Se lo tienen que trabajar

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La Voz de Galicia. Opinión. Habitación propia
MARÍA XOSÉ PORTEIRO 

Esta sesión fallida de investidura por falta de mayoría absoluta nos ha servido para hacer examen de la capacidad parlamentaria de algunas de sus señorías. A saber, Gabriel Rufián, que hizo bien disculpándose por sus primeras actuaciones parlamentarias caracterizadas por el exabrupto y la propensión a la bulla, ahora advirtiendo a diestra y siniestra de la necesidad de diálogo y acuerdo. En el otro extremo, Abascal, el portavoz de Vox, en su estreno en la Cámara, demostró el largo camino que le queda para sustituir las ofensas por propuestas alejadas de una imagen -siquiera borrosa- de gobierno. Ciudadanos, enfangado en el frikismo, siguió absorto por la egolatría de un líder que solo se ve a sí mismo. El portavoz del PP, Casado, demostró mejores maneras que aquel joven ganador del congreso más traumático de su partido, sin papeles y con alguna crítica complicada en su primer gran debate post Rajoy.

Iglesias demostró que domina la escena como nadie, pero sabiendo que no está en una plaza de toros ante un público entregado y enardecido. Y Pedro Sánchez, el candidato resiliente, avizorando la meta y sabiendo que las fuerzas están contadas y que precisa de aliento, valor y talante para superar el esprint del jueves. John F. Kennedydecía que nunca hay que temer negociar, pero tampoco, nunca, deberá hacerse desde el temor. Así es la política y, probablemente, las relaciones humanas en su conjunto.

Tengo un crédito absoluto en la democracia. El paso por las instituciones es un ejercicio de madurez y aprendizaje inigualable, pero está siendo muy complicado formar gobierno en un hemiciclo renovado en la media de edad y, por fin, igualitario entre ambos sexos. Este Parlamento se parece mucho al país que representa, pero es también el retrato de una sociedad polarizada y habituada a las redes sociales más que al diálogo cara a cara, con papel, lápiz y un marco de debate donde ir encajando lo que uno quiere y cediendo a lo que el otro espera. Tal vez sea un signo de los tiempos o tal vez sea, tan solo, la confirmación de que estamos ante una generación de políticos que necesitaban pasar por esta prueba de iniciación a la madurez. «Esto no puede ser un contrato de adhesión -afirmó un veterano Aitor Esteban, portavoz del PNV-, se lo tienen que trabajar, pero hay una oportunidad».

La alfombra roja

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https://www.lavozdegalicia.es/noticia/opinion/2019/07/23/alfombra-roja/0003_201907G23P15993.htm

MARÍA XOSÉ PORTEIRO
23/07/2019 05:00 H

Al PSOE y Unidas Podemos les tocará ser los artífices de esa nueva forma de entender las alianzas políticas que se llama gobierno de coalición, un estreno de altos vuelos para la España que salió del franquismo con una apuesta férrea por el bipartidismo y que desde las primeras elecciones democráticas ha sido la única opción viable para la gobernabilidad. Tal vez estemos a las puertas de pisar la alfombra roja de las premières, a punto de aplicar la fórmula más habitual en los gobiernos de la Unión Europea, donde solo uno, Portugal, es totalmente de izquierdas. Siete, de momento, son coaliciones de centro izquierda, como Dinamarca o Suecia. Ocho, de centro derecha, como Países Bajos o Grecia. Cuatro, totalmente de derechas, como Italia o Hungría. Cinco tienen mayorías de centro, Francia entre ellos. Dos son francamente atípicos: Alemania, con una gran coalición de todos los partidos, y Austria, con un gobierno tecnocrático y apartidista.

El sueño de Sánchez sería, probablemente, un gobierno a la portuguesa con una mayoría clara de izquierdas, y quizá también lo sea de la mayoría de los votantes socialistas, pero suelen olvidarse, al sentarse a soñar, de la enorme diferencia que existe entre la realidad política de uno y otro país de la península ibérica, que radica en la tensión territorial de España, con tres puntos de conflicto: Cataluña, País Vasco y Galicia, cada uno en su nivel de intensidad. Portugal es un estado no descentralizado, donde los ecos de su pasado imperial siguen vigentes y establecen un único modelo posible, jacobino y centralista, como demostró un fallido intento de regionalización hace varios años. El caso español se alimenta de sucesivos fracasos históricos para trazar un estado federal donde las aspiraciones independentistas no tuvieran cabida y se articulara una convivencia más eficaz y con más estabilidad que la conseguida con la España de las autonomías. De no haber estado tan cerca el aliento del régimen salido del golpe de Estado del 36, tal vez la transición democrática hubiera tenido un recorrido distinto. Lo cierto es que, a día de hoy, tenemos el país que tenemos y la abstención de partidos con diputados encarcelados será decisiva para determinar si habrá gobierno ahora, si habrá que volver a sacar las urnas en septiembre, o si habrá que repetir elecciones en otoño.

Rivera al desnudo

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MARÍA XOSÉ PORTEIRO
15/07/2019 09:56 H

Albert Rivera, hijo ideológico de la derecha tradicional, parecía nacido para renovarla y traer nuevos bríos llenos de actitudes modernas y un toque cool. Como la mayoría de jóvenes conservadores europeos, no duda en abrazar las libertades traídas por otras ideas que en épocas pasadas parecían propias de la izquierda irreverente: laicidad, actitudes desenfadadas, aceptación del aborto y de la sexualidad sin complejos, parejas de hecho… Con este tipo de comportamientos, los más progres de los neocon se han sacudido los corsés de las buenas costumbres y algunos anatemas marcados por el peso de la tradición. En sus inicios, Rivera se erigió como hombre anuncio en una de sus campañas catalanas. Parecía querer mostrarse tal cual era en plena desnudez, con un púdico gesto que ocultaba su rincón más íntimo. El resto de su anatomía frontal quedaba a la vista exhibiendo juventud, buena constitución y algo de gimnasio, como hoy es menester. Rivera ha recuperado aquella actitud donde exhibía su vanidad juvenil en un tiempo donde sería de esperar madurez personal y política. Así lo demuestra su forma de resolver conflictos internos dando portazos a cada salida del partido de sus fichajes estrella.

El líder de Ciudadanos se empeña en mantener cerrados los canales de interlocución con las demás fuerzas políticas. Tampoco el Rivera actual da la talla, ni a su derecha ni a su izquierda. En pleno período de constitución de gobiernos clave como el de la Comunidad de Madrid y el Gobierno de España, se enfurruña e incumple con su obligación de reunirse con quienes tienen que intentarlo. Se empeña en discutirle al PP la jefatura de la oposición ignorando los escaños que su partido obtuvo, por debajo de los del partido de Pablo Casado, en una actitud de cerrazón y negación de la realidad que empieza a ser enfermiza. Tampoco se siente concernido por la carretera cortada en que se ha convertido la gobernabilidad de la Comunidad de Madrid, donde ha impedido una alianza de derechas, en una nueva pataleta infantil. Y pone la guinda con el rechazo a mantener un encuentro con el candidato a la presidencia de España que tuvo más votos en las elecciones del 28A, Pedro Sánchez, para más inri, presidente en funciones. Tendrá que hacérselo mirar. Nadie es lo suficientemente bueno como para merecer su atención. Desprecia a quienes le advierten de sus errores dentro de sus filas y se viste de líder inalcanzable y único ante sus homólogos de otros partidos.

En una rabieta propia de príncipe destronado, vuelve a vestirse de sí mismo para mostrarnos galas donde solo se exhiben miserias. El solo se está metiendo en un callejón sin salida, porque la política de gestos tiene un límite y, sobre todo, tiene un coste. Tal vez cambie de actitud. Mientras tanto, desnudo, se pasea por la Corte.
TAMBIÉN EN LA VOZ

Presentación realizada por Angeles Sallé, de #Sándalo, na Casa de Galicia en Madrid (06/06/19)

 

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GALICIA EN CUBA, ESPAÑA EN AMÉRICA. RESONANCIAS DEL AYER AL MAÑANA

Presentación de Sándalo, de María Xosé Porteiro.  Casa de Galicia, por Angeles Sallé*

Madrid, 6 de junio de 2019

ORÍGENES: PANAMÁ

Muchas gracias a Pilar Pin y a María Xosé Porteiro por haberme sacado de las tareas del día a día para retornar a la vida migrante, a mi vida. Y es que una de las mayores virtudes de Sándalo, además de ser una maravillosa novela cuya lectura te atrapa totalmente, es su capacidad para ejercer como espejo -muy poderoso- de la biografía social de Galicia, de España, y también -en cierto modo- de América. Una gran historia tejida a su vez con millones de pequeñas historias -venturosas o desventuradas y casi siempre anónimas- forjadas en nuestros trasiegos atlánticos. Una de ellas, la de mi propia familia. Por eso me atrevo a hablar hoy desde la resonancia, añadiendo geografías, tiempos e identidades a un viaje que nació para ser compartido.

En Panamá arranca el mío. Soy hija de Carlos y Angelines, dos vascos fuertes, bondadosos e inteligentes que un buen día decidieron emigrar a aquel país atravesado por dos mares. Viajó primero él, en barco, y se casaron dos años más tarde por poderes, algo muy frecuente en aquellas épocas -tan cercanas y lejanas- en las que las tecnologías y el mundo globalizado parecían fantasías de la ciencia ficción.

Mi padre llegó al puerto caribeño de Colón con cinco dólares en los bolsillos y, después de todo tipo de incursiones aventureras vendiendo relojes, cuadros y mercancías diversas de la mano de un comerciante judío, decidió establecerse por su cuenta en un pequeño pueblo agrícola y ganadero que mira al Océano Pacífico, cerca ya de la frontera con Costa Rica. Mi madre, desde que aterrizó allí procedente de Madrid, trabajó mano a mano con él en el negocio y crio cinco hijos, con admirable energía pero sin perder nunca el espanto que le causaban los bichos tropicales.

En esa tierra de la que brota café, arroz, leche y flores, descubrí también el milagro de la diversidad humana porque allí se mezclan, como en ninguna parte, el negro, el chocolate, el blanco y el amarillo, junto a sus mil y una expresiones y acentos. Pero el caso es que yo, además de en Chiriquí (que así se llama mi provincia), nací también española, y la presencia de España –su cocina, su ‘ceceo’, sus fiestas, costumbres y, más que nada sus nostalgias- fue la música de fondo de todos mis crecimientos. Bueno, digo mejor: no España sino Galicia, porque mi padre -pronto convertido en fundador y presidente prácticamente vitalicio de un centro español donde él y mi madre eran los únicos no gallegos- integró aquel espacio como un eje principal de nuestra socialización. Así fue como se gestó mi primera -y durante años única- experiencia española. El sabor del pulpo, los acordes de la gaita, la colección de trajes regionales que enviaba Cultura Hispánica (y que los hijos abochornados nos veíamos obligados a lucir) o los brindis y saudades de esos hombres y mujeres recios que lloraban sus aldeas de Carballiño, conformaron buena parte de mi ADN social.

Recuerdo que el centro tenía una rueda de afilar al servicio de los recién llegados, quienes animaban las calles con su característico silbo cada vez que atracaba un barco en Colón. Esa era la señal de que una nueva cosecha de compatriotas había arribado. Porque poner a punto los cuchillos del pueblo -mientras nos convocaban, dulce e irresistiblemente, hacia un paraje de sueños tranquilos y verdes infinitos- fue el primer emprendimiento de muchos paisanos. Luego, unos cuantos se situaron como “vendecuadros”, “mueblicultores”… -un sector del que, por cierto, lograron ser los amos- mientras se iban acostumbrando a habitar cuerpos bañados en sudor. Cuerpos curtidos a los que, claro está, no dejaba indiferente la hembra tropical. Pero, entonces, la recepción de un telegrama que solicitaba su imperiosa vuelta a Galicia (casi siempre en razón del inminente fallecimiento de la madre), les cambiaba abruptamente el estado civil, dejando -eso sí- a su progenitora vivita y coleando…¡todo un clásico! Era común que las esposas permanecieran en la aldea criando los hijos engendrados en las visitas (hay pasajes de Sándalo que parecieran extraídos de mis vivencias) pero, cada vez más, las mujeres fueron asentándose en la tierra de acogida, donde trabajaron -codo a codo- al lado de sus hombres, desenvolviéndose en todo tipo de oficios.

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De izqda. a dcha. Angeles Sallé, Pilar Pin, Ramón Ónega, Alfonso S. Palomares y M. X. Porteiro

MADRID

Mi primer viaje a España fue en barco, cuando tenía diez años, la aviación comercial no se había expandido todavía y los emigrantes seguían poblando el Atlántico -entonces conocido como ‘El Charco’- de lágrimas, baúles y chorizo. Inauguré así una vida de ires y venires, comprobando -años más tarde- hasta qué punto mi travesía personal se entrelazaba con los viajes íntimos de otros muchos navegantes. Porque, para todos nosotros, emigrar supuso abrir una herida en las raíces por la que se nos coló un trozo de tierra nueva. La cicatriz siempre permanece; incluso si se retorna los dolores mestizos afloran a la superficie una y otra vez.

Y con esa llamada a comprender -y compartir- tantos nudos no resueltos, la segunda gran estación -Madrid- se desplegó como escenario de nuevas aventuras migrantes, cuando pusimos en marcha los proyectos “Entre dos orillas” y “Migraventura”, un intento de enlazar la España que emigró a América con la América que comenzaba a agolparse en los aeropuertos españoles buscando oportunidades en nuestro país.

Esa nueva travesía circular que apelaba, a partes iguales, al pasado y al futuro supuso hurgar en viejos archivos, organizar conferencias y talleres en escuelas y barrios, recopilar historias de vida de emigrantes españoles en siete países latinoamericanos, editar libros, impulsar emprendimientos culturales y montar la exposición itinerante “Nosotros también fuimos los otros”. Quienes participamos de aquello, la mayoría mujeres tocadas por los éxodos, tuvimos el privilegio de acercarnos a montones de historias plagadas de emociones y aprendizajes. Revendedores de billetes, ‘ganchos’ o reclutadores clandestinos dispuestos a ‘arranchar’ (extorsionar económicamente) a los viajeros. Recién paridas acosadas en los puertos, bajo la sospecha de practicar -imagínense- la denominada “lactancia mercenaria”. La dura cotidianeidad de los Hoteles de Inmigrantes. La numerosa “emigración golondrina”, que constituyó un inmenso mercado de trabajo transnacional entre ambas orillas. El vigor de una amplísima red de asociaciones que sanaban, enseñaban, divertían y enterraban. Los obreros españoles, buena parte gallegos, que abrieron con sus manos las arterias de América, sus ferrocarriles, puertos y vías de agua; recuerdo ahora a esos compatriotas que representaron la segunda fuerza de trabajo en la construcción del Canal de Panamá y la mayoría de quienes murieron en el loco intento de hacer un ferrocarril en el Amazonas, el Madeira-Mamoré -popularmente conocido como “el ferrocarril del diablo”-, todo ello documentado por el Inspector de Emigración y fabuloso cronista Leopoldo D’Ouzoville. Los barcos del exilio, como el Sinaia, Ipanema, Mexique o Winnipeg, que trasladaron tantos republicanos a México y Chile, donde dejaron una profunda huella intelectual y social. La red de servicios de apoyo a unos retornados que volvieron -como el tango- con la frente marchita. O las y los artistas, médicos, políticos, comerciantes, maestros y trabajadores humildes que fundaron familias, esparcieron su legado y enriquecieron América con unos vínculos simétricos, de tú a tú, de construirnos mutuamente, dando y recibiendo, como bien dejó dicho Constantino Díaz Luces: “Lo que yo puedo contarte de mi vida no es más que la misma historia de todos los que un día partimos de España con idea de hacer la América, y al paso del tiempo descubrimos que había ocurrido lo contrario: América nos hizo a nosotros”.

Tuve ocasión en ese tiempo de visitar varias veces la Galicia española y eso me ayudó a ser un poco más consciente del secreto de su grandeza, así como renovar mis votos de gallega de alma y adopción. Porque me di cuenta hasta qué punto en el corazón gallego cabe todo, cabe ser hondureño, rioplatense y habanero sin dejar de estar cosido a su aldea. En España se sabe muy poco de esa Galicia que se funde con el mar para desbordarse hacia otro continente que le pertenece, y al que pertenece tanto como a sus montañas. Por eso nunca necesitó destacarse en el guirigay nacional.

CUBA

Del “puerto” de Madrid dimos el salto al de La Habana, siguiendo la estela de los centenares de miles de emigrantes españoles que se asentaron en la isla entre el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX. Solo en 1919, por poner un ilustrativo ejemplo, arribaron a Cuba 97.569 españoles, el máximo histórico. Ese año se produjo también el más trágico de los naufragios de nuestra común historia migrante: el del vapor Valbanera, que segó la vida de 488 personas frente a las costas de Florida sin que hoy, cuando estamos a punto de cumplir el primer centenario de aquella tragedia, casi nadie sepa de la existencia de este triste navío de la Pinillos, bautizado como “el Titanic de los pobres”. Apenas un año antes llegó a La Habana el asturiano Ramón Areces, con apenas 14 años de edad, a probar destino como muchos otros menores en la ‘tienda del tío’ (que, en su caso, se llamaba César Rodríguez y era dueño de los Almacenes El Encanto). Allí el joven Ramón desempeñó toda suerte de oficios antes de convertirse, unos cuantos años después, en el flamante fundador de ‘El Corte Inglés’.

Pero -antes y después de entonces- han transitado por esas calles infinitas creaciones, amoríos, pactos, rencillas, fortunas e infortunios protagonizados por los hijos cubanos de la España del éxodo, quienes dejaron una perdurable impronta en el cuerpo y el espíritu de la ciudad, en su patrimonio, arquitectura, arte y modos de vivir.

Cuando llegué a La Habana por primera vez me sucedieron cosas inexplicables. Volvía, de repente, a ser entera, en una isla capaz de contener España y Panamá entrelazadas en un mismo plano. Y nacieron nuevos proyectos, de la mano de Julio César González Pagés y de su grupo de estudiantes de la Facultad de Historia: entre otros, una guía didáctico-turística sobre las Rutas de La Habana de la Emigración Española, con las que nos propusimos ubicar el pasado en un espacio vivo y tangible, para reinterpretarlo con nuevas claves, y una exposición en el Gran Teatro de La Habana, que antes fue -como ustedes conocen mejor que nadie- el Centro Gallego.

Pilar Pin lo sabe bien porque ella fue una de las artífices de esos proyectos y, juntas, vivimos momentos inolvidables. Como, por ejemplo, aquella presentación en la que participaron altas autoridades cubanas, coincidiendo con un día de gran tensión política por la muerte del disidente Orlando Zapata tras una huelga de hambre. En medio de aquello, y al final de un evento lleno de emociones encontradas, resulta que una de esas autoridades me regaló uno de los piropos más increíbles que me han dedicado en la vida: “Compañera, usted tiene -igualito que yo- rodillas gallegas”. Y, con esa frase, sellamos un pacto.

Junto al naufragio del Valbanera, dos historias se me quedaron grabadas como ninguna otra: la del Campamento de Triscornia y la de Hijas de Galicia, ambas centrales en Sándalo.

Triscornia es, como saben, un campamento creado en 1902 por el General Wood durante la ocupación americana, destinado a acoger a los inmigrantes que no estuvieran inmunizados contra la fiebre amarilla o que no contaran con nadie en la isla que respondiese o se hiciera cargo de ellos. De un modo más general, llegó a ser el centro neurálgico de control y acogida de inmigrantes en Cuba hasta el declive final del fenómeno migratorio.

A Triscornia llegaban muchos menores, cuya emigración representaba un gran problema, como señala un artículo del Heraldo de Cuba, publicado en 1916: “Ha llamado la atención de algunos colegas el número crecidísimo de inmigrantes menores de edad que llegan a esta isla. En un solo vapor vinieron, hace algunos días, nada menos que 400. La edad de esos inmigrantes fluctúa entre los catorce y los dieciocho años. Algunos no llegan ni a los doce”.

También pasaron por allí cantidades ingentes de mujeres, muchas de las cuales, en los albores del siglo XX, eran esperadas a la salida del campamento y llevadas a prostíbulos.

Triscornia se encuentra al otro lado de la Bahía, en Casablanca, y hoy es difícil de ubicar. Pero tuvimos el empeño de ir y, tras ello, decidimos poner una placa conmemorativa y realizar un video que contase aquella historia olvidada. En un semi- derruido gazebo abrazado a la Bahía, en el que todavía se podían leer frases de amor, dolor y despedida, agradecimos entre lágrimas por todos ellos.

Y pensé en la impresionante labor realizada por la Asociación “Hijas de Galicia” que, en la década del veinte, comenzó a enviar representantes a Triscornia para defender los derechos de todas esas mujeres indefensas, acompañándolas después en la búsqueda de empleo o en el acercamiento a instituciones de protección.

Me ha conmovido particularmente el capítulo de Sándalo dedicado a Hijas de Galicia, que no solo rinde homenaje a esa institución única sino que pone también el foco en la emigración femenina en general. Porque, en esa gran historia de nuestros éxodos, lo habitual ha sido que las creaciones y sufrimientos de las mujeres se hayan visto sistemáticamente silenciados. A veces de forma deliberada para no concederles el protagonismo que merecen. Otras por descuido o, quizás, porque nuestros ojos han acabado por hacerse ciegos -hurtando así a la posteridad- al pequeño milagro que permite el fluir diario de la vida gracias a una mano que mece, un sabor que nutre, un traje que abriga, una voz que aglutina. Y no pocas veces también porque las propias mujeres se han convertido en las mejores maestras del ‘quitarse importancia’, enterrando aún más sus méritos y demandas, el lugar legítimo que les corresponde en una historia que, sin ellas, es apenas media historia. Sándalo las muestra, da voz y reivindica.

Llama la atención la fuerza con que esas Hijas de Galicia en Cuba defendieron, a capa y espada, unos derechos sociales y sanitarios imprescindibles para el sostén de la vida y el bienestar de sus comunidades. Y es que el libro muestra no solamente las indudables realizaciones sino, asimismo, las tensiones de poder de una organización gestada en beneficio de las mujeres pero, muchas veces, sin contar con ellas. Y, así, el relato no elude el desvelarnos las artimañas al uso, el clientelismo que inspiraba muchas decisiones o el tratamiento de las mujeres como un colectivo vulnerable incapaz de regir su propio destino. Pero también nos revela las notables luchas que ellas protagonizaron, casi siempre armadas con un extenso dominio de argumentos jurídicos y un apego estricto a la legalidad; luchas que ganaron en ocasiones y perdieron en otras pero que, en su acontecer, generaron una voz colectiva que se hizo escuchar y contribuyó a fraguar una red de servicios asistenciales que salvó vidas y sembró alegrías e inclusión, siendo precursora de nuestros sistemas actuales de previsión y salud.

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De izqda. a dcha: Angeles Sallé, M. X, Porteiro, Ramón Ónega, Consuelo Rumí, Alfonso S. Palomares y Pilar Pin

TIEMPOS, ESPACIOS E IDENTIDADES

Pero mi resonancia con Sándalo y su autora va bastante más allá de estos relatos y circunstancias. Tiene que ver con ese hilo sutil que conecta, a través de la migración, tiempos, espacios e identidades. Por eso su narrativa adopta la forma de saga, no podría ser de otra manera.

Las historias se conectan porque el migrante reside simultáneamente en el pasado y en el presente. Y así, aquel viaje que cualquiera de ellos –o de ellas- emprendió un día por amor, hambre o ansias de libertad no se quedó ahí sino que inauguró una cadena que ya nunca más dejará de tejerse, trascendiendo el tiempo para posarse en la cuna de las siguientes generaciones como una marca de nacimiento. Y su nueva luz acostumbra a brillar desde el principio entre la bruma de un recuerdo, de una nostalgia, de un deseo heredado. Luz y bruma, fuego y agua se funden así para celebrar, una vez más, el impulso vital del mestizaje. Como ha sucedido con la España del siglo XX, que ha parido en América -con América- una rica y abundante cosecha de generaciones mestizas de fronteras desbordadas y un ancho “corazón partío”. Hijos, nietas, biznietos que intercalan acentos, que aprendieron a bailar salsa y tango a la vez que pasodobles y muñeiras, que intervienen en la política latinoamericana y vibran con la Liga española y que son los depositarios del legado de sus mayores, de aquel billete de barco cuya ruta completa podrían recitar, el estribillo de una vieja canción aprendida de memoria siendo niños, una foto que el tiempo puso amarilla sin borrar su sonrisa, el baúl desvencijado lleno de trajes y muñecas rotas, un pequeño secreto, la cajita de fragancias, un dolor que no encontró olvido, un poema…

Por su lado, el allá y el acá lo que representa, casi siempre, para los migrantes es una distancia que duele. Detrás de alguien que se va hay quien espera, tras alguien que comienza una cadena otro hay que la continúa; padres, madres, hijos, pueblos, amigos cuyas vidas acaban embarcándose en el viaje o enganchándose al puerto de salida. Por eso el acá y el allá son territorios que se confunden pues conforman las dos esquinas de una misma familia, de una misma comunidad, a veces de una misma persona, que en ocasiones siente pertenecer a los dos lugares y en otras se interroga si acaso no pertenecerá ya a ninguna.

Con el nosotros y los otros sucede otro tanto porque, el hombre o la mujer que emigra, tarda bien poco en convertirse en ‘el otro’ en su propio lugar de origen y, pese a ser también diferente en el espacio que le acoge, se le van colando de él palabras, músicas, costumbres y afectos que termina –aunque no quiera- haciendo suyos. Y en ese complejo juego de pertenencias va diluyendo –asimismo sin pretenderlo- viejos conceptos y va creando –sin saberlo tampoco- una comunidad de identidades ensanchadas a punta de arduos recorridos interiores que dan sentido, sustancia y pluralidad al proyecto humano.

Yo creo sinceramente que una de las contribuciones más importantes y menos reconocidas de los migrantes a nuestra sociedad es que, con sus geografías, sus tiempos y sus vidas, cuestionan profundamente los paradigmas dualistas sobre los cuales construimos buena parte del pensamiento y la práctica social; en el caso que nos ocupa encarnados en los muros mentales que acostumbramos a levantar entre el ayer y el hoy, entre el acá y el allá, entre el nosotros y los otros. La vida de los migrantes rebate, como ninguna otra, esa falsa segregación mostrando lo que es la vida como tal: un flujo que transcurre y rebasa tiempos, espacios y señas cerradas de identidad. Un flujo siempre de a mitades, de acción y emoción, de territorios y tiempos que se conectan.

Por eso, las sagas migrantes como Sándalo tienen tanto sentido de futuro. Porque interpelan tanto al falso cosmopolitismo como a quienes suben muros y estrechan los cercos de la existencia, hipotecándola a la certeza de un lugar que no existe. Urge desvelar este tejido secreto que atraviesa la vida de tanta gente y que trasciende globalismos y localismos. Es verdad que nuestras voces flaquean, tal vez porque habla de historias que surgen de la pobreza y no tienen el brillo de las banderas de estirpes locales que se hunden en los siglos, ni tampoco el glamour de quienes han hecho de los aeropuertos su nueva casa. Pero tienen esos jirones de dualidad en los que se fundamenta la vida, esa vida que se nos esconde cuando nos empeñamos en escondernos de ella: mirar hacia adelante mirando tercamente hacia atrás, estar y no estar, ganar y perder, ser roca y espuma, amar y temer, ser uno, ser otro, ser nadie, ser todo.

Los migrantes, y sobre todo las mujeres, hemos de reescribir la historia, como lo has hecho tú, María Xosé, algo que nos hace deudores de ti.

No es baladí tampoco rescatar y compartir el disperso, pero muy valioso, legado migratorio que se encuentra custodiado en pequeños archivos familiares que guardan diversa documentación original (cartas, fotografías, relatos, recetas, cancioneros,…) cuyo valor humano, histórico y social es indudable. Se da el hecho de que esta información apenas se ha compartido ni se ha dado a conocer entre la opinión pública, cuando hoy Internet lo posibilita. Haciéndolo podremos construir los más vigorosos puentes que unen nuestras dos orillas, simbolizados en la poderosa figura de nuestras abuelas y abuelos, tal vez el mayor patrimonio común con el que cuenta la comunidad iberoamericana. Iberoamérica cimentada también desde abajo, desde las familias, las comunidades, las amistades, los amores, los abuelos, las nietas. Lazos micro con un gran corazón, que no requieren de explicaciones ni revelan asimetrías; he aquí una fuente impresionante para la acción política iberoamericana.

Necesitamos proyectar Sándalo, sacándolo de tiempos pretéritos y geografías limitadas, porque su mensaje es universal. Necesitamos mucha más literatura, cine y arte migrante. Mucha más diplomacia cultural basada en la fuerza de nuestros éxodos. Mucha más política en dos orillas. Y mucho más internet poblado de nuestros trasiegos, aventuras y saberes, cargando la red de velas deshilachadas y cartas de viaje que nos recuerden que ser migrantes es el único destino.

Termino, como comencé, con el relato de mi mundo chiquito. Un relato en el cual la Galicia Americana estuvo al principio, en medio y, también, en la actual estación de mi vida. Porque me hace feliz contarles que, al emparejarme hace algunos años con un argentino, pasé a ser rebautizada -ahora sí genuinamente- como “LA GALLEGA”.

Muchas gracias.

 

ÁNGELES SALLÉ ALONSO es, desde octubre de 2018, la directora del Observatorio Nacional de Telecomunicaciones para la Sociedad de la Información (ONTSI), dependiente del Consejo de Administración de Red.es. Es la primera mujer que ocupa este cargo. María Ángeles Sallé Alonso es doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Valencia, licenciada en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y Máster en Igualdad y Género en el ámbito público y privado por la Universidad Jaume I de Castellón. Hasta ahora y desde 1996 ejercía como directora de la consultora Enred, dedicada a la ejecución de programas y proyectos de desarrollo socioeconómico.
Preside, asimismo, la Fundación Directa, dedicada a promover nuevas agendas de desarrollo humano y convivencia social. También ha sido directora general del Consorcio Salamanca Emprende (1995-1996), directora de Promoción y Asistencia Técnica de la Fundación para la Formación Continua –actualmente Fundación Estatal para la Formación en el Empleo– (1993-1995), asesora del gabinete de la ministra de Asuntos Sociales (1990-1993), responsable del Área de Empleo del Instituto de la Mujer (1987-1989), coordinadora de Programas del Centro de Información de los Derechos de la Mujer en Asturias (1985-1986), responsable adjunta de la Secretaría Confederal de la Mujer y de la Secretaría Confederal de Formación y Cultura de Comisiones Obreras (1980-1985) y socióloga del Gabinete Técnico de la Federación de la Construcción de Comisiones Obreras (1978-1979).
Ha realizado, asimismo, labores de consultoría internacional para distintos programas de Naciones Unidas, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe, el Banco Interamericano de Desarrollo o el Sistema de Integración Centroamericana, entre otros.

Comentario crítico sobre Sándalo no Faro de Vigo, de Francisco Martínez Bouzas.

No suplemento cultural do Faro de Vigo, Faro das Letras, do 20 de xuño pasado,  Francisco Martínez Bouzas publicaba este comentario crítico sobre a miña novela Sándalo. Quedo agradecida.

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Jaque mate

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Mª XOSÉ PORTEIRO 

El PSOE confirmó el jaque mate iniciado con las elecciones generales. En las europeas, recupera el liderazgo en un momento crucial para el futuro de la Unión y se confirma como referente de los partidos socialistas europeos. En España, Ciudadanos deja de ser la opción necesaria de un centro variable; Vox es incapaz de salirse de la herencia franquista; y el PP no tiene más salida que refundarse: Gabilondo presidiendo Madrid es el golpe de gracia definitivo.

En Galicia, Vigo va para el Guiness, tanto por la irresistible ascensión de Abel Caballero como por la caída estrepitosa de Elena Muñoz (¿a qué espera para dimitir?).

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En Santiago se produce el milagro de Lázaro con la reaparición del socialista Sánchez Bugallo.

En Ourense, el paso del PP a tercera fuerza obliga a una lectura en clave local y diputacional.

Lugo es un grito de esperanza para el BNG, que sigue muy lejos de la excepción pontevedresa. A Coruña nos traerá a su primera alcaldesa, tras recuperar esa parte de la izquierda que abandonó al PSdeG hace cuatro años… Y Ferrol ofrece el fracaso absoluto de un líder -y de su formación- reducidos a la nada, extrema manifestación del fiasco de fórmulas nacidas de los indignados del 2014.

«Unha mestra de Mondoñedo promoveu a atención a galegas prostituídas en Cuba» Andrea Lopez Chao aparece na novela «SÁNDALO», de María Xosé Porteiro

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LUGO / LA VOZ 

 

Sostén María Xosé Porteiro que escribir é terapéutico. Ela leva facéndoo toda a vida. Como xornalista e como escritora. Sándalo, a súa segunda novela, unha obra «con corpo de relato estimulante dos sentidos e dos sentimentos», acaba de ver a luz e onte presentouno na cidade de Lugo, en Trama. Alí estivo acompañada da artista plástica Luz Darriba, do xornalista Martín Fernández Vizoso e do director xeral de Galaxia, Franciso Castro, o home que empurrou a Porteiro a converter nun libro historias que xa estaban na súa mente e na súa vida. «Francisco é o pai por poderes desta novela», asevera.

-Que é «Sándalo»?

-«Sándalo» é unha novela de ficción histórica que transcorre no decurso de dous séculos entre Cuba e Galicia. Estamos falando dunha relación transatlántica no tempo e no espazo. Ademais de fitos históricos, contén esa parte sociolóxica de Galicia que é a da diáspora, a migración. Unha vez que vin a novela escrita, que non era o meu propósito, decátome de que hai unha homenaxe ao inmenso traballo feito por milleiros de homes e mulleres nosos que fixeron unha auténtica epopea durante máis dun século axudando a construír unha sociedade nova lonxe da súa, pero sen perder os vínculos, e que xa temos incorporado. Galicia non sería a Galicia de hoxe se non existise a Galicia de ultramar.

-Di que non era o seu propósito escribir a novela.

-Eu son emigrante e proveño dunha familia na que as migracións a América comezaron no século XIX. Temos mil historias contadas arredor dunha mesa e dun café que levo toda a vida escoitando. É algo moi presente na miña vida, na miña forma de entender o lugar onde estou. A revolución cubana pilloume alí, teño moitas vivencias desa época e o que fixen foi novelalas, pero a novela comeza en 1823, e daquelas non estaba alí (risas). Hai unha parte que ten moito que ver con vivencias reais noveladas.

-«Sándalo» é unha colección de pequenas historias que se suceden ao logo de dous séculos?

-En Sándalo hai o que te atopas na rúa, multitude de persoas diversas que coinciden e conflúen ou que van en paralelo vivindo as mesmas situacións. Ten unha estrutura non canónica, é unha novela que podes comezar a ler por calquera dos capítulos e en calquera momento vas atopar o fío que a une. Non é principio, nó e desenlace. Todo flúe de maneira aparentemente anárquica e todo ten unha lóxica.

-Na obra poden atoparse protagonistas da Fonsagrada, de Ribeira de Piquín,… por que?

-A Galicia que me inspira é esta, é a da miña familia, que é de Pol, de Ribeira de Piquín, sigo tendo moita familia aquí, e esta é a Galicia coa que contacto na miña nenez cando vou a Cuba e tamén cando retorno, aínda que vivo en Vigo. As historias que me conta miña avoa son as do nacemento do Pedragal do Irimia. É unha raíz moi lóxica para min. Ademais, despois da zona de Ortigueira, esta comarca de Lugo e da Mariña foi a que máis xente mandou para alá.

-Na súa novela aparecen personaxes que foron reais?

-Si, pero non polo seu nome. Si aparece a directora do Plantel Concepción Arenal do Centro Galego da Habana, Andrea López Chao, que é unha mestra de Mondoñedo que queda viúva e marcha para Cuba a principios do XIX ela soa. É unha muller de tal inquedanza persoal e tal personalidade que, por oposición, consigue a praza de directora do Plantel. É ela quen promove a creación do centro Hijas de Galicia para atender a mulleres prostituídas galegas que moitas acaban na cadea, outras necesitaban atención médica… É o único caso que existe no mundo de mulleres emigrantes en situación de prostitución que se organizan para prestarse axuda mutua.

-Pode dicirse que «Sándalo» vindica o feminismo?

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-As mulleres emigrantes, que eran o 15 % da masa migratoria no momento de maior fluxo, nas dúas primeiras décadas do século XIX, estiveron totalmente opacadas, non se falou delas. O feito de que moitas foran traficadas é en moitos casos segredo de familia que ninguén quere recordar. Pero eu si. Paréceme moi importante porque están na historia, non na oficial, pero si na real. É un xeito de ser veraces e de entender que si se empoderaron cando as que conseguiron salvarse e axudarse unhas a outras se constitúen nun centro de gran relevancia. Hijas de Galicia foi o centro obstétrico máis importante de América Latina do século XX e participou nos primeiros congresos feministas de Cuba. Isto forma parte do contexto literario, pero é realidade.