FRANCISCO: gira papal para reavivar la fe (reflexión sobre el Papa en Latinoamérica)

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El papa Francisco saluda a su llegada para celebrar la misa del domingo 12 de julio de 2015, en “Ñu Guazu”, una base militar en Asunción (Paraguay). Francisco celebró una misa multitudinaria que cerró su gira por Latinoamérica en la que también visitó Ecuador y Bolivia.

http://eltiempolatino.com/news/2015/jul/15/francisco-gira-papal-para-reavivar-la-fe/

El Tiempo Latino (The Washington Post, en español)

15 de Julio de 2015

Texto: María Xosé Porteiro / Fotos: Alfredo Duarte Pereira

EL PAPA DEL NUEVO MUNDO

La visita del Papa a Ecuador, Bolivia y Paraguay para “reavivar la fe” de los católicos, adquiere un especial relieve porque supone apoyar a una Iglesia latinoamericana, lastrada por las restricciones doctrinales de papados anteriores. Parece llegado el momento de recuperar la esencia de la Teología de la Liberación, resucitada, cual Ave Fénix, por un Papa que ya en su visita a Brasil mostró indicios de un sesgo pontifical totalmente renovado.

Este viaje se produce en un momento de caliente actualidad para la figura de Jorge Bergoglio, el cardenal argentino que llegó al papado para colocar a la Iglesia en el siglo XXI.

Algunos medios le llaman el Papa del nuevo mundo, reflejando certeramente su procedencia aunque, probablemente, lo que en realidad pretenda y ansíe es ser el Papa del mundo nuevo, con una iglesia renovada y preparada para afrontar el cambio de ciclo que vive la Humanidad.

No estamos ante una elección casual. Según el Latinobarómetro, en menos de dos décadas en 18 países latinoamericanos, los católicos pasaron de ser el 80% al 67% de la población. La diferencia se fue a favor de los evangélicos.

Para situar a este Papa reformador, humanista, anticapitalista y ecologista, que se inspiró en Francisco de Asís para escoger su nombre, vemos como a sólo dos años de su llegada al Vaticano ha conseguido concentrar en su figura, y sobre todo en sus hechos, una extraordinaria atención.

A nadie deja indiferente. Acabamos de conocer su Encíclica Laudato si’, sobre la cual el articulista español Ramón Rouco decía en El Digital de Tenerife que “pone de relieve el rotundo cambio que ha supuesto que el cardenal Bergoglio sea el Pedro del siglo XXI.

Los sectores más conservadores están muy preocupados por el contenido netamente ecologista de la mencionada encíclica. No existe vuelo papal sin declaraciones rompedoras, llenos de un sentido crítico y ético, impropio de la anquilosada Iglesia Católica”.

La frescura y renovación de sus mensajes es el mayor estímulo para generar un interés generalizado hacia las nuevas ideas que salen de esa factoría vaticana que es el cerebro y el equipo de colaboradores del nuevo Papa.

Recientemente supimos de su trascendental intervención en el nuevo escenario de normalización de relaciones entre EE.UU. y Cuba, antes de la última Cumbre de las Américas. Aquí vemos al estadista que sobresale por su enorme influencia y capacidad de concordia para unas relaciones internacionales necesitadas de sensatez y generosidad.

No estamos ante la primera ocasión en que su mano se percibe, con la discreción precisa, ayudando a resolver desencuentros, pero en este caso concreto —como en su firme interés en la finalización del conflicto entre Israel y Palestina— afronta la tarea hercúlea de ayudar a derribar muros inabordables, con la fuerza de sus convicciones, fe en la propia capacidad y una buena voluntad que se muestra siempre inquebrantable.

Sabe que es muy complicado modificar realidades sin la capacidad de variar voluntades.

Nada puede ser igual para la Iglesia a partir de esta nueva etapa. Francisco lo ha comprendido como nadie y a ese mundo nuevo donde las relaciones humanas tienen nuevos medios para socializarse, se dirige con todos los recursos a su alcance, tanto desde el balcón de la Plaza de San Pedro, la cabina de los aviones en los que realiza sus viajes oficiales acompañado por periodistas o las redes sociales.

El manejo de los medios, particularmente con el uso incansable que hace de su palabra escrita en exhortaciones y encíclicas, y continuando con el ir y venir de confirmaciones y desmentidos con mensajes atribuidos a él que incendian las redes e incluso a medios más convencionales, es inteligente y moderno. La elección de los mensajes es cualquier cosa menos arbitraria.

Pero Francisco no renuncia al contacto directo. En esta visita a América Latina hay millones de personas asistiendo a las misas que celebra en Ecuador, Bolivia y Paraguay, muchas de ellas al aire libre. Sólo en Ecuador le han recibido más de un millón de personas y tendrá el caluroso recibimiento del presidente Correa que se confiesa católico.

La visita a Bolivia es histórica, no sólo en el aspecto religioso, pues algunos medios próximos al gobierno de Morales confían en su intercesión ante Chile para buscar una salida al mar reivindicada históricamente.

Por último, Paraguay, país hacia el que ya demostró una especial sensibilidad en Argentina, preocupado por la situación de la numerosa y empobrecida emigración que busca una salida vital en la nación del cono sur.

Pensando en Juan Pablo II, sus gestos colmaban los medios de noticias aunque su mensaje no tuvo la ambición de modificar el rumbo de la Iglesia e incluso recuperó formas y maneras de épocas que se creían superadas.

Aunque no dinamizó a la Iglesia católica, supo situarla en los medios y su presencia se hizo normal en los noticieros de todos los países, pero sin propiciar el debate de contenidos ni desde el propósito de despertar conciencias. Fue un regreso a la ortodoxia, no a la heterodoxia.

Francisco también tiene continente. Pero, sobre todo, tiene contenido. Es su gran catequesis. No reza sobre los Salmos en sus discursos. Por el contrario, realiza constantes alusiones a temas actuales y candentes.

Ya no es tiempo de sermones sino de transmitir emociones. Llama a la dignidad del ser humano, a la humildad de la Iglesia, a reconstruir puentes entre diferentes y aunar voluntades en pro de una justicia social que restituya a los descartados, a favor de una equidad que sitúe a la ética como pasaporte a ese mundo nuevo.

Si Juan Pablo II será recordado por haber sido el símbolo de la desaparición del Telón de Acero y el desmantelamiento del comunismo al ser el primer Papa procedente de un país de la órbita soviética, posiblemente Francisco pase a la posteridad como el Papa que luchó contra los males de un capitalismo convertido en el gran Becerro de Oro ante el que se encuentra postrada la Humanidad.

Será el Papa que intentó acoger en la Iglesia a esa mayoritaria parte de seres humanos proscritos por unos prejuicios que sólo favorecieron el languidecimiento de la comunidad católica.

Quizás sea recordado como el Papa que defendió a ultranza los derechos humanos.

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Porteiro es escritora y periodista.

maria.xose.porteiro@gmail.com

https://mxporteiro.wordpress.com

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