresidente de la agencia EFE, remarcaron la calidad literaria de Porteiro, así como su capacidad de transportar al lector hasta el corazón de La Habana. “Cuando uno llega a Cuba, el aire se pega a la piel con un perfume sensual, perfectamente descrito por la autora”, señaló Palomares, quien también destacó el cariz feminista de “Sándalo”. “Descubrí en María Xosé una muy buena novelista y una muy buena novela”, compartió el periodista.

“Que podo engadir eu agora?”, bromeó la autora al arrancar su intervención. Porteiro, que emigró con sus padres a Cuba siendo una niña de 4 años, aseguró que en “Sándalo” hay una parte de su propia historia, mezclada con la de todos aquellos gallegos que se vieron obligados a emigrar. “A emigración pode contarse como experiencia vital, de un en un, ou de xeito colectivo, como unha cuestión cunha trascendencia maior”, señaló. La lucense recordó que, durante sus años como delegada de la Xunta en Argentina y Uruguay, encontró a numerosos emigrantes gallegos que aseguraban tener el corazón “partido”. “Co tempo elaborei un discurso balsámico e sanador ao redor de todos os que emigramos: temos un corazón que se multiplica por dous”, apuntó Porteiro.

La emigración

“Sándalo” propone otra mirada sobre el fenómeno migratorio gallego, y en el que Ourense tiene gran peso. “Se Galicia é terra de emigración, a provincia ourensá aínda máis. Os ourensáns son persoas que sorprenden, moi traballadoras”, señaló Pilar Pin. “O papel de Ourense no Rexurdimento do século XIX é moi importante, foi clave nese momento”, comentó la autora, que recordó la figura de Curros Enríquez, presente en la novela. “Temos que reivindicar a historia do noso pobo”, añadió. Además, Porteiro propuso abrir el temario de la asignatura de Historia: “O que estudan nos países latinos e o que estudamos aquí non ten nada que ver, e é unha inxustiza intelectual enorme”.

María Xosé Porteiro funde en ‘Sándalo’ diversas historias de la migración entre Galicia y Cuba durante los últimos 200 años. España Exterior.

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De esquerda a dereita: Llerena Perozo, Carlos Lema, María Xosé Porteiro, Ramón Nicolás y Carlos Bernárdez.

María Xosé Porteiro funde en ‘Sándalo’ diversas historias de la migración entre Galicia y Cuba durante los últimos 200 años

La periodista presenta en Vigo su último libro, “una novela sobre la identidad de los pueblos, más que sobre la emigración”

Sándalo, la nueva novela de la periodista y escritora María Xosé Porteiro, hace un recorrido sentimental por la historia de Galicia y Cuba en los últimos 200 años a través de diversas historias de las migraciones. La autora presentó su obra el jueves 30 de mayo en la librería Cartabón de Vigo acompañada Carlos Lema, director de Edicións de la editorial Galaxia, responsable de la publicación del libro; su hija Llerena Perozo, también editora; y el crítico Ramón Nicolás.

La novela –la segunda de Porteiro, 18 años después de la primera, Covardes– arranca en 1823 con la ejecución del comandante Rafael del Riego, protagonista de la sublevación liberal de 1820. A partir de aí, se empiezan a tejer historias que tienen que ver con guerras, con independencias y cambios sociales que se van dando paralelamente entre Galicia y Cuba. Es una novela que trata de recomponer la historia común de los dos pueblos y acaba por resolver una historia puntual de una familia.

La novela responde a la sugerencia que el escritor y lingüista Anxo Tarrío le hizo a su autora hace cuarenta años de que escribiese sobre su experiencia en la emigración. Porteiro, de padre gallego y madre asturiana, nació en Madrid, pero pasó su infancia en Cuba, hasta los 14 años. La necesidad de escribir la novela se hizo fuerte en la autora hace una década, a su regreso de Argentina y Uruguay, donde fue delegada de la Xunta y se reencontró con el mundo de la emigración.

Llerena Perozo calificó Sándalo de “una novela árbol, fruto de una mente árbol”, y dijo que más que una novela sobre la emigración, “es una novela sobre la identidad de los pueblos: el gallego, el asturiano y el cubano”.

Porteiro se despidió con una frase contundente que es tanto una promesa como una confesión: “Seguiré escribiendo porque tengo la maldición de Sherezade: me gusta escribir a trozos”.

 

Presentación realizada por Angeles Sallé, de #Sándalo, na Casa de Galicia en Madrid (06/06/19)

 

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GALICIA EN CUBA, ESPAÑA EN AMÉRICA. RESONANCIAS DEL AYER AL MAÑANA

Presentación de Sándalo, de María Xosé Porteiro.  Casa de Galicia, por Angeles Sallé*

Madrid, 6 de junio de 2019

ORÍGENES: PANAMÁ

Muchas gracias a Pilar Pin y a María Xosé Porteiro por haberme sacado de las tareas del día a día para retornar a la vida migrante, a mi vida. Y es que una de las mayores virtudes de Sándalo, además de ser una maravillosa novela cuya lectura te atrapa totalmente, es su capacidad para ejercer como espejo -muy poderoso- de la biografía social de Galicia, de España, y también -en cierto modo- de América. Una gran historia tejida a su vez con millones de pequeñas historias -venturosas o desventuradas y casi siempre anónimas- forjadas en nuestros trasiegos atlánticos. Una de ellas, la de mi propia familia. Por eso me atrevo a hablar hoy desde la resonancia, añadiendo geografías, tiempos e identidades a un viaje que nació para ser compartido.

En Panamá arranca el mío. Soy hija de Carlos y Angelines, dos vascos fuertes, bondadosos e inteligentes que un buen día decidieron emigrar a aquel país atravesado por dos mares. Viajó primero él, en barco, y se casaron dos años más tarde por poderes, algo muy frecuente en aquellas épocas -tan cercanas y lejanas- en las que las tecnologías y el mundo globalizado parecían fantasías de la ciencia ficción.

Mi padre llegó al puerto caribeño de Colón con cinco dólares en los bolsillos y, después de todo tipo de incursiones aventureras vendiendo relojes, cuadros y mercancías diversas de la mano de un comerciante judío, decidió establecerse por su cuenta en un pequeño pueblo agrícola y ganadero que mira al Océano Pacífico, cerca ya de la frontera con Costa Rica. Mi madre, desde que aterrizó allí procedente de Madrid, trabajó mano a mano con él en el negocio y crio cinco hijos, con admirable energía pero sin perder nunca el espanto que le causaban los bichos tropicales.

En esa tierra de la que brota café, arroz, leche y flores, descubrí también el milagro de la diversidad humana porque allí se mezclan, como en ninguna parte, el negro, el chocolate, el blanco y el amarillo, junto a sus mil y una expresiones y acentos. Pero el caso es que yo, además de en Chiriquí (que así se llama mi provincia), nací también española, y la presencia de España –su cocina, su ‘ceceo’, sus fiestas, costumbres y, más que nada sus nostalgias- fue la música de fondo de todos mis crecimientos. Bueno, digo mejor: no España sino Galicia, porque mi padre -pronto convertido en fundador y presidente prácticamente vitalicio de un centro español donde él y mi madre eran los únicos no gallegos- integró aquel espacio como un eje principal de nuestra socialización. Así fue como se gestó mi primera -y durante años única- experiencia española. El sabor del pulpo, los acordes de la gaita, la colección de trajes regionales que enviaba Cultura Hispánica (y que los hijos abochornados nos veíamos obligados a lucir) o los brindis y saudades de esos hombres y mujeres recios que lloraban sus aldeas de Carballiño, conformaron buena parte de mi ADN social.

Recuerdo que el centro tenía una rueda de afilar al servicio de los recién llegados, quienes animaban las calles con su característico silbo cada vez que atracaba un barco en Colón. Esa era la señal de que una nueva cosecha de compatriotas había arribado. Porque poner a punto los cuchillos del pueblo -mientras nos convocaban, dulce e irresistiblemente, hacia un paraje de sueños tranquilos y verdes infinitos- fue el primer emprendimiento de muchos paisanos. Luego, unos cuantos se situaron como “vendecuadros”, “mueblicultores”… -un sector del que, por cierto, lograron ser los amos- mientras se iban acostumbrando a habitar cuerpos bañados en sudor. Cuerpos curtidos a los que, claro está, no dejaba indiferente la hembra tropical. Pero, entonces, la recepción de un telegrama que solicitaba su imperiosa vuelta a Galicia (casi siempre en razón del inminente fallecimiento de la madre), les cambiaba abruptamente el estado civil, dejando -eso sí- a su progenitora vivita y coleando…¡todo un clásico! Era común que las esposas permanecieran en la aldea criando los hijos engendrados en las visitas (hay pasajes de Sándalo que parecieran extraídos de mis vivencias) pero, cada vez más, las mujeres fueron asentándose en la tierra de acogida, donde trabajaron -codo a codo- al lado de sus hombres, desenvolviéndose en todo tipo de oficios.

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De izqda. a dcha. Angeles Sallé, Pilar Pin, Ramón Ónega, Alfonso S. Palomares y M. X. Porteiro

MADRID

Mi primer viaje a España fue en barco, cuando tenía diez años, la aviación comercial no se había expandido todavía y los emigrantes seguían poblando el Atlántico -entonces conocido como ‘El Charco’- de lágrimas, baúles y chorizo. Inauguré así una vida de ires y venires, comprobando -años más tarde- hasta qué punto mi travesía personal se entrelazaba con los viajes íntimos de otros muchos navegantes. Porque, para todos nosotros, emigrar supuso abrir una herida en las raíces por la que se nos coló un trozo de tierra nueva. La cicatriz siempre permanece; incluso si se retorna los dolores mestizos afloran a la superficie una y otra vez.

Y con esa llamada a comprender -y compartir- tantos nudos no resueltos, la segunda gran estación -Madrid- se desplegó como escenario de nuevas aventuras migrantes, cuando pusimos en marcha los proyectos “Entre dos orillas” y “Migraventura”, un intento de enlazar la España que emigró a América con la América que comenzaba a agolparse en los aeropuertos españoles buscando oportunidades en nuestro país.

Esa nueva travesía circular que apelaba, a partes iguales, al pasado y al futuro supuso hurgar en viejos archivos, organizar conferencias y talleres en escuelas y barrios, recopilar historias de vida de emigrantes españoles en siete países latinoamericanos, editar libros, impulsar emprendimientos culturales y montar la exposición itinerante “Nosotros también fuimos los otros”. Quienes participamos de aquello, la mayoría mujeres tocadas por los éxodos, tuvimos el privilegio de acercarnos a montones de historias plagadas de emociones y aprendizajes. Revendedores de billetes, ‘ganchos’ o reclutadores clandestinos dispuestos a ‘arranchar’ (extorsionar económicamente) a los viajeros. Recién paridas acosadas en los puertos, bajo la sospecha de practicar -imagínense- la denominada “lactancia mercenaria”. La dura cotidianeidad de los Hoteles de Inmigrantes. La numerosa “emigración golondrina”, que constituyó un inmenso mercado de trabajo transnacional entre ambas orillas. El vigor de una amplísima red de asociaciones que sanaban, enseñaban, divertían y enterraban. Los obreros españoles, buena parte gallegos, que abrieron con sus manos las arterias de América, sus ferrocarriles, puertos y vías de agua; recuerdo ahora a esos compatriotas que representaron la segunda fuerza de trabajo en la construcción del Canal de Panamá y la mayoría de quienes murieron en el loco intento de hacer un ferrocarril en el Amazonas, el Madeira-Mamoré -popularmente conocido como “el ferrocarril del diablo”-, todo ello documentado por el Inspector de Emigración y fabuloso cronista Leopoldo D’Ouzoville. Los barcos del exilio, como el Sinaia, Ipanema, Mexique o Winnipeg, que trasladaron tantos republicanos a México y Chile, donde dejaron una profunda huella intelectual y social. La red de servicios de apoyo a unos retornados que volvieron -como el tango- con la frente marchita. O las y los artistas, médicos, políticos, comerciantes, maestros y trabajadores humildes que fundaron familias, esparcieron su legado y enriquecieron América con unos vínculos simétricos, de tú a tú, de construirnos mutuamente, dando y recibiendo, como bien dejó dicho Constantino Díaz Luces: “Lo que yo puedo contarte de mi vida no es más que la misma historia de todos los que un día partimos de España con idea de hacer la América, y al paso del tiempo descubrimos que había ocurrido lo contrario: América nos hizo a nosotros”.

Tuve ocasión en ese tiempo de visitar varias veces la Galicia española y eso me ayudó a ser un poco más consciente del secreto de su grandeza, así como renovar mis votos de gallega de alma y adopción. Porque me di cuenta hasta qué punto en el corazón gallego cabe todo, cabe ser hondureño, rioplatense y habanero sin dejar de estar cosido a su aldea. En España se sabe muy poco de esa Galicia que se funde con el mar para desbordarse hacia otro continente que le pertenece, y al que pertenece tanto como a sus montañas. Por eso nunca necesitó destacarse en el guirigay nacional.

CUBA

Del “puerto” de Madrid dimos el salto al de La Habana, siguiendo la estela de los centenares de miles de emigrantes españoles que se asentaron en la isla entre el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Solo en 1919, por poner un ilustrativo ejemplo, arribaron a Cuba 97.569 españoles, el máximo histórico. Ese año se produjo también el más trágico de los naufragios de nuestra común historia migrante: el del vapor Valbanera, que segó la vida de 488 personas frente a las costas de Florida sin que hoy, cuando estamos a punto de cumplir el primer centenario de aquella tragedia, casi nadie sepa de la existencia de este triste navío de la Pinillos, bautizado como “el Titanic de los pobres”. Apenas un año antes llegó a La Habana el asturiano Ramón Areces, con apenas 14 años de edad, a probar destino como muchos otros menores en la ‘tienda del tío’ (que, en su caso, se llamaba César Rodríguez y era dueño de los Almacenes El Encanto). Allí el joven Ramón desempeñó toda suerte de oficios antes de convertirse, unos cuantos años después, en el flamante fundador de ‘El Corte Inglés’.

Pero -antes y después de entonces- han transitado por esas calles infinitas creaciones, amoríos, pactos, rencillas, fortunas e infortunios protagonizados por los hijos cubanos de la España del éxodo, quienes dejaron una perdurable impronta en el cuerpo y el espíritu de la ciudad, en su patrimonio, arquitectura, arte y modos de vivir.

Cuando llegué a La Habana por primera vez me sucedieron cosas inexplicables. Volvía, de repente, a ser entera, en una isla capaz de contener España y Panamá entrelazadas en un mismo plano. Y nacieron nuevos proyectos, de la mano de Julio César González Pagés y de su grupo de estudiantes de la Facultad de Historia: entre otros, una guía didáctico-turística sobre las Rutas de La Habana de la Emigración Española, con las que nos propusimos ubicar el pasado en un espacio vivo y tangible, para reinterpretarlo con nuevas claves, y una exposición en el Gran Teatro de La Habana, que antes fue -como ustedes conocen mejor que nadie- el Centro Gallego.

Pilar Pin lo sabe bien porque ella fue una de las artífices de esos proyectos y, juntas, vivimos momentos inolvidables. Como, por ejemplo, aquella presentación en la que participaron altas autoridades cubanas, coincidiendo con un día de gran tensión política por la muerte del disidente Orlando Zapata tras una huelga de hambre. En medio de aquello, y al final de un evento lleno de emociones encontradas, resulta que una de esas autoridades me regaló uno de los piropos más increíbles que me han dedicado en la vida: “Compañera, usted tiene -igualito que yo- rodillas gallegas”. Y, con esa frase, sellamos un pacto.

Junto al naufragio del Valbanera, dos historias se me quedaron grabadas como ninguna otra: la del Campamento de Triscornia y la de Hijas de Galicia, ambas centrales en Sándalo.

Triscornia es, como saben, un campamento creado en 1902 por el General Wood durante la ocupación americana, destinado a acoger a los inmigrantes que no estuvieran inmunizados contra la fiebre amarilla o que no contaran con nadie en la isla que respondiese o se hiciera cargo de ellos. De un modo más general, llegó a ser el centro neurálgico de control y acogida de inmigrantes en Cuba hasta el declive final del fenómeno migratorio.

A Triscornia llegaban muchos menores, cuya emigración representaba un gran problema, como señala un artículo del Heraldo de Cuba, publicado en 1916: “Ha llamado la atención de algunos colegas el número crecidísimo de inmigrantes menores de edad que llegan a esta isla. En un solo vapor vinieron, hace algunos días, nada menos que 400. La edad de esos inmigrantes fluctúa entre los catorce y los dieciocho años. Algunos no llegan ni a los doce”.

También pasaron por allí cantidades ingentes de mujeres, muchas de las cuales, en los albores del siglo XX, eran esperadas a la salida del campamento y llevadas a prostíbulos.

Triscornia se encuentra al otro lado de la Bahía, en Casablanca, y hoy es difícil de ubicar. Pero tuvimos el empeño de ir y, tras ello, decidimos poner una placa conmemorativa y realizar un video que contase aquella historia olvidada. En un semi- derruido gazebo abrazado a la Bahía, en el que todavía se podían leer frases de amor, dolor y despedida, agradecimos entre lágrimas por todos ellos.

Y pensé en la impresionante labor realizada por la Asociación “Hijas de Galicia” que, en la década del veinte, comenzó a enviar representantes a Triscornia para defender los derechos de todas esas mujeres indefensas, acompañándolas después en la búsqueda de empleo o en el acercamiento a instituciones de protección.

Me ha conmovido particularmente el capítulo de Sándalo dedicado a Hijas de Galicia, que no solo rinde homenaje a esa institución única sino que pone también el foco en la emigración femenina en general. Porque, en esa gran historia de nuestros éxodos, lo habitual ha sido que las creaciones y sufrimientos de las mujeres se hayan visto sistemáticamente silenciados. A veces de forma deliberada para no concederles el protagonismo que merecen. Otras por descuido o, quizás, porque nuestros ojos han acabado por hacerse ciegos -hurtando así a la posteridad- al pequeño milagro que permite el fluir diario de la vida gracias a una mano que mece, un sabor que nutre, un traje que abriga, una voz que aglutina. Y no pocas veces también porque las propias mujeres se han convertido en las mejores maestras del ‘quitarse importancia’, enterrando aún más sus méritos y demandas, el lugar legítimo que les corresponde en una historia que, sin ellas, es apenas media historia. Sándalo las muestra, da voz y reivindica.

Llama la atención la fuerza con que esas Hijas de Galicia en Cuba defendieron, a capa y espada, unos derechos sociales y sanitarios imprescindibles para el sostén de la vida y el bienestar de sus comunidades. Y es que el libro muestra no solamente las indudables realizaciones sino, asimismo, las tensiones de poder de una organización gestada en beneficio de las mujeres pero, muchas veces, sin contar con ellas. Y, así, el relato no elude el desvelarnos las artimañas al uso, el clientelismo que inspiraba muchas decisiones o el tratamiento de las mujeres como un colectivo vulnerable incapaz de regir su propio destino. Pero también nos revela las notables luchas que ellas protagonizaron, casi siempre armadas con un extenso dominio de argumentos jurídicos y un apego estricto a la legalidad; luchas que ganaron en ocasiones y perdieron en otras pero que, en su acontecer, generaron una voz colectiva que se hizo escuchar y contribuyó a fraguar una red de servicios asistenciales que salvó vidas y sembró alegrías e inclusión, siendo precursora de nuestros sistemas actuales de previsión y salud.

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De izqda. a dcha: Angeles Sallé, M. X, Porteiro, Ramón Ónega, Consuelo Rumí, Alfonso S. Palomares y Pilar Pin

TIEMPOS, ESPACIOS E IDENTIDADES

Pero mi resonancia con Sándalo y su autora va bastante más allá de estos relatos y circunstancias. Tiene que ver con ese hilo sutil que conecta, a través de la migración, tiempos, espacios e identidades. Por eso su narrativa adopta la forma de saga, no podría ser de otra manera.

Las historias se conectan porque el migrante reside simultáneamente en el pasado y en el presente. Y así, aquel viaje que cualquiera de ellos –o de ellas- emprendió un día por amor, hambre o ansias de libertad no se quedó ahí sino que inauguró una cadena que ya nunca más dejará de tejerse, trascendiendo el tiempo para posarse en la cuna de las siguientes generaciones como una marca de nacimiento. Y su nueva luz acostumbra a brillar desde el principio entre la bruma de un recuerdo, de una nostalgia, de un deseo heredado. Luz y bruma, fuego y agua se funden así para celebrar, una vez más, el impulso vital del mestizaje. Como ha sucedido con la España del siglo XX, que ha parido en América -con América- una rica y abundante cosecha de generaciones mestizas de fronteras desbordadas y un ancho “corazón partío”. Hijos, nietas, biznietos que intercalan acentos, que aprendieron a bailar salsa y tango a la vez que pasodobles y muñeiras, que intervienen en la política latinoamericana y vibran con la Liga española y que son los depositarios del legado de sus mayores, de aquel billete de barco cuya ruta completa podrían recitar, el estribillo de una vieja canción aprendida de memoria siendo niños, una foto que el tiempo puso amarilla sin borrar su sonrisa, el baúl desvencijado lleno de trajes y muñecas rotas, un pequeño secreto, la cajita de fragancias, un dolor que no encontró olvido, un poema…

Por su lado, el allá y el acá lo que representa, casi siempre, para los migrantes es una distancia que duele. Detrás de alguien que se va hay quien espera, tras alguien que comienza una cadena otro hay que la continúa; padres, madres, hijos, pueblos, amigos cuyas vidas acaban embarcándose en el viaje o enganchándose al puerto de salida. Por eso el acá y el allá son territorios que se confunden pues conforman las dos esquinas de una misma familia, de una misma comunidad, a veces de una misma persona, que en ocasiones siente pertenecer a los dos lugares y en otras se interroga si acaso no pertenecerá ya a ninguna.

Con el nosotros y los otros sucede otro tanto porque, el hombre o la mujer que emigra, tarda bien poco en convertirse en ‘el otro’ en su propio lugar de origen y, pese a ser también diferente en el espacio que le acoge, se le van colando de él palabras, músicas, costumbres y afectos que termina –aunque no quiera- haciendo suyos. Y en ese complejo juego de pertenencias va diluyendo –asimismo sin pretenderlo- viejos conceptos y va creando –sin saberlo tampoco- una comunidad de identidades ensanchadas a punta de arduos recorridos interiores que dan sentido, sustancia y pluralidad al proyecto humano.

Yo creo sinceramente que una de las contribuciones más importantes y menos reconocidas de los migrantes a nuestra sociedad es que, con sus geografías, sus tiempos y sus vidas, cuestionan profundamente los paradigmas dualistas sobre los cuales construimos buena parte del pensamiento y la práctica social; en el caso que nos ocupa encarnados en los muros mentales que acostumbramos a levantar entre el ayer y el hoy, entre el acá y el allá, entre el nosotros y los otros. La vida de los migrantes rebate, como ninguna otra, esa falsa segregación mostrando lo que es la vida como tal: un flujo que transcurre y rebasa tiempos, espacios y señas cerradas de identidad. Un flujo siempre de a mitades, de acción y emoción, de territorios y tiempos que se conectan.

Por eso, las sagas migrantes como Sándalo tienen tanto sentido de futuro. Porque interpelan tanto al falso cosmopolitismo como a quienes suben muros y estrechan los cercos de la existencia, hipotecándola a la certeza de un lugar que no existe. Urge desvelar este tejido secreto que atraviesa la vida de tanta gente y que trasciende globalismos y localismos. Es verdad que nuestras voces flaquean, tal vez porque habla de historias que surgen de la pobreza y no tienen el brillo de las banderas de estirpes locales que se hunden en los siglos, ni tampoco el glamour de quienes han hecho de los aeropuertos su nueva casa. Pero tienen esos jirones de dualidad en los que se fundamenta la vida, esa vida que se nos esconde cuando nos empeñamos en escondernos de ella: mirar hacia adelante mirando tercamente hacia atrás, estar y no estar, ganar y perder, ser roca y espuma, amar y temer, ser uno, ser otro, ser nadie, ser todo.

Los migrantes, y sobre todo las mujeres, hemos de reescribir la historia, como lo has hecho tú, María Xosé, algo que nos hace deudores de ti.

No es baladí tampoco rescatar y compartir el disperso, pero muy valioso, legado migratorio que se encuentra custodiado en pequeños archivos familiares que guardan diversa documentación original (cartas, fotografías, relatos, recetas, cancioneros,…) cuyo valor humano, histórico y social es indudable. Se da el hecho de que esta información apenas se ha compartido ni se ha dado a conocer entre la opinión pública, cuando hoy Internet lo posibilita. Haciéndolo podremos construir los más vigorosos puentes que unen nuestras dos orillas, simbolizados en la poderosa figura de nuestras abuelas y abuelos, tal vez el mayor patrimonio común con el que cuenta la comunidad iberoamericana. Iberoamérica cimentada también desde abajo, desde las familias, las comunidades, las amistades, los amores, los abuelos, las nietas. Lazos micro con un gran corazón, que no requieren de explicaciones ni revelan asimetrías; he aquí una fuente impresionante para la acción política iberoamericana.

Necesitamos proyectar Sándalo, sacándolo de tiempos pretéritos y geografías limitadas, porque su mensaje es universal. Necesitamos mucha más literatura, cine y arte migrante. Mucha más diplomacia cultural basada en la fuerza de nuestros éxodos. Mucha más política en dos orillas. Y mucho más internet poblado de nuestros trasiegos, aventuras y saberes, cargando la red de velas deshilachadas y cartas de viaje que nos recuerden que ser migrantes es el único destino.

Termino, como comencé, con el relato de mi mundo chiquito. Un relato en el cual la Galicia Americana estuvo al principio, en medio y, también, en la actual estación de mi vida. Porque me hace feliz contarles que, al emparejarme hace algunos años con un argentino, pasé a ser rebautizada -ahora sí genuinamente- como “LA GALLEGA”.

Muchas gracias.

 

ÁNGELES SALLÉ ALONSO es, desde octubre de 2018, la directora del Observatorio Nacional de Telecomunicaciones para la Sociedad de la Información (ONTSI), dependiente del Consejo de Administración de Red.es. Es la primera mujer que ocupa este cargo. María Ángeles Sallé Alonso es doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Valencia, licenciada en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Igualdad y Género en el ámbito público y privado por la Universidad Jaume I de Castellón. Hasta ahora y desde 1996 ejercía como directora de la consultora Enred, dedicada a la ejecución de programas y proyectos de desarrollo socioeconómico.
Preside, asimismo, la Fundación Directa, dedicada a promover nuevas agendas de desarrollo humano y convivencia social. También ha sido directora general del Consorcio Salamanca Emprende (1995-1996), directora de Promoción y Asistencia Técnica de la Fundación para la Formación Continua –actualmente Fundación Estatal para la Formación en el Empleo– (1993-1995), asesora del gabinete de la ministra de Asuntos Sociales (1990-1993), responsable del Área de Empleo del Instituto de la Mujer (1987-1989), coordinadora de Programas del Centro de Información de los Derechos de la Mujer en Asturias (1985-1986), responsable adjunta de la Secretaría Confederal de la Mujer y de la Secretaría Confederal de Formación y Cultura de Comisiones Obreras (1980-1985) y socióloga del Gabinete Técnico de la Federación de la Construcción de Comisiones Obreras (1978-1979).
Ha realizado, asimismo, labores de consultoría internacional para distintos programas de Naciones Unidas, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, el Banco Interamericano de Desarrollo o el Sistema de Integración Centroamericana, entre otros.